La pregunta por la administración

juan manuel silva camarena
2010

 

Ponencia publicada en las memorias del XV Congreso Internacional de Contaduría, Administración e Informática, organizado por la División de Investigación de la Facultad de Contaduría y Administración de la Universidad Nacional Autónoma de México / Asociación Nacional de Facultades y Escuelas de Contaduría y Administración, realizado del 6 al 8 de octubre de 2010, en Ciudad Universitaria. 

 

Resumen

 

Después de advertir una relación negativa entre la administración y el ser del hombre, emprendemos la búsqueda de una vinculación positiva. Para este fin es necesario plantear la  pregunta por la administración, pero al intentarlo notamos que el ser de la administración permanece oculto. Primero pensamos que la administración quedaba encubierta por la misma praxis —práctica y teórica— de la administración; pero después de un giro de la investigación descubrimos que definitivamente la naturaleza humana no es algo ajeno a la estructura misma de la administración. De este modo pudimos finalmente formular el hallazgo en una tesis precisa: “es imposible plantear y responder de modo consistente la pregunta por el ser de la administración sin relacionarla directa y explícitamente con la naturaleza humana”. Así queda despejado el camino para formular rigurosamente la pregunta por el ser de la administración.

 

TESIS

Con el fin de establecer una discusión académica respecto al contenido de nuestro trabajo presentamos ante este selecto grupo de participantes del XV Congreso Internacional  de Contaduría, Administración e Informática la tesis que formulamos de la siguiente manera:

 

Es imposible plantear y responder de modo consistente la pregunta por el ser de la administración sin relacionarla directa y explícitamente con la naturaleza humana.

 

INTRODUCCION

Antecedentes

1. Descubrimos lo que concebimos como un desgarre interno en la administración: jalonada al mismo tiempo hacia la profesionalización y hacia la cientificidad.  
2.   Encontramos una relación negativa entre la administración y la naturaleza humana.

 

Ninguna justificación especial se necesita para plantear una pregunta. La cacería de razones1 emprende su aventura de modo espontáneo frente a la escasez o carencia de explicaciones, acerca de lo que sucede o en torno a lo que está ahí frente a nosotros2.  Eso sí: las razones que ofrece el investigador tienen que estar bien fundadas, o sea enteramente justificadas. Ahora bien, la pregunta que planteamos interroga por el ser de la administración, y esperamos reunir buenas razones para sostener nuestro discurso. 

 

En el 2003 exploramos el modo en que la administración se desgarra al ser jalonada; por un lado, hacia la profesionalización, y por otro, hacia la cientificidad3 internamente.  En el 2006 intentamos mostrar una relación de la administración con la naturaleza humana, en la que ésta queda  menguada o empobrecida negativa cuando la administración es secuestrada por intereses de las organizaciones que agravian la dignidad humana. La tesis que mantuvimos en nuestra conferencia sobre administración y naturaleza humana fue la siguiente:  “Cuando la administración se desvincula del todo humano esencialmente comunitario que le da origen y al cual constitutivamente pertenece, queda reducida entonces a un mero instrumento técnico al servicio de la ordenación y el manejo de comunidades artificiales llamadas organizaciones.  Ahora bien, en el seno de éstas tiene lugar una deformación de la naturaleza humana, individual y comunitaria, mediante la creación de una forma de existencia igualmente artificial que cobra vida bajo la categoría de una membrecía, la cual transforma al individuo-de-la-comunidad en un anónimo miembro-de-la-organización. Como puede advertirse con facilidad, se trata de dos cosas muy diferentes. La modificación del ser del hombre que impone la organización implica una mutilación de la conducta humana (auto conducida y autónoma) al engranarlo en las funciones que dan vida al mecanismo organizacional. El hombre-función-de-la-organización, o el hombre-organización que resulta de esta modificación de la naturaleza humana tiene que ser reconocido como un producto esencial de las organizaciones y su administración si quisiéramos ponderar la posibilidad de restablecer el ser del hombre, el de la comunidad y el de la administración”4.

La cosificación del hombre,  aún siendo algo familiar, es algo terrible. Aunque no sea con  las manos —como se manejan las cosas— la administración de organizaciones deshumanizadas usan5 al ser humano y para ellas  no pasa de ser una cosa en lugar de una persona. Sin ningún decoro y a sabiendas de que el adjetivo es incapaz de restituirle nada de lo que estas organizaciones, de carácter mercantil,  le han arrebatado, simplemente le llaman capital humano. Pero el hombre es una persona humana y no se gana nada respeto de su propia naturaleza cuando se afirma que no es cabalmente una cosa sino una cosa especial6.

 

Propósito

3. Buscamos una relación positiva entre administración y el ser del hombre, y por esta razón en esta ponencia exploramos la posibilidad de plantear correctamente la pregunta por el ser de la administración.

El asunto de lo que le puede pasar al ser humano en las organizaciones debe ser tomado en cuenta. En modo alguno es una cuestión que deba abordarse al final o no notarse en la praxis (práctica y teórica) de la administración7. Descubrimos ya la presencia de un vínculo negativo entre administración y naturaleza humana. Ahora consideramos como algo perfectamente posible el hallazgo de  una conexión positiva entre una y otra, estableciendo o  restableciendo quizá una relación más originaria.  Podemos suponer, sin un argumento en contra que pudiera debilitar nuestro planteamiento, que en lugar de construir una administración artificialmente humanista8 es menester encontrar o rencontrar al hombre mismo por debajo de cualquier trabajo administrativo y colocarlo definitivamente por encima9

 

 

EL PUNTO DE PARTIDA

 

4. Con el fin de hallar una relación positiva entre administración y naturaleza humana,  planteamos primero esta disyuntiva: “O toda administración es producto de las organizaciones, y ésta le impone su carácter esencial; o la administración tiene siempre una base humana originaria y decide la constitución y el curso de las organizaciones”. 

