Sobre la administración

juan manuel silva camarena
Comentarios a un texto de Bunge
(“Status epistemológico de la administración”).

 2004

Revista Contaduría y administración, nueva época, arbitrada. División de Investigación de la Facultad de Contaduría y Administración, Universidad Nacional Autónoma de México, 213, mayo/agosto  (2004), 121-147.

 

 

Con el fin de pensar rigurosamente  la cuestión relacionada con la posible cientificidad de la administración nos propusimos elaborar este ensayo,  por medio de una serie de comentarios, como una lectura crítica de la ponencia del filósofo de la ciencia argentino Mario Bunge titulada “Status epistemológico de la administración”. El escrito de Bunge nos ofrece la oportunidad de examinar con cierto detalle la tesis que desde el principio señalamos como inadmisible: la propuesta de Bunge de que las cuestiones de la administración puedan plantearse y resolverse de manera científica sin que la administración misma sea una ciencia, aun cuando coincidamos  plenamente en la idea de que la ciencia es fundamentalmente una versión desinteresada de la realidad.

El presente trabajo tiene el propósito de contribuir a la aclaración de algunas  cuestiones relacionadas con la naturaleza de la administración mediante la presentación de una serie de comentarios al escrito de Mario Bunge titulado “Status epistemológico de la administración”1 y realizado en cinco apartados: 1) el problema, 2) ciencia y técnica,  3) objeto, medios y meta de la administración,  4) conclusiones y 5) referencias bibliográficas2.  Nuestras observaciones han sido enlistadas con números arábigos y aparecen enseguida del pasaje a que se refieren, mismo que está presidido por una idea orientadora que en cada caso lleva un número romano. Cabe aclarar que el texto del profesor Bunge ha sido presentado y examinado en su totalidad, y que sus diversas partes aparecen en nuestra trascripción en el mismo orden consecutivo de la versión original.

I. Bunge comienza a averiguar si la administración es una ciencia, a partir de la consideración de dos maneras distintas de referirse a ella.  Apartado 1.

En diversos países latinos funcionan facultades de ciencias de la administración. En cambio, los anglosajones prefieren las denominaciones más modestas Faculty of Management o School of Business and Administration, comúnmente conocida por BA School. ¿Se tratará de un ejemplo del amor latino por la hipérbole, o de un error, o bien será que, en efecto, los estudios de administración constituyen una ciencia? Veamos (p. 351)3.

  1. El punto de partida de la averiguación de Bunge es trivial.  También podría considerarse que en México, en la Universidad Nacional Autónoma de México, a la administración se le enseña en la Facultad de Contaduría y Administración, y que en el Canadá francófono se denomina École de Gestion, mientras que en Alemania…

  2. El pensamiento filosófico no se ve obligado a buscar el estatuto epistemológico de la administración por el hecho de la diversidad de nombres que se le puedan aplicar en diferentes ámbitos culturales.

  3. La diversidad de denominaciones y horizontes culturales invita más bien a plantear una pregunta como esta: ¿es posible encontrar diferencias radicales en la concepción de lo que es la ciencia en las tradiciones académicas latinoamericana,  anglosajona y europea? En el caso de una respuesta afirmativa se abriría una brecha inquietante de investigación.

  4. Es normal que la investigación filosófica (en el quehacer de la teoría del conocimiento o la epistemología) incluya entre sus cuestiones fundamentales  el problema de la diferencia entre el conocimiento ordinario o precientífico y el conocimiento científico, y así se ve obligada a dar razón del estatuto epistemológico de esta forma de praxis humana que llamamos administración.

 

II. Bunge asegura que algunos filósofos saben  que la administración sufrió una revolución después de la Segunda Guerra Mundial. Apartado 1.

Todos, excepto quizá los filósofos de corte tradicional, estamos enterados de que los estudios de administración han sufrido (o gozado) una revolución desde fines de la Segunda Guerra Mundial, gracias a la investigación operativa, la modelización matemática, un contacto más estrecho con la psicología y las ciencias sociales, y la informática (p. 351).

  1. No es posible establecer con rigor una distinción entre filósofos de corte tradicional y otros de corte no tradicional (¿modernos?). En todo caso se trata de una caracterización sin consecuencias filosóficas  que sólo comunica, sin ningún contenido significativo preciso,   un modo personal y subjetivo de referirse a  y quizá de concebir  el trabajo de la filosofía.

  2. Ninguna teoría acerca de las posibilidades epistemológicas de una práctica humana (paradójicamente tan universal) puede construirse a partir de un supuesto conocimiento que compartirían sólo algunas personas que afirmaran estar enteradas del asunto.   

  3. La averiguación teórica sólo puede partir de lo que de hecho es el conocimiento en la teoría y la práctica administrativas.

  4. El sentido preciso de lo que significa una revolución en el conocimiento científico o filosófico (y por tanto, la posibilidad de utilizar esta noción para caracterizar un fenómeno de conocimiento) sólo puede quedar suficientemente justificado en una adecuada fundamentación  teórica.

  5. El concepto de revolución científica, si no se queda en una mera metáfora, es algo mucho más complejo de lo que parece. Una revolución en la ciencia no se produce solamente porque en un determinado campo de conocimiento se adopta algo nuevo (una tesis, una hipótesis, un estilo de trabajo,  técnicas, procedimientos o conocimientos de otras disciplinas científicas, etcétera), sino cuando en dicho campo tiene lugar  un cambio radical, fundamental, que trastorna una respetada y respetable tradición científica, que impide que en lo sucesivo sea posible   conseguir  conocimientos válidos  como si nada hubiera pasado.  Un ejemplo de revolución científica lo representa la aparición del psicoanálisis y su concepto de inconsciente,  que obligó a reconsiderar seriamente si la vida psicológica podía concebirse como  el ámbito exclusivo de la conciencia.

III. Según Bunge la administración  pasó ya del trabajo meramente empírico  a la etapa científica, y por eso puede encarar y resolver sus cuestiones de manera científica. Apartado 1.

Esta revolución ha marcado la transición de la empiria a la etapa científica en este campo de estudios y de actividades. Basta hojear un texto moderno de contabilidad, planeación u organización empresarial, o un número de Management Science, para advertirlo. Admitiremos, en suma, que los estudios administrativos han alcanzado un nivel científico (p. 351).

