¿Los dueños del sí y el no?

juan manuel silva camarena
Las afirmaciones y negaciones en Heidegger y Sartre

1990

 

Revista de filosofía. México: Universidad Iberoamericana, XXI, 69 (1990),  349-356.

 

I

Hay ahora quienes quieren decirle adiós a la filosofía. Y habrá quien diga que no podemos despedimos de ella sino hasta que nos haya proporcionado respuestas suficientes para vivir nuestra vida sin necesidad de preguntar por nada más. Pero ¿es esto posible? ¿Puede la filosofía dar esa clase de respuestas? Sospechamos que no puede decimos todo. Pero ¿solamente lo sospechamos porque todavía no sabemos bien qué es la filosofía? Parece que no podemos evitar el abandono de la filosofía, por­que no sabemos bien en qué consiste ella misma. Pero entonces tampo­co está justificado el abandono. Semejante abandono sería, al parecer, prematuro.

 

Las cosas deben hacerse a su tiempo; ni antes ni después. Cuando ya no tenga sentido plantear preguntas vendrá entonces el tiempo de aban­donar el pensamiento, y junto con él, sus afirmaciones y sus negaciones. ¿Y si descubriéramos después que todo fue en vano porque las despedi­das, como los saludos, son modalidades diversas, pero al fin y al cabo posibilidades del mismo movimiento del pensamiento y de la vi­da que se expresa en las afirmaciones y las negaciones? ¿Qué, si lo esen­cial de nuestra vida tiene que ver con preguntas y respuestas? ¿Qué, si lo más nuestro se teje con afirmaciones y negaciones?

 

II

Los recursos mínimos de la experiencia del pensamiento son el sí y el no, la afirmación y la negación. Pero estos recursos no tienen una natu­raleza exclusivamente lógica, o mejor dicho: la naturaleza lógica del logos no es solamente de carácter lógico. La razón es algo más que lógica, porque la razón es algo más que razón. Porque en ella está algo más, se puede querer tener razón, y también se puede tenerla sin quererlo. Pero la razón no es sólo algo que se pueda tener o no, sino algo que se puede dar sin dejar de poseer, y además, algo que se busca: los filósofos andan por ahí, por los caminos de Dios o del diablo, buscando las razones de lo real. Suce­de con ellos algo así como lo que les pasaría a quienes nunca pudieran dejar de buscar oro para regalarlo a los pobres. A los pobres de razones, se entiende.

¿Y cuándo es más rica la razón, cuando está llena de preguntas o de respuestas?  ¿Cuándo la razón es más poseedora del oro de lo real, cuan­do está repleta de afirmaciones o cuando está en posibilidad de negarlo todo, incluyendo su propia naturaleza? Por cierto: ¿cómo podría destruir­se la naturaleza de la razón? ¿Cuando la acallamos a golpes de poder, con afanes de dominio, con los zarpazos de lo práctico, puesto que en­tonces ya no puede hablar, decir sí y no? ¿Sería también que ella queda muerta cuando le negamos lo que ella necesita para vivir: las interroga­ciones?

 

III

La razón es algo más que razón, porque ella también es vida. La vida de la razón que nos cuentan las historias de la filosofía no queda bien re­velada en sus detalles más interesantes. Los actos de la razón que tienen más fuerza son los de carácter vital: la vida se hace con decisiones que están construidas con aceptaciones y con renuncias. Vivir es decidir. De­cidir es decir sí o no. La razón es vital porque está presente en la decisión de la vida. Es innecesario buscar casos especiales para encontrar mo­mentos en los que la razón se vuelve razón vital y la vida se comporta ra­cional y razonablemente.