5. Para escoger la alternativa correcta es necesario, sin embargo, averiguar a fondo lo qué es la administración, planteando de modo correcto la pregunta por su ser.

 

La situación desde la que parte la investigación podría formularse mediante una disyuntiva, la cual, sin otro juego lógico, nos obliga a optar por una cosa o por la otra: o toda administración es producto de las organizaciones, y ésta le impone su carácter esencial; o la administración tiene siempre una base humana originaria y decide la constitución y el curso de las organizaciones.  Pero para identificar la alternativa correcta es preciso contar con la respuesta a la pregunta por el ser de  administración, ala que vamos a llamar aquí la pregunta esencial. No hay otra forma  de tomar una decisión racional, capaz de desdeñar el azar de las apuestas.

Se necesita, pues, plantear la pregunta esencial  con el fin de poder pensar más claramente las circunstancias en  la que en general se encuentra el hombre respecto a ella. La relación negativa, la que hemos descrito brevemente en el resumen de nuestra conferencia de 2006 es incapaz de impedir y más bien promueve con apremio la indagación  de una vinculación originaria entre administración y el ser humano. 

El paso siguiente, tiene que emprender la búsqueda del ser de la administración, aunque a primera vista tome el aspecto de un desatino,  un despropósito o un anacronismo. En nuestro tiempo, debido a la enorme influencia de las actitudes utilitarias de quienes a toda costa quieren saber qué hacer con las cosas en lugar de entenderlas, no son bienvenidas las preguntas por lo esencial. La educación de hoy no alcanza a contrarrestar el avance del utilitarismo, que incesantemente tiza el afán de aprovechamiento para que arda más, pase lo que pase.

 

APROXIMACION AL PROBLEMA

6. No basta con examinar las definiciones y los modelos de administración propuestos a través de su historia para investigar a fondo lo que es la administración; unas y otros representan ideas acerca de la administración,  buenas o malas; nosotros buscamos lo que debajo de ellas actúa como fundamento.    

 

La pregunta que queremos formular es la que busca revelar el ser de la administración, Salvo nuestra propia ineptitud para llevarlo a cabo, nada debía oponerse a nuestro empeño desinteresado. No obstante, que como algo ajeno a nuestra voluntad, se nos vienen encima, como para desalentarnos, una gran cantidad de “respuestas” para nuestras preguntas en la forma de modelos, manuales y guías de administración, listos para poder ser utilizados en la práctica inmediatamente. Este alud de cosas parece darnos a entender que no hay nada en común por debajo de su aspecto variopinto y multiforme, excepto el hecho liso y llano de que todas  sirven para administrar.  La libertad de que echaron mano sus autores para poder elaborar modelos y manuales de modo tan prolijo es algo que puede llama la atención10, pero no se trata examinarlo ahora.  

Si volteamos a ver otros quehaceres humanos podemos hallar algo similar a lo que sucede en el campo de la administración. Por ejemplo, en el terreno de la psicología son tantas las teorías  y las propuestas psicoterapéuticas que se encuentran en el mercado   —sin tomar en cuenta a las que de un día para otro aparecen en el sacro espacio de las novedades—,  que uno abandona sin más la pretensión de estar a día. Y lo que es peor  —quién sabe si mejor—, se le quitan a uno  las ganas de dar rienda suelta a las neurosis propias y a otras cosas que pueden ser más graves.  Lo mismo si miramos los productos de la técnica y los artefactos de la tecnología que si nos paramos imprudentemente  en medio de la abundancia de informaciones que nos trae a casa la red informática mundial,  el efecto es inevitable: mareados y con el rostro de quien ha sido vencido con alevosía y ventaja  —o sea a traición y sobre seguro—,  nos resignamos,  ¿como Dios manda?, y sin más ambiciones adoptamos para vivir dos o tres ideas cuando mucho11.

 

7. Para comenzar a plantar la pregunta por el ser de la administración necesitamos hallar una vía de acceso a su naturaleza esencial. Pero en lugar de esto comenzamos a notar que su ser, por ahora desconocido, aparece borrosamente, como algo que por estar escondido no podemos identificar claramente.

No nos faltan, pues,  ideas para la administración12; sin embargo, carecemos de una respuesta que pueda permanecer con cierta firmeza mientras los modelos cambian, envejecen y vertiginosamente se les sustituye por otros con la bendición positivista de la actualidad13. Y podemos suponer, dicho sea de paso, que cambia más pronto su presentación —y el correspondiente aderezo— que su contenido real. Cambio que en la mayoría de las veces no obedece, obviamente, a una superación dialéctica de los modelos existentes, avanzando en el conocimiento,  y por tanto, puede coexistir el nuevo con el otro que,  gracias a su novedad, se convirtió en viejo.

Tampoco nos faltan definiciones o intentos de formularlas14, ni exploraciones en torno al perspectivismo, negativo por degenerar en una selva, que descubre Harold Koontz al examinar las escuelas de administración15. Si sólo quisiéramos tener una noción de lo que es la administración podríamos adoptar la definición de Claude George: “es el proceso de fijar y lograr objetivos influyendo sobre el comportamiento humano,  dentro de un medio ambiente apropiado”16, o la caracterización de sus funciones principales que George R. Terry presenta en la quinta edición, en inglés, en 1971, de su libro sobre administración: “Estas cuatro funciones fundamentales de la administración: planeación, organización, ejecución17 y control o vigilancia constituyen el proceso administrativo son los medios por los cuales (debía decir a través de los cuales)18 administra un gerente”19. En la sexta edición, de 1972, el autor reformula la definición que acabamos de mencionar: “La administración es un peculiar proceso de planificación,  organización, puesta en acción y control ejecutado para realizar, mediante el uso de seres humanos y otros recursos, determinados objetivos”20.

