Lo que vale

juan manuel silva camarena

Suplemento cultural Universitarios,  del diario Reforma, México,  mayo (1998), 3.

A partir de este número y cada mes, los universitarios, podrán leer esta columna que hablará sobre 'valores' esos que cada vez más se extinguen y que es necesario recuperar. Los invitados a escribir serán rectores, directores de carrera, maestros, alumnos y padres de familia de diversas instituciones de nivel superior.

No existen los valores; sólo hay personas y cosas valiosas. Así como no hay flores sin la tierra que las hace nacer y vivir, no hay valores si no están encarnados o incorporados en lo que la gente y las cosas son. Sin embargo, hoy por hoy, vivimos un trastorno profundo de la estimación ontológica (lo que tiene que ver con lo que son las cosas) y lo axiológico (lo relacionado con su valor), debido a la mercantilización de hombres y objetos. En este siglo que termina se nos ha venido encima una desgracia por la cual confundimos el precio de las cosas con su valor. Ya no hablamos de valores, porque ahora sólo nos importa el precio. El valor económico, el que se establece con la magia artificial de los pesos y los centavos, da lo mismo decir dólares o francos, marcos o liras, pasa por alto el ser de los cosas y les otorga una nueva identidad, que se expresa en términos de dinero, de mercado y de compra y venta.

En otras palabras: si se puede vender, si se puede comprar, ya no importa lo que es, ¿y para qué hablar de lo que vale, si su precio lo dice todo? Las leyes ontológicas y axiológicas de lo real quedan suplantadas por la legalidad financiera de los bancos, las bolsas de valores y las casas de cambio, en suma: por el mundo del dinero. El dinero iguala el ser de todas las cosas, al anular el ser propio de cada una de ellas.

Vivimos una tragedia axiológica en la sustitución de lo que vale por lo que cuesta, porque entre las cosas que se venden y se compran, desde luego, estamos incluidos los seres humanos, como una cosa más respecto a la cual siempre es posible negociar el precio, establecer un precio, "llegarle" al precio.

Lo que las cosas son deja de ser importante ya que su ser no tiene que ver con su precio, el cual queda fijado mediante la ley de la oferta y la demanda y las manipulaciones de las técnicas de mercado, que determinan finalmente qué se puede hacer con las cosas, y claro, qué se puede hacer con las personas.

Dentro de esta verdadera crisis de valores, los jóvenes ya no se preguntan qué es lo que les gustaría ser cuando sean grandes, y más bien les urge saber qué es lo que van a recibir, qué van a tener, y sobre todo, el valor económico de sus ambiciones.

Ahora pierde vigencia la pregunta natural de la razón (¿qué es eso?), que quedaba promovida  por la sorpresa de eso que está ahí frente a nosotros, porque lo que llama la atención no es lo que la cosa es en sí misma, sino lo que la cosa "vale", o sea, su precio. Y así, puesto que no importa lo que las cosas son, tampoco importa lo que las cosas valen, porque el ser y el valor van juntos. Las cosas valen por lo que son. El valor es un asunto que tiene que ver con el ser y no con preferencias o repugnancias, agrados o desagrados u otras estimaciones subjetivas y arbitrarias de los relativismos axiológicos. El valor tiene una realidad objetiva, y depende de lo que la cosa es, de lo que la persona es. El valor representa el mérito ontológico del ser lo que se es. Lo que vale es lo que se es.

Aunque no supiéramos definir lo que son los valores, éstos de todos modos existen, porque independientemente de nuestros gustos o nuestros deseos representan el modo de ser de la cosa o la persona. Hay valores (verdad, justicia, honestidad, lealtad, dignidad...) como había y como hubo agua en los mares y los océanos, los lagos y los ríos, antes y después de conocer su composición de hidrógeno y oxígeno.

Pero sí sabemos lo que son los valores, y sabemos que pertenecen a lo que llamamos mundo humano para darle forma y cuerpo a sus aspectos cualitativos, que son, sin lugar a dudas, los esenciales. En una palabra, nuestra crisis actual de valores consiste en que ya no tenemos ojos para mirarlos, pues la mayoría de la gente ha quedado cegada por las cifras de las cantidades. Viven para hacer dinero.

La enorme tarea educativa que nos impone el estado actual del mundo consiste en aprender a mirar de otro modo las cosas y las personas, de tal modo que sea posible ver lo que son para poder ver lo que valen.

En la Universidad del Claustro de Sor Juana nuestro lema es Saber para valorar, valorar para elegir, tiene que ver con nuestras convicciones en torno al ser y al valor, y estamos seguros de que lo que llaman los especialistas problemas económicos y financieros, sólo ocultan una crisis que no es de carácter económico sino moral, una crisis en el sentido ético de nuestra vida. El trabajo que se nos plantea a todos por igual, dentro y fuera de la universidad, es de vital importancia porque el mundo, el mundo humano, sin valores, no es posible.

 


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