El sí y el no son para el pensamiento lo que los electrones y núcleos son para lo atómico; o si se quiere, lo que las células son para la vida: la más pequeña unidad de función y organización. Pero a diferencia de áto­mos y células, el sí y el no constituyen los elementos fundamentales de la experiencia. El sí y el no son entes de naturaleza lógica (del logos), pero principalmente son los hilos del tejido de la experiencia de la vida. Si no hay células no hay vida, si no hay átomos no hay realidad física, si no hay afirmaciones y negaciones no hay vida de la razón, razón para la vida. La condición de posibilidad de toda existencia humana: la posibilidad de de­cir sí o no. Sin las afirmaciones y las negaciones no es posible la vida hu­mana, que es vida racional y razón vital.

Los juicios y los argumentos no son todo lo que puede hacerse con el sí y el no, afirmando y negando. La vida humana se construye y se destruye con afirmaciones y negaciones. Esto no está para pensarse, puesto que es así, y el pensamiento piensa lo que es, para poder afirmar y negar y decir: es así y no es de este otro modo.

IV

¿De dónde sale el no y sus derivados, como los rechazos y las repulsiones? Heidegger dice que hay no porque hay nada. Piensa él que pode­mos negar desde la razón porque en lo real, aunque no pueda advertirse fácilmente, está la nada. En la realidad hay una faena (cumplida por el ente solo o con la ayuda de algo o alguien más) como resultado de la cual el ente es lo arrebatado a la extrema posibilidad contraria: el no ser y la nada. En lo real se muestra la posibilidad abandonada por lo que precisa­mente constituye lo real: los entes que justamente son lo que son: entes, es decir, lo arrebatado a la nada. Así, para Heidegger la pregunta de la metafísica, como interrogación que quiere saber por qué es en general el ente  y no más bien la nada, es una cuestión que intenta "fundamentar el poder dominante de lo que es, entendido como superación de la nada"1. Pero parece que Heidegger no se da cuenta de que esa supera­ción que se lleva a cabo en el ente no es una superación completa o ente­ramente cumplida, ya que la nada continúa ejerciendo un cierto poder (suficiente quizá, no sabemos para qué) sobre el ente a través de... la ne­gación y el no. El no como la palabra, y la negación como el acto. Esto lo podemos descubrir poniendo en relación lo que Heidegger dice en la Introducción a la metafísica en torno a la pregunta fundamental de la metafísica con lo que él mismo afirmó en su conferencia titulada "¿Qué es metafísica?" acerca del no y la negación.

Heidegger comienza su conferencia reflexionando acerca de lo que es una existencia determinada por la ciencia y descubre el hecho de que a partir de la ciencia sólo puede hablarse del ente, de lo que es, y nada más. Pero al no querer hablar sino del ente se habla, sin embargo, de la nada. Y sobre la base de este "conflicto" plantea Heidegger lo que él lla­ma una interrogación metafísica: la pregunta por la nada. En la elabora­ción de esta cuestión, para averiguar si ésta puede o no recibir una respuesta, hace su aparición el problema del origen de la negación y el no.