  1. No se puede admitir de un modo filosóficamente fundado que los estudios administrativos han alcanzado un nivel científico mediante la hojeada de ningún texto, sea antiguo o moderno.

  2. Tampoco se puede proporcionar un  testimonio serio del nivel científico de los estudios administrativos echando una mirada a una revista, aunque esté escrita en inglés y esté dedicada a la divulgación de trabajos serios sobre la administración (cuyo nivel de rigor científico, desde luego,  es necesario mostrar  en cada caso).

  3. Es arbitraria la decisión de admitir un supuesto nivel científico de los estudios administrativos sin investigación alguna y sin recurrir a la fuerza mostrativa o demostrativa de la argumentación. En este caso esa admisión no puede  expresar sino una opinión personal carente de fundamento.  

  4. Sin razones suficientemente fundadas es imposible admitir o rechazar  nada en el trabajo científico de la filosofía, que por cierto siempre es algo más que un juicio personal, superficial e inconsistente.

 

IV. Para Bunge hay una  diferencia entre el adjetivo científico y el sustantivo ciencia. Apartado 1.

Sin embargo, el problema propuesto no se resuelve con sólo reconocer que las cuestiones administrativas pueden encararse y resolverse de manera científica. Subsiste la diferencia entre el adjetivo científico y el sustantivo ciencia  (p. 351).

 

  1. Lo que tiene que probarse precisamente es que las cuestiones administrativas pueden encararse y resolverse de manera científica cuando se pretenda trabajar  dentro del marco de una ciencia de la administración.

  2. No puede reconocerse lo que no ha sido previamente demostrado, a menos que se invoque a la autoridad de quien sostiene tal reconocimiento.  

  3. No puede solucionarse el problema de si la administración  es una ciencia o no lo es si se supone, sin mostrarlo, que las cuestiones administrativas pueden encararse y resolverse de manera científica.

  4. Sin duda sería  una afirmación extraña la que sostuviera, por ejemplo,  que algo es político, pero no constituye una (acción) política. Nos haría pensar que a veces la blancura no pertenece al color blanco.

  5. ¿En verdad se puede afirmar con sentido que hay algo que es científico y sin embargo no pertenece o forma parte de la ciencia?

  6. Todo parece indicar que el autor del texto se ve obligado a establecer arbitrariamente una  distinción entre un adjetivo y un sustantivo para  llegar a la conclusión que le parece ingenioso sostener: “hay algo que es científico, pero no es ciencia”. Como si lo religioso fuera sólo una forma de religiosidad que nunca alcanzara a ser religión estricta.

  7. Se trata del establecimiento artificial de algo que no sería enteramente ajeno a la ciencia, pero que situándose en una especie de punto medio, tampoco llegaría a ser la ciencia misma. Este procedimiento parece saltar fácilmente el obstáculo de la pregunta por la cientificidad de la administración, pero el recurso va a parar a un híbrido imposible, sin realidad alguna.

  8. Si la cientificidad de la ciencia se desdobla artificiosamente en un único método  cuya finalidad pudiera indistintamente servir para la técnica (conocimiento interesado) y la ciencia (conocimiento desinteresado) se crea entonces lo imposible:  lo científico que no es ciencia.

  9. El problema de saber si la administración es ciencia o no lo es no puede resolverse si  en la argumentación se introduce subrepticiamente lo que era el objeto de la búsqueda.  Esta argumentación sofística (o argumento aparente) se llama petición de principio (petitio principii): cuando se usa para la prueba precisamente lo que debe ser probado.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                

 

V. Bunge quiere determinar si la administración es una ciencia o una técnica. Apartado 1.

La fabricación de artefactos cerámicos, de vidrio o de acero es hoy en día un proceso controlado por técnicas que poseen fundamento científico; o sea, se funda sobre resultados de investigaciones físicas y químicas, además de emplear conocimientos obtenidos en investigaciones y ensayos técnicos. Pero las técnicas de producción de artefactos cerámicas, de vidrio y de acero no son ciencias, son ramas de la ingeniería. Se trata de averiguar si los estudios de administración, aun los más rigurosamente científicos, constituyen una ciencia comparable con la química o la sociología, o más bien una técnica comparable con la ingeniería nuclear, la agronomía, la medicina, el derecho o las finanzas (pp. 351-352).

 

    1. La actividad cognoscitiva es ciencia si y sólo si reúne las características esenciales del saber científico, no cuando es algo comparable a la ciencia.

    2. Quizá sea conveniente pensar que la alternativa correcta para determinar si la administración es una ciencia o no lo es no consiste en decidir si es ciencia o técnica, sino en averiguar si ella es conocimiento científico o conocimiento no científico (independientemente de que éste incluya o no técnicas para resolver problemas prácticos).

    3. No existen técnicas con fundamento científico o sin él. El fundamento científico sólo es fundamento para el conocimiento científico. De la técnica no se puede predicar la verdad o la falsedad, sino su eficiencia o ineficiencia para lograr un determinado resultado.  

    4. Ningún tipo de técnica necesita fundamento teórico alguno: funciona o no funciona, independientemente de consideraciones teóricas.

    5. La técnica, como respuesta ante la necesidad, existe en las comunidades humanas desde tiempos remotos,  en las que  nunca hubo ciencia; y donde nace la ciencia (Grecia), la técnica existe muchísimo tiempo antes del surgimiento del saber científico.  Los hombres saben hacer muchas cosas, con técnicas primitivas o refinadas, antes de plantear la pregunta por lo que esencialmente son todas las cosas (si aire, si agua, si fuego…).

 

VI. Bunge cree que el problema del estatuto filosófico de la administración tiene un interés filosófico. Apartado 1.

Este problema del status epistemológico de la administración es de interés filosófico, ya que le da al filósofo la oportunidad de afilar sus ideas acerca de la ciencia y la técnica, así como de aplicarlas a un campo en pleno desarrollo, con la esperanza de ser de alguna utilidad a sus cultores.  Pero ¿tiene interés práctico, aparte de amenazar a las administraciones universitarias con un costoso cambio de rótulos? Aparentemente no: parecería ser uno de esos problemas académicos cuya solución tiene "solamente" el mérito de aclarar algunas ideas y, por lo tanto, no será estimado por quienes teniendo ideas confusas o contadas, no las valoran sino como herramientas para la acción (p. 352).