La definición de Koontz parece diferente a las demás: “La administración se define como el proceso de diseñar y mantener un ambiente en el que las personas, trabajando en grupos, alcancen con  eficiencia metas seleccionadas”21. Pero el mismo autor, en seguida,  la desglosa en las conocidas funciones administrativas descritas por Henri Fayol: planeación, organización, integración de personal, dirección y control22

Pero lo que nosotros buscamos no es una definición, que groseramente y con descortesía diera a entender que las que hay no son correctas, sino algo más que debe funcionar como conditio sine qua non23 de toda praxis administrativa (práctica y teórica)24. Consideramos que este estatuto ontológico fundamental puede surgir a la vista como resultado de un planteamiento correcto de la pregunta por el ser de la administración. Pero es menester, bajo cualquier circunstancia, hallar un camino que nos permita acceder a lo buscado, y en verdad no importa que esa vía pase por las definiciones de la administración o vaya a parar directamente a ellas. 

8. El ser de la administración, aún desconocido por nosotros, no puede pensarse como la suma de los distintos modelos de administración y las prácticas administrativas, ni como algo que aparece en una unificación del pensamiento administrativo.

El ser de la universidad no está formados por las partes de los edificios que ocupa. En otro sentido, una nariz, una boca, y dos ojos —y lo demás que haga falta— no dan lugar a rostro humano. Ahora bien: la suma de los saberes no nos da tampoco un saber superior o un super conocimiento. La acumulación de definiciones o caracterizaciones de la administración no produce su ser ni nos permite comprenderlo de un modo espontáneo. Es preciso descubrir un espacio o ámbito donde aparezca esta dimensión ontológica de la administración que buscamos.

Suponiendo que la “la jungla de la administración” de la que habla Koontz pudiera concebirse correctamente  como una confusión y lucha entre seis  —ahora once— escuelas debido a que cada una de ellas no mira en la administración sino lo que le permite ver las percepciones de sus especialidades”25 —como la famosa coloración del cristal con que se mira—,  la idea de unificación de la teoría de la administración y la aglutinación de las perspectivas, que de seguro ganaría la aprobación espontánea de los partidarios de la globalización26,  podría tal vez empobrecer más que enriquecer la comprensión y la práctica administrativa. Ni la decisión de Henri Bergson de concentrarse en la intuición que capta el ser de la cosa para huir de la parcialidad de las perspectivas, que como fotografías parciales de la realidad la falsean al fijarla en la inmovilidad de los conceptos;  ni el perspectivismo orteguiano27, según el cual la imagen verdadera de cada cosa se logra por medio de la reunión de  las perspectivas que se van descubriendo sólo a través de la historia, atinan a dar razón de la diversidad de puntos de vista objetivamente justificados. La opinión personal se atiene a lo que cree el sujeto, pero la opinión fundada en lo que es el objeto mismo queda atada a la realidad, y ésta es siempre la que tiene la última palabra.       

9. Lo que oculta el ser de la administración, aún desconocido por nosotros, no lo vislumbramos como un mero prejuicio  (que  la  menospreciara como una práctica que no reclamara investigación alguna acerca de su naturaleza), ni como una peculiar dificultad  de conocimiento.

Porque los hombres prácticos no pueden comprender en la Grecia de la antigüedad  la aparición de una nueva forma de praxis que permite comprender a todos los seres humanos como entes cuyo ser es praxis, la acción teórica permanece hasta nuestros días como algo sospechoso y finalmente inexplicado para el sentido común. Hay hombres prácticos alérgicos a la especulación del saber teórico; y también hay quienes realizan actividades científicas bajo el supuesto —evidentemente infundado— de que han alcanzado una altura existencial que les da derecho a  despreciar lo práctico simplemente porque es práctico. Ambas actitudes terminan  por rechazarse recíprocamente y no parece haber un modo eficaz de poner a cada uno en su lugar, de modo que la soberbia de unos tiene que coexistir con la autosuficiencia de otros. 
  
Por otro lado, con excepción de lo que la razón misma identifica como algo de lo que no puede dar razón en modo alguno catalogándolo como misterio, todo ente real, por ser tal, promueve, en tanto objeto de conocimiento, la misma oportunidad y necesidad de descubrimiento; o sea, que se presenta a sí mismo como algo cuya razón de ser y de cambiar está al alcance de las razones de la razón. Todo lo real, por su racionalidad,  es susceptible de conocimiento28.  

 

IDENTIFICACIÓN DEL PROBLEMA

10. Al llegar a este punto estamos en condiciones de reconocer la ocultación del ser de la administración  como un verdadero problema para nuestra investigación.

Si concentramos nuestra atención en lo que a nuestro juicio importa nos encontrarnos cara a cara con un verdadero problema. El problema aparece primero como un simple obstáculo para la marcha del conocimiento, y poco a poco se va configurando como una dificultad cuya naturaleza debe describirse y explicarse. El problema de conocimiento simplemente es algo que carece —hasta el momento— de explicación fundada en el fenómeno mismo; en cambio, el problema para el conocimiento es una dificultad para hallar o construir una explicación. El misterio, por el contrario, no admite explicación alguna.