El pensamiento del filósofo de la Selva Negra discurre de este modo: el conflicto que se origina en el deseo de no hablar de la nada y tener que hablar de ella a pesar de todo, produce la necesidad filosófica de pregun­tar por ella: ¿qué pasa con la nada? Pero ni la pregunta ni la respuesta pueden construirse sin cometer un contrasentido, puesto que la pregun­ta querría saber lo que "es" la nada y la respuesta afirmaría que ella "es" esto o lo otro, convirtiendo así inevitablemente a la nada en su contrario: en un ente. La pregunta, y su posible respuesta, quedan, por tanto, prohi­bida por la norma fundamental del pensamiento que manda evitar la contradicción. El pensamiento, al formular la pregunta por la nada, la convierte en un ente, y la nada es, sin embargo, la negación del ente, co­mo lo determinado el propio pensamiento. La nada no es sino la nega­ción de la omnitud del ente, y la negación es, en última instancia, un acto del pensamiento, un recurso suyo. En otras palabras: Heidegger se per­cata de que el pensamiento, primero, "inventa", por decirlo así, la nada, mediante su capacidad de negación, y luego, prohíbe hablar de ella por­que al hacerlo la convertiría en algo que finalmente sería (algo). Cuando Heidegger se enfrenta a estas dificultades para el planteamiento de la pregunta por la nada piensa en la posibilidad de eliminar al pensamiento, pero el pensamiento se defiende al hacerle ver que la nada existe sólo gracias a su actividad negadora. Pero Heidegger no se deja impresionar fácilmente por lo que el propio pensamiento piensa y le exige que por otros caminos obtenga otros pensamientos: "Sin embargo, ¿es tan cierto lo que ahí damos por supuesto? ¿Representa el no, la negatividad y, con ello, la negación, la determinación superior, bajo la cual cae la nada, co­mo una especie de lo negado? ¿Hay nada solamente porque hay no, esto es porque hay negación? ¿O no ocurre, acaso, lo contrario, que hay no y negación solamente porque hay nada? Cuestión no resuelta ni tan si­quiera formulada explícitamente. Nosotros afirmamos: la nada es más originaria que el no y que la negación"2.

Así pensadas las cosas, la nada no es producto de la negación del pensamiento, sino algo que es parte de la realidad, o lo fundamental de lo real, de lo cual también depende de algún modo el pensamiento: "Si esta tesis resulta justa, la posibilidad de la negación como acto del pen­samiento y, con ello, el entendimiento mismo, dependen de alguna ma­nera de la nada. Entonces, ¿cómo pretende aquél decidir sobre ésta?". Ya está abierta la puerta, pues, para que de la casa de la filosofía pueda marcharse con la cabeza baja: no es, como creía, el que manda aquí. ¿Inevitablemente tenemos que asociar esto con ese momento de la his­toria en el que Freud dice que el psicoanálisis le dijo al hombre que ya no podía seguir creyendo que él era el dueño y señor de su propia casa por­que lo que le pasaba era algo más inconsciente que consciente?

 

V

 

¿El pensamiento y sus recursos (el sí y el no) no pueden decidir sobre la nada como la conciencia no puede hacerla sobre los procesos inconscientes? Sumando los descubrimientos de la investigación psicoanalítica (La interpretación de los sueños, 1990; "Lo inconsciente", 1915; "La represión", 1915; "La negación", 1925),  Freud podría pregunar: ¿hay represión solamente porque hay no, esto es porque hay negación? ¿O acaso ocurre lo contrario, que hay no y negación solamente porque hay represión? La ausencia del no en lo inconsciente no es un hecho tan inte­resante como el de la íntima relación de la negación con lo reprimido. Hay negación porque hay represión: "El nódulo del sistema inconsciente está constituido por representaciones de instintos que aspiran a derivar su carga, o sea por impulsos de deseos (...). En este sistema no hay ne­gación ni duda alguna, ni tampoco grado ninguno de seguridad. Todo esto es aportado luego por la labor de la censura que actúa entre los sis­temas inconsciente y preconsciente. La negación es una sustitución a un nivel más elevado de la represión"3. Cuando Freud habla de la represión y de la negación está hablando de los destinos de los instintos4 (Triebe und  Triebschchicksale),  del estímulo exterior me salvo mediante la fuga, pero no puedo fugarme para defenderme del instinto, porque "el yo no puede huir de sí mismo"5, entonces, ¿cómo me defiendo de ese instin­to que soy yo mismo? A través de un enjuiciamiento reflexivo o condena cuya fase preliminar Freud llama represión. El destino de los instintos tiene que ver con la salvación del hombre de (¿una parte?) sí mismo. La negación, y la represión (despojo de la eficacia del instinto) de la que forma parte, sirve para... ¿para que el hombre no sea tan animal? ¿Y en este sentido la negación es sólo algo nuestro, que no tiene nada que ver con las características de lo real?