 

  1. El interés filosófico del estatuto epistemológico de la administración no depende de las oportunidades que pueda ofrecer o negar a los filósofos para verificar si sus ideas acerca de la ciencia y la técnica son correctas o erróneas.

  2. Planteado el asunto con  rigor debe decirse que la determinación del estatuto epistemológico de la administración  no representa ningún interés filosófico especial, salvo el de la misma determinación en cuestión.

  3. La investigación filosófica no sale particularmente beneficiada cuando averigua la naturaleza epistemológica de esa particular forma de praxis humana que es la administración.  La filosofía nunca trabaja con la esperanza de ser útil para tareas ajenas a su propio quehacer. El éxito de la investigación filosófica  depende del rigor y la exactitud con la que ella puede determinar el estatuto epistemológico de esta forma de acción humana, independientemente de alguna eventual utilidad práctica que pudiera derivarse  de dicha determinación. El mérito de aclarar algunas ideas principales no es para la filosofía algo que pudiera palidecer  frente a un atractivo conjunto de ganancias prácticas.

  4. Los científicos no están interesados en ser útiles para nadie en particular:   saben bien que son útiles para todos en su búsqueda desinteresada de la verdad.  

 

VII. Bunge considera que el problema del estatuto filosófico de la administración tiene un  interés práctico. Apartado 1.

Si se mira más de cerca, se advierte que el problema tiene también algún interés práctico, al menos tanto como saber si la medicina es una ciencia o una técnica. En efecto, si la administración se considera como una ciencia (social), entonces su objetivo central debe ser buscar las leyes y normas que satisface o debiera satisfacer la actividad administrativa, desde el contador hasta el gerente de producción y el encargado de relaciones públicas (p. 352).

  1. No aparece el  interés práctico de la averiguación del estatuto epistemológico de la administración.  

  2. Aunque los problemas prácticos pudieran tener o suscitar un interés teórico, los intereses teóricos no tienen ningún interés práctico. Se trata de intenciones de distinta naturaleza.

  3. La seguridad que suelen alcanzar los conocimientos prácticos, configurando o no diversas técnicas, es suficiente para la confianza que se deposita en ellos.

  4. El principal interés práctico de la medicina no consiste en saber si es una ciencia o una técnica, sino en contar con su ayuda eficiente para la curación de enfermedades y la salvación de vidas humanas (o animales,  en el caso de la veterinaria).

  5. El interés práctico por la medicina y la administración se centra directamente en la cuestión de su eficiencia. La verdad científica que una y otra puedan ostentar no remedia el fracaso del funcionamiento de  una organización o la muerte de un paciente.

  6. No hay un interés práctico al querer aclarar si la medicina o la  administración son una ciencia o una técnica. En todo caso, la tarea de determinar su respectivo carácter epistemológico (de ciencia, arte o técnica) posee un  interés teórico suficiente.

  7. La investigación científica consiste en determinar las razones por las cuales una cosa es como es o explicar por qué sucede lo que sucede. La legalidad o racionalidad que rige el conjunto de acontecimientos y las cosas aparece precisamente en las razones conseguidas por la ciencia.

  8. Si la legalidad de la actividad administrativa queda revelada en las razones proporcionadas por la investigación científica en otros campos del saber, la administración se queda sin una tarea teórica propia, y por tanto, sin la posibilidad de cumplirse como investigación científica.

  9. Para que la administración teórica  se constituya en una actividad científica independiente necesita contar con un campo propio de conocimientos, aunque para la realización de sus tareas reciba, como las demás ciencias,  el auxilio de otros conocimientos.

  10.  Es necesario que los fenómenos  de la administración sean susceptibles de explicación científica. En sí mismos, como fenómenos aislados,  un taco o la producción de bolillos no  requieren de explicación científica alguna. Los casos particulares sólo pueden aspirar a una explicación objetiva desde la perspectiva general o universal del enfoque científico.

  11.  Si los fenómenos de la praxis administrativa no poseen una naturaleza propia, de manera que pueda hablarse con sentido de la realidad administrativa, no hay la posibilidad de construir un campo particular de conocimientos.

  12.  Si los hechos y las acciones que conforman la praxis administrativa pueden explicarse en su totalidad con los recursos de conocimiento de las disciplinas científicas conocidas, fracasa el proyecto de una ciencia de la administración.

  13.  La psicología existe porque existen fenómenos psicológicos que no pueden ser explicados por el saber científico de otros campos del conocimiento.  ¿Los fenómenos de la administración reclaman igualmente un campo propio de conocimientos?

  14.  El conocimiento de la praxis administrativa tendrá que clasificarse exclusivamente bajo el rubro de los conocimientos prácticos si no se logra establecer de algún modo claramente identificable el conjunto de los fenómenos propiamente administrativos  precisando rigurosamente sus características.

  15.  Los problemas cuya solución ofrece una posibilidad de aplicación práctica no son problemas de la investigación científica. La solución de problemas científicos representa siempre  la apertura de  una vía de comprensión. En cambio, al resolver un problema práctico se inaugura una vía de acción posible.  

  16.  La utilización de cualquier tipo, práctica, económica o política es algo enteramente ajeno a la tarea de la investigación de la verdad.

 

En cambio, si la administración es una técnica, dejará esa investigación básica a las ciencias sociales básicas o puras, para ocuparse en cambio de diseñar modelos de organización óptima (en algún aspecto) sobre la base de conocimientos adquiridos en las ciencias básicas, así como de nuevos conocimientos adquiridos en el curso de la investigación y la experiencia administrativas (p. 352).

  1. La administración puede dedicarse exclusivamente al diseño de modelos de organización eficiente sin la ayuda de conocimientos adquiridos por las ciencias, como ha venido sucediendo en el curso de la historia de la humanidad.

  2. La razón calculadora que funciona en la consecución de resultados prácticos marcha más rápido y ligeramente que la razón científica que intenta explicar lo que son las cosas en sí mismas.

  3. Existe en nuestros días un malentendido formado, por un lado,  por el prejuicio de que se puede justificadamente despreciar los conocimientos prácticos que no alcanzan el nivel de la ciencia, y por otro lado, la creencia pertinazmente sostenida (y en verdad nunca cuestionada) de que la técnica recibe el apoyo del conocimiento científico, como privilegio exclusivo, que le permite alcanzar su envidiable eficiencia.