El ser de la administración, como algo esencial que permite diversas manifestaciones de esta forma de praxis, aparece como algo encubierto. En otras palabras: existe de hecho una gran cantidad de textos de administración que indudablemente la contienen;  y sin embargo,  al mismo tiempo  la ocultan. Este es el problema que aquí tenemos que superar.

Este obstáculo no se deja disolver con facilidad. ¿Qué es lo que desempeña el papel de lo-que-oculta y qué es lo-que-se-oculta29? ¿Qué es lo que no nos deja ver a través de la sombra del ocultamiento? Por supuesto: debido a la ocultación misma no lo podemos averiguar. Pero sabemos que algo se oculta, porque en la medida en que la acción administrativa (teórica y práctica) no agota ni exhibe todo lo que es la administración, es posible conjeturar que entre lo variado de su contenido algo queda encubierto.      

11. La situación teórica de nuestra pesquisa reclama la pregunta más obvia: si el ser de la administración se halla oculto, ¿qué es lo que lo oculta y por qué razón se efectúa la ocultación? 

La pregunta por la administración, que parecía al principio sólo una simple solicitud de   definición se ha transformado en una cuestión más compleja.  ¿Qué es lo que hace posible la praxis administrativa?  La sospecha de que hay algo que permanece por debajo de los cambios —para utilizar un esquema filosófico antiguo30—, nos obliga a formular esta pregunta: si algo efectivamente se oculta, ¿cuál es  la razón del ocultamiento? No obstante, es  probable que no se pueda descubrir la causa, aunque encontremos lo que se oculta.

Una pregunta es el siempre el motor principal de la investigación. Investigar es preguntar, aunque no pueda hallarse la respuesta que se busca. La investigación queda más cumplida por las preguntas que por los hallazgos. Pero una pregunta que no representa por sí misma un auténtico impulso de averiguación y la decisión genuina de atrapar las razones de lo real  es sólo una pregunta retórica, que puede ser útil para la enseñanza y el aprendizaje pero resulta inútil para la investigación. 
  
Cuando parece que la razón se para por sí misma, es muy probable que la cuestión esté mal planteada. Por lo pronto la pregunta por el ser de la administración no puede responderse mediante definiciones de lo que es la administración, modelos de administración o prácticas administrativas.  Lo que la administración es radicalmente no aparece en estas formas del trabajo administrativo. 

 

UNA SOLUCION APARENTE

 

12. El primer intento de solución lo ensayamos mediante la idea que se expresa diciendo: “Los árboles no dejan ver el bosque”.  

 

Expresiones diversas de sabiduría popular suelen prestar un buen auxilio al trabajo de investigación. Este es el caso de la frase conocida de que los árboles no dejan ver el bosque. En lugar de atajar el supuesto poder intuitivo de una frase como esta, diciendo enfáticamente que los árboles no están para hacer visible el bosque sino para constituirlo, caemos inmediatamente en el influjo de su atractivo. 

En efecto, nos rendimos frente al poder de esta frase de que los árboles no dejan ver el bosque porque nos seduce pronto la posibilidad de utilizarla pronto y con eficacia. Por ejemplo, podemos decir que los cabellos no dejan ver la cabeza, que los libros ocultan la biblioteca, que los automóviles no permiten ver el tráfico, etcétera.  La paradoja encerrada en la frase atrapa por presentar como verdadero algo inverosímil.

13. Si efectivamente “los árboles no dejan ver el bosque” se puede afirmar,  por analogía, que la administración queda oculta, cuando menos parcialmente, tras la misma praxis administrativa (práctica y teórica) que ella hace posible. 

Es posible que los productos de la praxis administrativa impidan advertir el ser de la administración31. Sin embargo, consideramos que el ser de la filosofía, por ejemplo, no ha quedado oculto tras los diversos productos teóricos que origina (propuestas teóricas de ética, ontología, estética, filosofía de la ciencia, antropología filosófica, etcétera, etcétera). Por este camino no parece que podamos llegar a un buen resultado, y podríamos más bien ir a  parar a una teoría disparatada.  

14. La paradoja encerrada, producida o promovida por la expresión de que “los árboles no dejan ver el bosque” promueve en el pensamiento una cierta inquietud, pero ésta no necesariamente lo hace avanzar.   

Examinamos la paradoja de que  la administración pueda quedar  oculta tras eso que ella hace posible y reparamos en el hecho de que los árboles quedan perfectamente vistos en el conjunto de árboles que llamamos bosque, que “bosque” es la palabra con la que nombramos correctamente al conjunto de unos árboles, su totalidad, y que por tanto,  es algo de poca significación el hecho innegable de que un árbol pueda tapar a otro, el otro al de más allá, etcétera.  Una paradoja dice lo contrario de la opinión común, y hay algo en ella que produce en la mente una especie de corto circuito que por instantes la paraliza.  La afirmación de que “los árboles no dejan ver el bosque” no relampaguea menos que la que dice “Epiménides  es cretense y afirma que todos lo cretenses mienten”.  

15. Una paradoja desarticulada no tiene que ser algo inútil para la investigación. 

Si efectivamente en el bosque aparecen los árboles, éstos no ocultan su propia esencia ni la del bosque, podemos volver a esta idea: en la misma praxis administrativa (práctica y teórica) está el ser de la administración, pero es preciso encontrar un modo de ponerlo a la vista. Ahora bien, el modo de ver lo que son las cosas es planteando la pregunta por su ser, pero la interrogación, cuando su extraña función es exitosa32,  no produce su ser, sólo lo trae al lenguaje, exhibiéndolo en palabras.