Si el hombre fuera lo que Protágoras quería que fuera: "la medida de todas las cosas, de las que son en tanto que son y de las que no son en tanto que no son"6, si el hombre fuera la medida de lo real, la negación sería un recurso suyo para modelar la realidad, negando lo que le pare­ciera bueno negar y afirmando lo que valiera la pena afirmar. Pero ¿qué tiene que ver la negación con lo real? ¿A quién pertenece la negación?

 

VI

¿Quién es el dueño del no y la negación? La respuesta de Sartre está bien delineada: ese ser por el cual la nada viene al mundo. Sartre plantea el camino de la metafísica de la siguiente manera: de la cuestión del ser al problema de la nada, pasando por la averiguación de lo que es la interro­gación y explorando el origen de la negación.

Estamos ya, por distintas razones, frente a la cuestión del ser. Ahora bien, sea que preguntemos por el ser o por lo que es algún ente, la in­terrogación es una actitud humana que es capaz de presentar la unión entre el hombre y el mundo (el ser para sí y el ser en sí), es decir, una ac­titud peculiar que posee el poder extraordinario de poder poner ante la comprensión el ser mismo y el de las cosas. ¿Y cómo es posible esto? Es posible sencillamente porque la negación y la nada existen, ya que una y otra son la condición de toda pregunta posible.

Para Sartre, pues, si la negación no existiera, no habría tampoco al­guna posibilidad de formular preguntas y responderlas. Nosotros, los que hablamos, fácilmente nos damos cuenta de que para poder pregun­tar y obtener respuestas tenemos que contar con la pareja formada por el no y el sí. De otro modo, ¿para qué habríamos de preguntar y pedir res­puestas? Si no hay alguien que pueda decirme que no o que sí, no tiene sentido formular cuestión alguna7. Pero para Sartre la negación y la afir­mación, el no y el sí no pertenecen al que habla, sino a la cosa respecto a la cual yo formulo preguntas. Según él, esto se advierte puesto que en el momento en que yo pregunto acepto de antemano la posibilidad de una respuesta negativa: "esto significa que aceptamos enfrentamos con el ser trascendente de la no-existencia de tal conducta [o cosa por la que preguntemos]. Se caerá quizá en la tentación de no creer en la existencia objetiva de un no-ser; se dirá, simplemente, que en ese caso el hecho me remite a mi subjetividad; el ser trascendente me enseñaría que la conduc­ta buscada es una pura ficción. Pero, en primer lugar, llamar a esa con­ducta una pura ficción es enmascarar la negación sin suprimirla. 'Ser pu­ra ficción' equivale aquí a 'no ser sino una ficción'. Además, destruir la realidad de la negación es hacer desvanecer la realidad de la respuesta. Esta respuesta, en efecto, me es dada por el ser mismo; éste es, pues, quien me devela la negación"8. Por otro lado, aparece otro no-ser, ya no en lo interrogado sino en el interrogador: "Con respecto a esta posibi­lidad, el interrogador, por el mismo hecho de interrogar; se pone como en¡¡un estado de no-determinación; él no sabe si la respuesta será afirma­tiva o negativa. Así, la interrogación es un puente lanzado entre dos no-­seres: no-ser del saber en el hombre, posibilidad de no-ser en el ser tras­cendente”9. Y finalmente, otro no-ser, el que queda determinado en la verdad, cuando se dice: "es así y no de otra manera", o sea el no-ser de la, delimitación. De este modo, la causa del sí (aunque Sartre no lo diga expresamente) sería el ser, mientras que la razón del no sería el no ser. La negación, pues, no es imputable a mí, como sujeto, no aparece sólo en el' nivel de un acto judicativo por el cual yo establezco una comparación entre el resultado esperado y el resultado obtenido. La negación, según el autor del El ser y la nada, pertenece al no-ser, y hay no-ser porque hay nada. Por tanto, la cuestión ha de plantearse así: "si la negación, como estructura de la proposición judicativa, está en el origen de la nada, o si, por el contrario, esta nada, como estructura de lo real, es el origen y funda­mento de la negación". El problema que nace en seguida es el de la ra­zón de ser de la nada: ¿por qué hay nada? ¿de dónde viene la nada?