 

VIII. Bunge aborda el tema de la enseñanza de la administración. Apartado 1.

A esta división del trabajo le corresponde una divergencia de los planes de enseñanza. Si la administración es una ciencia, entonces debería enseñarse como una mera  especialización de las ciencias sociales. En cambio, si es una técnica, se justifica que se enseñe en una facultad especial, donde los alumnos sean expuestos desde el comienzo a cuestiones de administración. En resumen, nuestro problema tiene interés tanto teórico como práctico. Intentemos, pues, resolverlo (p. 352).

  1. La enseñanza de la administración, en efecto, depende de lo que se entiende por administración. La enseñanza y el aprendizaje de la administración representan un problema complejo que exige claridad en el discernimiento de lo que en la administración  hay de conocimiento científico, de conocimiento práctico,  de técnica,   arte o sabiduría directiva (rectoría, dirección y  liderazgo de grupos humanos).

  2. ¿Qué es “una facultad especial”?  ¿Acaso una facultad que no alcanza  calificación  científica?

  3. Puede suponerse que la administración, mientras no se pruebe lo contrario, es una praxis humana que trabaja técnica y científicamente. Por tanto, ha de enseñarse y aprenderse como un quehacer científico y profesional, cuyo conjunto de técnicas se enseñará como se enseña cualquier otra habilidad técnica.

  4. Es vaga la idea de que los alumnos de administración debieran ser expuestos desde el principio a los asuntos de la administración.  ¿Acaso los estudiantes de física o los de filosofía no debe ser expuestos desde un comienzo a las respectivas cuestiones de la física y la filosofía? 

  5. ¿Qué podría entenderse por una facultad especial, de un modo académicamente justificado dentro de la administración de las universidades? ¿Se sugiere veladamente que los conocimientos prácticos han de enseñarse en escuelas y centros de adiestramiento o entrenamiento  y no necesariamente en recintos universitarios?

 

IX. Para Bunge, no son lo mismo la ciencia y la  técnica. Apartado 2.

La técnica moderna ha alcanzado un nivel tan elevado que a veces es difícil diferenciarla de la ciencia. Con todo, las diferencias existen e importa conocerlas si se ha de impulsar (u obstaculizar) sus desarrollos respectivos. Empecemos, pues, por esbozar sus diferencias por debajo de sus similitudes reales y aparentes (nota 1),  (p. 352).

  1. La diferencia entre ciencia y técnica tiene un carácter teórico: ¿cuál es la naturaleza del conocimiento científico? ¿cuál es la naturaleza del conocimiento técnico?

  2. Sólo hay intereses prácticos en torno a la diferencia entre ciencia y técnica cuando a ésta se le pretende dar un ropaje de cientificidad que no le corresponde.

  3. ¿Quién tiene autoridad en una determinada comunidad para impulsar o detener su desarrollo?

  4.  Cabe hacer notar que la diferencia entre ciencia y técnica no puede explicarse prácticamente, aunque se crea que tiene aplicaciones prácticas. La diferencia exige una explicación teórica. En cuanto tal, esa diferencia tiene un interés teórico en sí misma, pues permite dar razón de la naturaleza del conocimiento.  El interés por  las formas de conocimiento se justifica por sí mismo, independientemente de que pueda utilizarse o no en la práctica.

  5. ¿Cuál es el sentido de la elevación de la que habla el autor? ¿Se trata de una jerarquía  de conocimientos cuya cima corresponde al saber científico?  Digámoslo así: ¿si se sigue elevando la técnica un día podría  volverse ciencia?

  6.  Es muy probable que la carencia de una idea clara acerca de lo que es la ciencia oscurezca el concepto mismo de técnica, dando lugar a  confusiones inevitables.

  7.  Entre la ciencia y el conocimiento práctico hay una diferencia vocacional radical, que se expresa claramente en sus respectivas intenciones: saber qué es la cosa o saber qué se puede hacer con ella. Esto no impide la existencia de una similitud innegable: ambas son formas de conocimiento que el hombre pone en acción en términos de averiguación.   La técnica, como conocimiento ya logrado y probado, que el ser humano aplica en un orden o curso regular para obtener determinados resultados previamente establecidos, no es conocimiento teórico sino práctico.

 

X. Bunge propone una distinción entre ciencia básica y ciencia aplicada. Apartado 2.

Ante todo conviene distinguir las ciencias básicas (o puras) de las aplicadas. La diferencia no es de método, sino de meta y, por lo tanto, de producto. La investigación básica se interesa por problemas cognoscitivos de cualquier tipo; la aplicada por problemas cuya solución tiene alguna posibilidad de utilización práctica, sea económica o política. El científico básico se esfuerza por encontrar las leyes básicas de la realidad; el aplicado, por aplicarlas. Ambos utilizan el método científico; ambos hacen uso de cuantas ciencias sean necesarias y ambos proveen conocimiento nuevo. Pero, mientras que el primero se propone solamente entender la realidad, el segundo busca entender una parte de ésta para que alguien pueda transformarla (p. 353).

  1. No está suficientemente justificada la distinción entre  ciencias básicas y ciencias aplicadas. Sólo existen, por un lado, ciencias, y por el otro,   conocimientos prácticos. Dentro de estos últimos hay procedimientos técnicos para una y mil cosas (en la industria, la producción de alimentos, el arte, la ciencia, la medicina, etcétera, etcétera).

  2. Los conocimientos prácticos no adquieren carta de naturalidad por medio de la honorabilidad científica. Su naturaleza, por sí misma, por sus fines y medios, está suficientemente justificada.

  3. En sentido estricto, ningún científico se dedica a aplicar conocimientos científicos. Y cuando los “aplica” lo hace solamente para conseguir nuevos conocimientos teóricos.

  4. El método científico, como lo sugiere su mismo nombre, sólo se puede usar para una sola cosa: para hacer ciencia. Pero el método científico no es una técnica (conocimiento ya obtenido y probado) para la consecución de conocimientos.

  5. El método científico no es una técnica, sino un modo de investigar la realidad (con objetividad, racionalidad y sistema) propio del trabajo cognoscitivo de las ciencias naturales y sociales.