 

16. Falta un productor inmediato de las cosas.

El demiurgo de que habla Platón crea las cosas33, de un modo similar al Dios del cristianismo34. Pero la liberación o independencia de los productos humanos respecto a su productor es un supuesto que carece de fundamento, una falacia o simplemente una ilusión.  Es lo que la imaginación construye, en la película de “El aprendiz de brujo”,  cuando la ineptitud del alumno de magia deja que las cosas cobren vida propia35. Detrás de los productos del hombre está permanentemente el hombre;  les otorga sentido; los examina, los comprende, los adopta, los reconstruye, los imita y los atesora como productos de la cultura, lo cual equivale a decir  como productos de su propia naturaleza. El hombre es lo que hace, el ser humano es su obra36.

16. Los productos que aparentemente adquieren una vida propia parecen depender sólo de una legalidad interna, ajena a la voluntad humana. 

Durante el siglo XX la tendencia que ganó mayor terreno a su favor en el campo de la filosofía de la ciencia fue la escuela del positivismo lógico37, que realizó análisis de lo que es la ciencia concebida como un producto humano cuya explicación es ajena por completo a la naturaleza del ser del hombre y sus cambios38. Esta convicción se acomoda fácilmente en la mente de quienes hasta la fecha se han acostumbrado a considerar los productos humanos como un todo cuya explicación brota del producto mismo, sin necesidad de ningún otro examen. Una legalidad inherente a los componentes del trabajo científico —hipótesis, verificación, leyes, teorías— lo haría posible y lo explicaría en su totalidad39. El siguiente episodio de esta concepción que de entrada cierra el paso a la creatividad científica expresada en el trabajo teórico40,  fue la proliferación de manuales llamados de “metodología de la ciencia” que —hasta el día de hoy— venden la idea, en nombre del saber de una disciplina filosófica inexistente o una filosofía de la ciencia elaborada ad hoc41, de que se puede hacer ciencia aprendiendo diligentemente los pasos que contienen la magia de esa supuesta legalidad interna del conocimiento científico, confiando de antemano en la verdad y la cientificidad de lo que logren decir siguiendo las instrucciones. 

 

El arte, por ejemplo,  podría estudiarse como algo producido por su propia legalidad, sin recurrir a otro expediente42.  Y también podría hacerlo la administración, apoyada en el  supuesto de la autarquía de los productos humanos,  y sobre todo motivada por una metodología que se acomode a sus intereses, podría desarrollar su praxis (práctica y teórica), sin tomar muy en cuenta lo que los seres humanos  —de carne y hueso como se dice—,  entregan de sí mismos trabajando43.    

 

 

CAMBIO DE PERSPECTIVA

17. Si el ser de la administración no acaba de aparecer con claridad en la praxis administrativa, se impone un giro completo para mirar hacia otra parte.

Nuestra propuesta, obviamente, abandona este panorama de la suficiencia del producto respecto a su productor, que extiende su validez —o invalidez—  hasta nuestro nuevo siglo, y prefiere inspirarse en una alternativa de estirpe muy antigua. Quienes en la antigüedad de la Grecia clásica alcanzaron expresiones arquetípicas en el arte, la educación,  la arquitectura, la política, la filosofía y la ciencia no concebían los productos de la cultura sino como expresiones fidedignas del ser humano, y estaban orgullosos de lo que hacían, porque estaban orgullosos de lo que eran44.   

Por debajo de toda explicación de las acciones o los productos del hombre está presente siempre, como un supuesto inevitable, una idea del ser humano. Durante los siglos XIX y XX se ha impuesto lamentablemente la idea del hombre como un ser natural, a pesar de que durante más de dos milenios ha sido evidente que el ser humano rebasa las características de los entes de la naturaleza45. La libertad  del hombre, como distintivo ontológico diferencial46, obliga a concebir su esencia como algo enteramente distinto de los atributos físicos, químicos y biológicos.

 

18. El giro de nuestra atención nos permite sugerir un camino correcto para plantear la pregunta por el ser de la administración.

Cuando hablamos de átomos, protones y neutrones no tenemos que referirnos a la naturaleza humana. Si preguntamos, en cambio, qué es la política, la relación de nuestra cuestión y la esencia del hombre parece imponerse, entre otras cosas, porque desde la antigüedad se oye decir que el hombre es un animal político47. Pero al fijar como guía de de una investigación la pregunta por lo que es la administración, no aparece de modo inmediato la necesidad de  relacionarla con el ser del hombre. Sin embargo, la vinculación directa de esta cuestión con la idea naturalista del hombre que algunas ciencias sociales —probablemente sin advertirlo— han adoptado en su proceso de imitación, igualación o utilización de los modelos de la ciencia natural, muy a pesar de las rigurosas distinciones que ha ofrecido la filosofía de la ciencia48, determina de modo imperativo el fondo de nuestros razonamientos.  

Sin decidir nada de antemano, es menester admitir que el ser humano es el productor, y que la administración es uno de sus productos. Nuestra pregunta sobre el ser de la administración puede plantearse entonces de dos maneras distintas. La primera se realizaría manteniendo la noción habitual de que la administración es un producto humano que puede ser explicado por sí mismo, examinando su propia naturaleza; la segunda, por el contrario, presentaría la administración relacionada con el ser del hombre. En ambos casos, si el productor se concibe como un ser natural, de modo imperceptible se estará suponiendo que la administración funciona como una cosa sometida a leyes de la naturaleza. Siempre y cuando el productor sea concebido, en cambio, como un ser humano, se tendrá a la vista que en el funcionamiento de la administración tienen lugar los mismos percances o imprevistos de las cosas humanas.  Sólo con el fin de fijar estas ideas imagínense quienes nos escuchan  que puede medirse la estatura de un ser humano y calcularse con exactitud de báscula su peso, mientras que es enteramente imposible medir la altura de su espíritu y el peso de sus acciones.       