En suma: hay pregunta por el ser. Esta pregunta, como cualquier otra, es posible porque hay negación. Hay una cantidad infinita de reali­dades que están "habitadas" por la negación y que por lo mismo llama­mos "negatidades" (la destrucción, la ausencia, la alteración, la alteri­dad, la repulsión, el pesar, etc.). Pero no hay negatidades ni negación si no hay nada, que es su origen y fundamento. Pero... Pero si no hay hombre, no hay nada. Para que haya nada es necesario que haya ser humano, es decir, un ente que sea "su propia nada", y por tanto, una for­ma de ser por la cual "la nada viene al mundo". Así, poco tiempo des­pués de que Heidegger intentó demostrar que el no y la negación no per­tenecen al hombre sino al ser y la nada, denunciando la ilegitimidad de esa posesión, como la de un secuestro o como se tienen las cosas mal habidas, Sartre desarrolló un trabajo de pensamiento donde está en pri­mer lugar el hombre (précisémente nous sommes sur un plan où il y a seulement des hommes)10,y no el ser como quería Heidegger (où il y a principalement  l'Etre)11 .

Antes de despedimos de la filosofía, tenemos que averiguar si los se­res humanos hemos sustraído el no y la negación al ser y la nada; es pre­ciso investigar, justamente siguiendo las huellas de nuestro pensamien­to, si somos los dueños del sí y el no, de la afirmación y la negación. Las afirmaciones de Heidegger y las negaciones de Sartre nos invitan a participar en el uso del sí y el no, aunque ahora alguien pueda miramos como si los hubiésemos robado, y aunque tengamos que utilizarlos mo­deradamente, como quizá se nos recomendó que lo hiciéramos desde que somos un diálogo y podemos decir que sí y que no.

 

Notas y referencias

1 Martin Heidegger, Introducción a la metafísica [Einfürung in die Metaphysik, 1953],  tr. Emilio Estiú, Buenos Aires: Nova, 1966, cap. 1. Original: Einfürung in die Metaphysik, Tubinga: Max Niemeyer Verlag, 1966.

2 —, ¿Qué es metafísica? [Was ist Metaphysik, 1929], tr. X. Zubiri, introducción de E. Paci, Buenos Aires, Ediciones Siglo Veinte, 1970, p. 84.

3 Sigmund Freud, "Lo inconsciente" [   ], en el vol. 11 de las Obras completas,  tr. de L. López-Ballesteros y de Torres, Madrid: Biblioteca Nueva, 1973, p. 2072.

4—, "Los instintos y sus destinos" [   ], en la ed. cit., pp. 2039 y ss.

5—, “La represión” [   ], ed. cit., p. 2053.

6Protágoras en Platón. Falta agregar.

7 J.-P. Sartre, El ser y la nada. Ensayo de ontología fenomenológica [L'Etre et le néant. Essai d'ontologie phénoménologique,1943]tr. Juan Valmar, Buenos Aires: Losada, 1972, primera parte, cap. 1, 1, p. 43.  Original: L'Etre et le néant. Essai d'ontologie phénoménologique [1943], París: Librairie Gallimard, 1943, pp. 27 Y ss.

 8J.-P. Sartre, op. cit., ed. castellana, p. 43.

9Cf. M. Heidegger, Carta sobre el humanismo [Üeber den Humanismus, 1945], tr. R. Gutiérrez Girardot, Madrid: Taurus, 1966, p. 32. Versión bilingüe: Lettre sur L'humanisme/Üeber den Humanismus, texto alemán y traducción al francés por R. Mounier París: Aubier, Editions Montaigne, 1964.

10 Sartre. Falta.

11Heidegger. Falta.


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