  6. En el método científico, la objetividad se logra con la vigilancia ética, lógica y epistemológica.

  7. Es un desatino pensar que el llamado método  científico sirve para atender tareas de conocimiento no científico, y carece de fundamento la idea de que esa aplicación para la solución de problemas prácticos los convierte en cuestiones científicas, logrando supuestamente que tales problemas prácticos obtengan soluciones científicas.

  8. El científico (a secas, como se dice) se esfuerza por resolver problemas teóricos, “por encontrar las leyes básicas de la realidad”;  el práctico, se encarga de aplicar conocimientos para resolver problemas prácticos (nunca problemas teóricos).

  9. No existe la profesión del que supuestamente se dedicaría a entender la realidad o una parte de ella “para que alguien pueda transformarla”.

  10.  La distinción marxista entre entender el mundo y transformarlo nació como una denuncia del uso ideológico del conocimiento, y por tanto,  implicaría a la vez la cuestión crítica del uso y la aplicación de conocimientos científicos.

  11.  El mundo queda transformado cuando alguien entiende práctica o científicamente las cosas.  En primer lugar, se transforma el científico (se libera de la necesidad de saber práctico) y en segundo lugar se transforma la comunidad entera (como comunidad que de ese modo puede saber sin necesidad de utilizar el mundo). El carácter ético de la obtención y el uso del saber es fundamental para la comprensión de la ciencia.

  12.  La ciencia no tiene dos finalidades, una de entender y otra de utilizar (que el autor llama transformar), sino una sola: saber lo que son las cosas, independientemente de lo que se puede obtener de ellas utilizándolas.  La finalidad práctica, en cambio,  define otra clase de conocimientos: las ideas que sirven para hacer esto o esto otro.

XI.  Bunge cree que es posible distinguir la tarea del científico básico, el científico aplicado y el técnico. Apartado 2.

Un ejemplo: al par que el sociólogo o el economista básico estudia socio-sistemas (sistemas sociales) con el fin de comprender cómo funcionan (bien o mal), el científico social aplicado los estudia con el fin de averiguar qué favorece u obstaculiza su mantenimiento o su desarrollo en algún sentido. Y lo hace con la esperanza (o el temor) de que los resultados de su estudio sean utilizados, por quienes ejercen poder, para modificar dichos sistemas (p. 353).

  1. Es una idea sin fundamento la que permite establecer la diferencia entre ciencia básica y ciencia aplicada. Igualmente sin fundamento resulta la convicción de que hay ciencias duras y ciencias blandas…

  2. Hasta nuestros días en los que actúa la versión pragmática o utilitaria de la ciencia,  las nociones de lo básico y lo aplicado son categorías que no aparecen en toda la historia de la ciencia.

  3.  La supuesta diferencia entre ciencia básica y ciencia aplicada  remite, en última instancia, a una prejuiciado manera de entender lo teórico y lo práctico. No vale la pena perder de vista la idea de Platón de que la teoría también es acción.

  4. Las preocupaciones ajenas a la investigación científica (como las consideraciones de políticos, empresarios e industriales) ¿tienen que adquirir un espacio dentro del quehacer mismo de la ciencia?

 El técnico, en cambio, puede investigar o utilizar los resultados de investigaciones (propias o ajenas), pero en ningún caso se queda en el conocimiento: aspira a poner el saber en acción. El centro de la actividad cognoscitiva técnica es el diseño de dispositivos o planes de acción que permitan crear o controlar cosas concretas. Los objetos de este control pueden  ser físicos (centrales eléctricas), químicos (plantas (petroquímicas), bioquímicos (bodegas), económicos (supermercados), culturales (museos) o políticos en sentido amplio de la palabra  (prisiones),  [p. 353].

  1. El conocimiento también es una acción. Desde el punto de vista de la fundamentación de las ideas es bastante ingenua la división entre conocimiento y acción. Dicho dentro modo: esta es una distinción práctica, no teórica, que sólo puede usarse fuera del ámbito de  la ciencia.

  2. El técnico no es el hombre cuerdo que por gracia del sentido común aspiraría  a poner el saber en acción. Aspira a esto cualquiera que necesite resolver un problema práctico para satisfacer una necesidad, una ambición o un deseo.

  3.  El saber de la técnica es un saber con dignidad cognoscitiva propia, cuyos valores positivo y negativo no son la verdad y la falsedad, sino la eficacia y la ineficacia.

  4. El ideal positivista de saber para prever, y prever para actuar puede adoptarse y se adopta a menudo como divisa para la vida en alguna concepción del mundo, pero es enteramente inadmisible desde el punto de vista de la legitimidad teórica.

  5. El técnico es sencillamente el que sabe cómo hacer algo o utilizar algo  para que suceda algo determinado. Es todo. El que sabe usar una herramienta, el que opera una máquina, un aparato o un dispositivo.

  6.  El que fabrica los dispositivos técnicos e idea su uso es lo que siempre se llamó con el adecuado nombre de inventor: un hombre práctico que resuelve problemas prácticos.  El hombre de ciencia, en cambio, inventa teorías (o sea, las crea), pues sólo busca la verdad de lo que es,  lo que cambia  y  lo que sucede. ¿Por qué tendríamos que renunciar a nociones tan sencillamente correctas?

 

El científico, sea básico o aplicado, se propone averiguar cómo son las cosas. El técnico inventa cosas nuevas o bien la manera de controlar (manejar, administrar, mantener, mejorar o destruir) cosas ya conocidas. Si el técnico obra científicamente, se sirve para ello de conocimientos científicos, aunque no de los más generales y profundos, sino de los que necesite para lograr su objetivo; estos conocimientos utilizables resultan ser casi siempre específicos (poco generales) y menos profundos que los que busca el científico básico. En una palabra, mientras que el científico, sea básico o aplicado, busca la verdad (para todos), el técnico se sirve de ésta para alcanzar la utilidad (para alguien). (p. 353).

  1. ¿Los conocimientos científicos superficiales y particulares son los utiliza el técnico? ¿No sería mejor que sucediera lo contrario?

  2. Resulta desafortunada la imagen de lo profundo y lo superficial para presentar la diferencia  entre el saber del científico y el del técnico.

  3. El técnico obra técnicamente; el científico, científicamente. No es conveniente torcerle el cuello a las palabras.

  4. El razonamiento es correcto: la ciencia busca la verdad; el conocimiento práctico procura la utilidad. No es adecuado hacer manita de puerco a los argumentos.