Ahora bien, sin poder considerarlo como un hecho,  vamos a suponer en general que quienes han emprendido la tarea de examinar qué es la administración han seguido la primera opción, la de examinarla por sí misma; nosotros seguiríamos la segunda, en relación con el ser del hombre, con la intención de encontrar una caracterización de la administración que nos permita entender al mismo tiempo su esencia y los cambios en su devenir histórico.  Esta opción no elimina ninguno de los procedimientos de la práctica administrativa, pero permite comprenderlos en su sentido más humano.

 

UNA NUEVA INTERROGACIÓN

19. Una nueva pregunta nos abre la vía de solución del problema que nos ocupa.

Dejando en claro la diferencia estricta entre dos cosas que van juntas, el hombre como productor y la administración como producto, se despeja el camino que nos conduce a la disolución del problema de la ocultación de la praxis (práctica y teórica) de la administración.
La apertura es posible por la siguiente pregunta: ¿es posible dar razón de una forma de praxis en sí misma, mediante sus propios elementos, su propio desarrollo histórico y su propia organización interna?

 

SOLUCIÓN DEL PROBLEMA

19. A nuestro juicio, la respuesta que aparece por el trabajo inquisitivo de la pregunta anterior nos proporciona la salida que buscábamos para deshacernos del problema principal que ha ocupado nuestra razón.  

Si prestamos oídos atentos a los términos mismos de la pregunta, en un fragmento de la misma interrogación encontramos la clave del asunto. La pregunta dice: “¿Es posible dar razón de una forma de praxis en sí misma, mediante sus propios elementos, su propio desarrollo histórico y su propia organización interna?”.  Ahora bien: si eliminamos la segunda parte de la interrogación, “mediante sus propios elementos, su propio desarrollo histórico y su propia organización interna?”, nos queda sola la primera parte, en la que es menester encontrar la clave que mencionamos: “…una forma de praxis en sí misma…”

 

22. La solución se asoma inmediatamente: la administración, como el arte y la ciencia entre otras formas de acción humana, es una forma de praxis que no existe por sí misma, sino como la acción que alguien ejecuta. En otras palabras: la administración es un producto humano que reclama, para su comprensión cabal, la presencia del productor

Consideramos que pregunta esencial de nuestra investigación que dice ¿por qué el ser de la administración queda oculto tras los modelos de administración y los manuales para la administración?, puede responderse afirmando que tales modelos y manuales son responsables o causantes de la ocultación de la administración (como árboles que no dejan ver el bosque) porque la abordan, la exploran y la exponen como si fuera un producto humano que después de haber sido creado por su productor (el ser humano) se vuelve autosuficiente y se sostiene, camina y se desarrolla con entera independencia respecto a los cambios y vicisitudes del ser del hombre.

Si la pregunta por la administración se pone en estricta relación con la naturaleza humana, el cuestionamiento se transforma y entonces tiene un significado diferente. Preguntar por lo que es la administración no significa ya buscar una definición completa y correcta de la administración, sino averiguar si existe algo en el ser del hombre que proporcione el fundamento de este tipo de praxis.  Dicho de otra manera: la administración y todos los productos humanos se explican insuficientemente si el examen se concentra sólo en la exploración del producto sin recurrir al productor.

 

 

FORMULACIÓN DE LA TESIS

 

24. La respuesta a la pregunta que indaga la razón del ocultamiento de la administración logra una forma consistente.

Llegamos al final de nuestra investigación, pues podemos ofrecemos una orientación segura para poder formular correctamente nuestra pregunta esencial (¿qué es la administración?). Lo que es la administración se oculta necesariamente cuando se intenta dar razón de ella sin apelar a la naturaleza humana.
La tesis que podemos sostener es la siguiente: “es imposible plantear y responder de modo consistente la pregunta por el ser de la administración sin relacionarla directa y explícitamente con la naturaleza humana”.

 

CONCLUSIÓN

Con el propósito de encontrar una relación positiva entre la administración y la naturaleza humana, establecimos una disyuntiva cuya posible superación nos impuso la necesidad de plantear la pregunta sobre el ser de la administración.

Buscando el camino para poder llevar a cabo esta interrogación, encontramos un problema que era preciso resolver previamente. A este obstáculo pudimos identificar como la ocultación de lo que es la administración esencialmente, y emprendimos la averiguación de lo que producía esa “desaparición” parcial  de su ser. Distrajo nuestra atención la idea de que los árboles no dejan ver el bosque,  pero rápidamente advertimos que era menester dar un giro radical en lo que veíamos “como administración”, y enseguida pudimos detectar la verdadera causa de la ocultación. De este modo pudimos, al final, establecer la tesis de que “es imposible plantear y responder de modo consistente la pregunta por el ser de la administración sin relacionarla directa y explícitamente con la naturaleza humana”.

Nuestra investigación, que no ha hecho otra cosa que preparar el camino para plantear la pregunta por el ser de la administración, nos compromete a continuar el trabajo para desplegar esta interrogación y realizar un examen riguroso de lo que a nuestro juicio son los tres dispositivos fundamentales que el ser humano adopta frente a la realidad: en primer lugar, la actitud de autoconocimiento, centrada en la realidad del ser propio; en segundo, la actitud a través de la cual el hombre se dispone a sacar provecho de las cosas, y finalmente, en tercer lugar, la actitud que él mismo adopta cuando intenta conocerlas objetivamente.  El efecto principal de estas actitudes consiste en producir nuevas formas de lo real, dando lugar a nuevo ser humano (producto de la autognosis), un nuevo ser de las cosas (conceptuado como utilidad) y un nuevo ser de ellas (descubierto como ser en sí). Nos alienta la suposición de que si somos capaces de plantear adecuadamente la pregunta por la administración estaremos en condiciones de ampliar a cuatro los dispositivos que hemos mencionado.    

 

Notas y referencias

1 Cf. J. M. Silva Camarena, “La cacería de razones”.

2 El sujeto es el testigo de lo que pasa o eso frente a lo cual aparece el objeto (lat. obietum: poner delante).

3 Cf. J. M. Silva Camarena, “La administración, entre la profesionalización y la cientificidad”.

4 J. M. Silva Camarena, “Administración y naturaleza humana”. Resumen.

5 Baste como testimonio de este hecho la atrevida incorporación de la utilización del hombre en el máximo nivel de las definiciones: “Management is a distinct process consisting of planning, organizing, actuating, and controlling,  performed to determine and accomplish stated objetives by the use of human beings and others resources” (George R. Terry, Principles of Management,  I, p. 4). Subrayado nuestro.

6 En nuestro siglo, dice el profesor Carlos Llano, después de los primeros decenios, e los que la dirección de la empresa se enfocó desde una perspectiva reduccionistamente tecnológica, tayloriana e ingnieril, tuvo que practicar por necesidad utilitaria un giro fundamental cambiando sus inválidos presupuestos tecnicistas. Se atisbó, aunque fuera al principio sólo tímidamente, que lo decisivo en toda organización, y también en la organización mercantil, era el hombre, ante el cual las técnicas del  tratamiento de materiales debían de sufrir, mal que pesara, algunas variaciones. Para esta perspectiva de la organización, el hombre no habrá dejado de ser cosa, pero habrá empíricamente que tratarlo como una cosa especial” (El postmodernismo en la empresa, p. 100).

7 Es falsa la diferencia popularmente aceptada entre teoría y práctica. La realidad es la misma y el sujeto también es el mismo, lo único que varía en ambas formas de acción es la intencionalidad. El sujeto que lleva a cabo la acción se propone fines distintos si actúa práctica o teóricamente. Sobre el desinterés como actitud necesaria para la actividad teórica, véase Eduardo Nicol, Los principios de la ciencia, capítulo séptimo.     

8 La artificialidad es patente, y casi puede tocarse con las manos: “Se ha visto que la creciente complejidad de la sociedad actual ha provocado que el manager tenga que poseer también las cualidades de un político, y comienza a plantearse la cuestión de si, en último término, habrá de ser un humanista, experto en ciencias humanas y morales” (Carlos Llano, El postmodernismo en la empresa, p. 100). Pero el humanismo es una forma de ser, no algo respecto a lo cual alguien pueda reclamar el su derecho a ser reconocido como “experto”.

9 La expresión “por encima” quiere decir que el mercantilismo debía ceder ante el humanismo. Cf. J. M. Silva Camarena, “¿Humanismo o mercantilismo?”.

10 Pero uno fijarse en el éxito mercantil que los acompaña. En nuestra época en la que el espíritu mercantil se aplica sin moderación a cosas que no deben ser a veces objeto de comercio, los libros de administración pueden venderse tanto o más que los llamados libros de autoayuda. El exagerado afán comercial echa a perder cosas y personas (cf. J. M. Silva Camarena, “El exilio de las cosas. Mercancía y mercantilismo”). 

11 Cf. Silva Camarena, Juan Manuel. “La fuerza de las ideas”.

12 Los modelos de administración elaborados consistentemente están bien  identificados. Por ejemplo, véase la clasificación y análisis que de ellos realiza Kliksber distinguiendo escuelas: la tradicional, la sociológica, teórico-organizadora y la científica (cf. El pensamiento organizativo). 

13 Cf. J. M. Silva Camarena, “La imposición de lo nuevo”, donde se presenta una actitud crítica ante la positivista  idea de la validez gratuita de lo actual.

14 Véase, por ejemplo, el trabajo en el que Kliksberg trata de elaborar una definición de administración que asuma los diversos contextos históricos del pensamiento administrativo (El pensamiento organizativo, cap. 1, pp. 7 y ss.).   

15 Cf. “La jungla de la teoría administrativa” y la “Revisión de la jungla de la teoría administrativa”,  en la excelente versión castellana de Jorge Ríos Szalay.

16 Cl. George, Historia del pensamiento administrativo, 12,  p. 163.

17 Agradecemos las valiosas observaciones del profesor Jorge Ríos Szalay sobre la traducción de este término y otras cuestiones importantes; su autoridad sobre la materia nos ha sido muy útil.

18 Agregado nuestro.

19  George R. Terry, Principios de administración, 6, p. 163.

20 “Management is a distinct process consisting of planning, organizing, actuating, and controlling,  performed to determine and accomplish stated objetives by the use of human beings and others resources” (George R. Terry, Principles of Management,  I, p. 4).

21  H. Koontz y H. Weihrich, Administración, una perspectiva global, cap. 1, p. 4.

22 Cf. H. Fayol, Administración industrial y general. Previsión, organización, dirección, coordinación y control (Administration industrielle et generale. Prévoyance, organisation, commandement, coordination, controle, 1916), tr. de A. Garzón del Camino,  Herrero Hermanos, Sucs,  México, 1969.