 

XII. Bunge adopta una vieja cuestión: ¿entender el mundo o transformarlo? Apartado 2

En resumidas cuentas, en tanto que la ciencia se propone explicar el mundo, la técnica se propone forjar las herramientas necesarias para transformarlo. (La transformación propiamente dicha es obra de la acción, sea económica, política o cultural.) Esta caracterización general de la técnica, unida a cierta clasificación de las cosas de este mundo (nota 2), sugiere clasificar las técnicas como sigue:

- fisiotécnias: las ingenierías clásicas;
- quimiotecnias: química industrial, ingeniería química;
- biotecnias: medicina, agronomía, farmacología, pedagogía, etc.;
- sociotecnias: derecho, finanzas, administración, etc.;
- técnicas generales: informática, cibernética, etc.

Me he pisado; ya he dicho dónde coloco la administración. Trataré a continuación de justificar esa ubicación.  (pp. 353-354).

  1. La exposición de este pasaje tiene el tono de una apología indecisa de la técnica. Esta defensa a medias de la técnica es apologética porque exalta su valor al destinarle el decisivo papel de la transformación del mundo, frente a una tarea de menor categoría que sería el de la ciencia (explicar el mundo), y sin embargo, exaltación indecisa porque a la técnica se le exhibe como utilizadora superficial de la verdad (del trabajo de otros, digamos) para el logro de utilidades.

  2. La metáfora del pisarse a uno mismo podría revela en cierto modo el atropellamiento que se comete con lo real cuando se le aplican ideas preconcebidas. Ella podría sugerir la arbitrariedad que se comete cuando  se trata de imponer artificialmente un esquema preconcebido de las ciencias en lugar de explicar cómo es realmente la naturaleza del saber científico.

  3. Parece que la técnica vendría a ser algo así como una  “ciencia chiquita”, o una ciencia a medias, y termina por acercársele a la idea infundada de una ciencia práctica, asegurando que el técnico obra científicamente.  

  4. La técnica es instrumento de transformación de lo real, no hay duda. Pero sería conveniente preguntar si la comprensión de lo real que realiza la ciencia no provoca igualmente una transformación del mundo, no a pesar de sino precisamente por su finalidad esencial.

  5. La acción no se reduce a acción práctica. Si se entiende correctamente que la teoría también es una acción, entonces los prácticos (y sobre todo los practicones) pueden comenzar a perder el monopolio de la acción.

  6. Ningún científico pretende entender una parte de la realidad para que otra persona pueda transformarla. Esto sólo puede corresponder a una organización artificial del conocimiento y la acción. 

  7. A como dé lugar, a la ciencia se le quiere hacer práctica,  y al conocimiento práctico se le desea conceder el estatuto del conocimiento científico. ¿No hay gato encerrado en todo esto?

 

XIII. Bunge reflexiona sobre la relación entre sistemas sociales y administración. Apartado 3.

Todo socio-sistema humano se caracteriza por su composición (las personas que forman parte de él), su ambiente (natural y social) y su estructura (el conjunto de las relaciones entre sus miembros y entre éstos y objetos ambientales). Es común que una persona pertenezca a varios socio-sistemas: a su familia, la empresa u organismo donde trabaja, su club, su partido político, etc. Cada uno de estos socio-sistemas desempeña funciones que le son propias; estas funciones o actividades forman parte de ]a estructura del sistema (nota 3),  (p. 354).

  1. Las diferencias ontológicas de las distintas formas de ser de los entes determinan el carácter de sus sistemas.

  2. No hay que perder de vista el hecho de que todo sistema de organización de hombres es una comunidad humana; que las organizaciones de animales son especies biológicas, y que los sistemas electrónicos son sistemas de naturaleza física.

 

Por distintos que sean dos socio-sistemas, por ejemplo, una fábrica y una escuela, o un hospital y un ejército, comparten diversos rasgos y, en primerísimo lugar, éste: todos los socio-sistemas, por sencillos que parezcan, tienen administradores, aunque sea de tiempo parcial. Por ejemplo, normalmente los padres son los administradores de la familia; la administración de una escuela está formada por su dirección y, en los países anglosajones, también por sus maestros y representantes de los padres; la administración de una empresa económica, privada, estatal o de carácter cooperativo, está en manos de su directorio y sus ejecutivos y, en muchos casos, también de representantes de su personal (p. 354).

  1. Es un error lógico elemental mezclar la noción de administrador con la noción del tiempo de trabajo. El tiempo de labor no altera  en modo alguno la naturaleza del trabajo.

  2. La tarea de la administración no cambia de naturaleza cuando cambian los actores que la ejecutan.

Es una ilusión querer prescindir de la administración y, en particular, de la burocracia, y por lo tanto es una tontería menospreciarla. Incluso las sociedades formadas por monos y otros animales superiores tienen líderes o administradores, permanentes o temporarios, encargados de organizar la división del trabajo y de controlar que se cumplan las reglas. Los humanos tenemos la ventaja de poder estudiar la administración de un socio-sistema con el fin de averiguar la manera de optimizar su funcionamiento. También tenemos la desventaja de poder ignorar tales estudios y, sin embargo, mantenernos, por la fuerza o por el poder económico, a la cabeza de algunos socio-sistemas. (En la naturaleza, los administradores ineficientes sucumben o son reemplazados, y las formas de organización ineficientes terminan por ser eliminadas por selección natural. Nosotros premiamos a los incompetentes conforme al principio de Peter y protegemos a los improductivos según la ley de Parkinson.)  (p. 354-355).

  1. En el trabajo filosófico en torno al estatuto epistemológico de la administración es irrelevante la suposición de su menosprecio y la idea de la imposibilidad o posibilidad de prescindir de ella.

  2. Es incorrecta la asociación entre administración y burocracia.

  3. Es inadmisible la idea de una administración animal.

  4. Es por lo menos cuestionable la identificación plena entre administración y ejercicio del control y la vigilancia

  5. Es vaga la asociación entre administración,  dirección y ejercicio del poder.

 

 

XIV. Bunge propone un nombre nuevo: la administra-tecnia. Apartado 3.

Puesto que no es deseable prescindir de la administración, es necesario optimizarla. De esto se ocupa, precisamente, la administra-tecnia. Y, ya que ésta se propone controlar cosas concretas de cierto tipo (socio-sistemas), no es una ciencia, sino una técnica, según la definición propuesta en el § 17,2. Y, dado que en nuestro tiempo esta técnica no es empírica, sino que se funda sobre resultados de investigaciones científicas, se trata de una técnica científica al igual que la ingeniería química o la fitotecnia. De hecho, la administra-tecnia es mucho más científica que el derecho y aun que la economía, disciplinas aún fuertemente influidas por la ideología (p. 355).