23 Expresión latina que significa “condición sin la cual” no puede suceder o acontecer algo.

24 Que la acción puede ser práctica o teórica es lo que comunica Platón, al descubrir al hombre como ser de la praxis. (cf. E. Nicol, Primera teoría de la praxis).

25 Cf. H. Koontz, “Revisión de la jungla de la teoría administrativa”, p. 57.

26 Sobre la amenaza de la globalización para la comprensión del mundo y el conocimiento, véase Arturo  Díaz Alonso: “El mito de la globalización”. 

27 Cf. J. Ortega y Gasset, El espectador, I.

28 Cf. J. M. Silva Camarena, “El espíritu de la investigación científica”.

29 Valga aquí esta forma inusual de unir palabras para acentuar su integración en una sola idea.

30 Nos referimos al problema del ser y el cambio planteado por los presocráticos. Véase especialmente Parménides y Heráclito (cf.  Kirk, Raven y Shoefield, Los filósofos presocráticos…,  y E. Nicol, Metafísica de la expresión,  cap. 3, §12).

31 Nótese que hemos prescindido, entre otras,  de expresiones como administración práctica,  administración teórica, arte administrativo, pensamiento administrativo, ciencias de la administración, para cerrar el paso a confusiones perturbadoras. 

32 Cf. J. M. Silva Camarena, “Las intereses de la interrogación”.

33  Cf. República. 507c, 530a.

34  Cf. Biblia, libro Génesis.

35 Producción de Walter Disney, “Fantasía” (The Sorcerer's Apprentice), filmada en 1941.

36 Cf. Ernst Cassirer, Antropología filosófica,  cap. V. Y para resolver el problema de la historicidad de los productos humanos  Nicol ha sostenido que si ellos cambian, es porque el hombre mismo cambia en su propio ser .

37 Véase: A. A. Ayer (comp.),  El positivismo lógico.

38 Por esta razón, entre otras,  no acaba de quedar en claro el fenómeno de la historicidad de la verdad, la relación histórica del conocimiento (Cf. E. Nicol, Los principios de la ciencia, cap. segundo). La historicidad de la ciencia corresponde a la historicidad del ser humano. Pero reconocer la historicidad del ser el hombre y de la ciencia no es compartir la principal tesis del historicismo: creer que la verdad es sólo vale como tal  para un determinado momento histórico (cf. E. Nicol,  Historicismo y existencialismo).

39 Despreciando  o  ignorando el ejemplo de Platón, que en el siglo IV a. de C. explora el tema de la vocación por la verdad en relación directa con el ser del hombre (Cf. Fedón). 

40 Cf. E. Nicol, Los principios de la ciencia, cap. segundo, §6.

41 Cf. Este autor, promotor principal de la metodología, recientemente la postula como “parte normativa de la epistemología”, como “una tecnología del conocimiento” (cf. Diccionario de filosofía). 

42 Pero no posible explicar la producción artística considerando sus propios elementos: mejores pinceles, técnicas de pintura, mezclas de color,  conocimientos del espacio y sus perspectivas no alcanzan a explican el cambio vertiginoso de la plástica y sólo hilan historias del arte sin  alma.

43 El trabajo no existe sin la administración, por rudimentaria que ésta sea. Cf. Platón, República,   Hemos usado esta fórmula por su sencillez y claridad: si hay hombre, hay trabajo, si hay trabajo, es preciso organizarlo. Sobre el trabajo y la naturaleza humana, véase J. M. Silva Camarena (coordinador), Meditaciones sobre el trabajo.

44 En un pasaje de la Apología, por ejemplo, Sócrates dice esto: “…siendo ateniense, de la ciudad más grande y más prestigiada en sabiduría y poder…”. Sobre la cultura griega puede consultarse la obra de W. Jaeger, Paideia: los ideales de la cultura griega.

45 Demócrito, en el siglo IV a. de C. se dio cuenta de que en el hombre la educación (gr. paideia), transformando la naturaleza (gr. physis), crea una segunda naturaleza o forma de ser (gr.  ethos). Cf. Fragmento 33 (véase el libro de Kirk, Raven y Schofield, Los primeros filósofos

46 Cf. E. Nicol, La idea del hombre,  primera parte,  caps. I y II; y de este mismo autor Metafísica de la expresión, tercera parte, capítulo quinto.

47 Cf. Aristóteles, Política, 1253ª.

48 El primero en delimitar rigurosamente las diferencias de los dos modelos de ciencias a partir de la distinción entre el ente natural y el ente humano fue Wilhelm Dilthey (cf. Psicología y teoría del conocimiento, especialmente “Ideas acerca de una psicología descriptiva y analítica”, 1894,  y “Sobre psicología comparada”, 1895-96). Véase también: Ernst Cassirer: Las ciencias de la cultura, y los volúmenes de El problema del conocimiento. Los autores anglosajones del positivismo lógico, en cambio,  desde la década de los años treinta del siglo pasado  trabajaron a favor de una unificación  —a  todas  luces  imposible— del ser natural y el ser humano (mediante propuestas “fisicalistas”),  y una —nunca lograda— “ciencia unificada”.  Es escandaloso para la razón que un supuesto monismo ontológico  que sirviera de base al proyecto tendría que creer en serio que es  lo mismo un hombre que un animal, una piedra o una planta, creencia que disuelve de inmediato la experiencia, sin que sea necesario construir una teoría en contra.    Sobre la historia de este movimiento véase: A. A. Ayer (comp.),  El positivismo lógico.    

 

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