  1. Determinar si la administración es una práctica humana de la que se puede o no prescindir en la vida humana de las comunidades no es una cuestión ni directa ni indirectamente relacionada con el estatuto epistemológico de la administración.

  2. Hay que tomar en cuenta que la administración como investigación científica, por definición,  no participa de la finalidad controladora de algunas prácticas administrativas

  3. Toda técnica, por complejo que sea el caudal de sus conocimientos, es algo ajeno a la ciencia, porque se trata, entre otras cosas, de la aplicación de  un  conocimiento práctico ya obtenido, mientras que la ciencia es fundamentalmente búsqueda, aunque desde luego cuenta con el acervo de su saber teórico ya conseguido para la elaboración  de nuevos conocimientos.

  4. No está de más insistir: la técnica  funciona independientemente del saber de la ciencia,  y se pone en acción antes que la investigación científica.

  5. Validar la expresión técnica científica sería  anular el criterio vocacional distintivo del conocimiento práctico y el conocimiento teórico, y por esta razón se crearía el híbrido inadmisible de un saber al mismo tiempo desinteresado e interesado.

  6. Las técnicas (conocimientos prácticos) que se puedan poner al servicio de las investigaciones de las ciencias naturales y sociales no se desnaturalizan en el núcleo mismo  de su estatuto epistemológico, y por tanto, siguen siendo  técnicas sin la pretensión de quedar conveniente y oportunamente contagiadas de cientificidad.

  7. La ciencia, por el contrario,  no se puede poner al servicio de la técnica porque la fuerza de la necesidad de su eficacia de la técnica misma no puede depender de resultados teóricos que en su última instancia son provisionales e hipotéticos (la teoría es creación siempre sujeta a revisión crítica y autocrítica), y además porque  las más de la veces la urgencia de la aplicación  desaconseja esperar con paciencia  el paso naturalmente lento de la investigación científica. En el conocimiento práctico no hay tiempo que perder, mientras que en el teórico no domina ninguna exigencia de reloj o calendario. Dicho de otro modo: las cuestiones prácticas de la vida no pueden imprudentemente ajustarse a la lentitud propia del pensamiento científico.

  8. Los hechos revelados o explicados en la investigación científica pueden abrir caminos por los que pueden circular libremente, con independencia o autonomía,  los conocimientos prácticos. Pero los conocimientos científicos, en tanto que teorías o explicaciones desinteresadas de lo real, son inaplicables en el nivel de los conocimientos prácticos

  9. Para que fuera útil el neologismo arbitrario de administra-tecnia tendría que ir acompañado de una igualmente arbitraria noción de administra-episteme

  10. Ninguna ciencia vocacionalmente bien establecida es vulnerable frente a la  ideología. Pero la falta de rigor en la idea de lo que es la ciencia favorece en las ideas corrientes las influencias de los intereses ideológicos.

  11. Es algo evidente que la naturaleza desinteresada del saber científico entra en conflicto con los intereses políticos de las ideologías.

 

XV. Bunge define la administración: una técnica científica. Apartado 3.

En resumen, podemos definir la administra-tecnia, o el sistema de disciplinas que estudian la administración, como la técnica científica que:

a) estudia las actividades y relaciones administrativas que tienen lugar dentro de y entre los sociosistemas;
b) emplea el método científico así como resultados de investigaciones científicas en psicología y ciencias sociales básicas y aplicadas;
c) se propone optimizar en algún aspecto (por ejemplo, productividad, beneficio social o lucro) el funcionamiento de los socio-sistemas (p. 355).

  1. La administración puede concebirse como el arte de la justa adecuación entre los medios y los fines de la praxis humana.

  2. Las técnicas de la administración están diseñadas para manejar  eficazmente las actividades de las diversas formas de praxis humana

  3. Al abordar la praxis humana  en el nivel de su universalidad  la administración queda  en condiciones de elaborar un trabajo de carácter científico.

  4. La teoría administrativa  intenta dar razón de las partes y el todo de las actividades  administrativas, cuya  eficacia e ineficacia resulta regularmente de  la adecuación de medios y fines.

  5. El método científico correctamente entendido, lejos de ser una mera receta para la obtención repetida de conocimientos objetivos  es un  instrumento (lógico y epistemológico) de carácter ético al servicio del dispositivo vocacional desinteresado de la ciencia.

 

Los especialistas distinguirán diversas ramas de la administra-tecnia, según que se ocupen de hogares, firmas, cooperativas, organismos estatales, escuelas, sociedades privadas de bien público, organismos internacionales, etc. Semejante división del trabajo es razonable, pero no debe llevar a olvidar que todo socio-sistema es un subsistema de algún sistema más grande. (Incluso el socio-sistema máximo, o sea, el sistema mundial, es un subsistema del sistema solar.) Por lo tanto, no se podrá entender ni, con mayor razón, controlar eficazmente el funcionamiento de un socio-sistema, por simple que parezca, si se ignoran sus interacciones con los demás sistemas. Esto no implica que se imponga adoptar un enfoque globalista (holista) y, por lo tanto, anti-analítico y, por ende, anticientífico. Significa tan sólo que el enfoque correcto de los problemas administrativos, como el de cualesquiera otros problemas sociales, debiera ser sistémico (nota 4). Lo que no debería extrañar, ya que todo socio-sistema es un objeto muy complejo, con múltiples aspectos y modos de cambio, que ninguna disciplina estrecha puede cubrir por entero (p. 355).

  1. Lo sistemático  y lo analítico ni primaria ni necesariamente son aspectos que pudieran entrar en conflicto en el trabajo científico.

  2. La ciencia tiene que cuidarse permanentemente de las falacias, como la que los griegos conocían como una metábasis eis allo genos (o sea en un salto indebido de un género de asuntos a otro). Lo que se predica de una naturaleza no puede predicarse de otra,  sin tener en cuenta las diferencias de género.

  3. Aunque sea cómo reducir la totalidad de lo real a la noción de sistema, no pueden pasarse por alto las diferencias ontológicas. El sistema mundial, por ejemplo, es una noción aplicada al ámbito de lo humano que no tiene nada que ver con el sistema solar, que es un concepto que pertenece al ámbito de lo natural.

  4. No hay disciplinas estrechas o anchas, sino disciplinas científicas que abarcan la totalidad de los fenómenos de una misma naturaleza.

 

XVI. Bunge concluye: la administración es científica, pero no es una ciencia. Apartado 4.

Las llamadas ciencias de la administración son científicas por el modo de estudiar su objeto. Pero no constituyen una ciencia, porque, lejos de proponerse alcanzar conocimientos desinteresados, persiguen conocer la mejor manera de controlar algo, a saber: los aspectos administrativos de los socio-sistemas. (p. 356).

    1. El saber destinado al control de las cosas y las personas es un saber que sólo aparentemente tiene relación con el conocimiento científico, y  sólo parcialmente tiene que ver con las tareas administrativas.  

    2. La idea de control de cosas y personas no es equivalente a la idea de organización de las organizaciones (haciendo valer la redundancia).

    3. La idea de control de cosas y personas no es equivalente a la idea de adecuación de medios y fines en las acciones de las organizaciones humanas.

    4. En sentido estricto las organizaciones son comunidades humanas. En verdad las organizaciones son siempre organizaciones humanas, porque su organización se funda en decisiones para la acción.

    5. No hay modos de estudiar científicos, cuyo producto no sea ciencia.

    6. El desinterés, en efecto, se concibe desde Platón como un  componente vital de carácter ético que convierte a la averiguación de las razones  por las que sucede lo que sucede en investigación científica. Debido a este dispositivo vocacional de búsqueda de la verdad sin segundas intenciones  no hay confusión posible entre ciencia y técnica.

 Que la administración sea una técnica no impide que los administra-técnicos formulen modelos matemáticos y diseñen experimentos para poner a prueba la verdad de dichos modelos y la eficacia de los controles involucrados. Pero dichos modelos serán específicos o parciales antes que generales. Por ejemplo, se tratará de modelos de la administración de una empresa metalúrgica mediana, o de una línea aérea, antes que de teorías generales acerca de socio-sistemas de un género dado. Y se tratará de experimentos cuya finalidad primordial será descubrir fuentes de ineficiencia o mecanismos de optimización de socio-sistemas de un tipo bien particular. En suma, la administración es científica sin constituir una ciencia.  Acaso por este motivo ofrece oportunidades y plantea desafíos a personas de orígenes e inclinaciones muy diversos, desde el matemático aplicado hasta el conductor de hombres (p. 356).

  1. Si los conocimientos técnicos  tuvieran que ser  obtenidos científicamente (o sea desinteresadamente) no habría técnica.

  2. ¿No es acaso un contrasentido el que conocimientos técnicos, conseguidos interesadamente (como una respuesta ante la necesidad humana), pudieran ser a la vez conocimientos científicos sin el ingrediente vocacional del desinterés.

  3. ¿No es algo sin sentido el pensar que a conocimientos científicos, obtenidos desinteresadamente, se les pudiera sustraer la sustancia vocacional que los generó y pudieran de este modo tornarse en conocimientos prácticos?

  4. Si el dispositivo vocacional (del desinterés) es el criterio para determinar la cientificidad o la carencia de ella, resulta incoherente sostener al mismo tiempo que unos conocimientos fueron obtenidos científicamente y no pudieron sin embargo alcanzar el rasgo de ciencia.

  5. Si se piensa en otra actividad humana quizá puedan verse más claramente las cosas que nos ocupan. Podría sostenerse que la psicología consigue sus conocimientos científicamente, porque se propone alcanzar conocimientos desinteresados acerca de los fenómenos psicológicos, y señalar que al mismo tiempo no puede ella constituir una ciencia porque se propone controlar (para bien o para mal) el curso de los fenómenos psicológicos, en la práctica psicológica.  ¿Bunge diría que la psicología no es una ciencia, sino una psicotecnia?

  6. Para poder opinar de una manera similar en el caso de la administración nos hace falta una distinción muy marcada entre lo teórico y lo práctico, de manera que pudiéramos decir que en la práctica administrativa ella se propone controlar (para bien o para mal) los fenómenos administrativos, de modo que pierde la cientificidad que ganó en su estudio desinteresado de esos fenómenos.

  7. Lo que puede concluirse sin ganas de otorgar cientificidad a la administración y al mismo tiempo quitársela, o sea sin ambicionar alcanzar un término medio que fuese supuestamente justo para lo práctico y lo científico, es que definitivamente la teoría administrativa es ciencia y lo seguirá siendo siempre y cuando trabaje desinteresadamente por la verdad de los fenómenos administrativos, y que la práctica administrativa, como conocimiento práctico interesado, no lo es ni llegará a serlo en ningún momento.  

 

Notas y referencias

1 Mario Bunge, licenciado en ciencias físico-matemáticas y doctor en física, ha dedicado mucho trabajo a enseñar y escribir sobre filosofía de la ciencia. En 1980 presentó una ponencia en las Primeras Jornadas Nacionales de Administración en Buenos Aires con el título de  “Status epistemológico de la administración”.  Eduardo R. Scarano, profesor de epistemología y metodología de las ciencias sociales de la Universidad de Buenos Aires, incluyó el trabajo de Bunge en una compilación titulada  Metodología de las ciencias sociales. Lógica, lenguaje y racionalidad, publicado por las Ediciones Macchi, de Buenos Aires, en 1999.

2  El autor del texto comentado presenta cuatro referencias bibliográficas de él mismo: 1) La investigación científica, Ariel, Barcelona, 1969,  Epistemología, Ariel, Barcelona, 1980, y  Ciencia y desarrollo, Siglo Veinte, Buenos Aires, 1980.  2) A World of Systems, D. Reidle Publ. Co., Dordrecht-Boston, 1979. 3) A World of Systems, ed. cit. 4)  General Systems and Holism, General System, XII, 1977.  

3 Todos los pasajes del escrito de Bunge (que conforman la totalidad del texto) se han tomado literalmente de la edición mencionada de E. R. Sacarano.

 

 

 


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