Solamente un dios puede todavía salvarnos
Martin Heidegger entrevistado por la revista Der Spiegel

martin heidegger

traducción de
juan manuel silva camarena

Revista de filosofía
México: Universidad Iberoamericana, XX, 66 (1989), 354-374.

La presente entrevista apareció el 31 de mayo de 1976 en el semanario alemán Der Spiegel, cuando apenas habían transcurrido algunos días después de la muerte de Martin Heidegger. En el mes de septiembre de 1966 el editor y un miembro de la redacción de ese seminario tuvieron esta entrevista con Heidegger, quien aceptó llevarla a cabo únicamente bajo la promesa de que no se publicaría sino después de su muerte. Por esta razón se opuso resueltamente a la proposición de adelantar la publicación de la entrevista, afirmando que no se trataba de orgullo o de obstinación sino exclusivamente del cuidado de su trabajo.

Hoy, paradójicamente, parece más bien que se puede contribuir al cuidado de su trabajo con la nueva publicación de la entrevista, si es que ella tiene algún poder para aclarar hechos y circunstancias cuando la polémica del rumor y la calumnia se vuelve a encender al presentársele una oportunidad, como fue previsto por el pensador de la Selva Negra alemana.

Spiegel.—Señor Profesor Heidegger: Siempre se ha constatado que una sombra pesa un poco sobre su obra filosófica, debido a sucesos de su propia vida, que no duraron mucho tiempo y que jamás fueron verdaderamente esclarecidos.

Heidegger.— Quiere usted decir 1933.

Spiegel.—Sí. Antes y después. Nosotros quisiéramos de nuevo colocar ese asunto en un contexto más amplio, y a partir de ahí, llegar a algunas cuestiones que parecen importantes. Por ejemplo, ¿qué posibilidades hay, a partir de la filosofía, de actuar en la realidad, incluyendo en ella la realidad política?

Heidegger.— Esas son, en efecto, cuestiones importantes. Pero me pregunto si podría responder a todas. En primer lugar, debo decir que nunca había realizado ningún tipo de actividad política antes de mi rectorado. Durante el semestre de invierno de 1932-1933, estuve de vacaciones, y la mayor parte del tiempo permanecí arriba, en mi cabaña.

Spiegel.—Entonces, ¿cómo se convirtió usted en rector de la Universidad de Friburgo?

Heidegger.— En diciembre de 1932, fue elegido rector mi vecino Von Möllendorf, profesor titular de la cátedra de anatomía. En esa Universidad, la fecha en que el rector debe entrar en funciones es el 15 de abril. En el semestre de invierno de 1932-1933 habíamos hablado a menudo acerca de la situación política, sobre todo acerca de la situación de la Universidad y de la situación de los estudiantes, que bajo ciertas consideraciones parecía no tener salida. Mi opinión fue la siguiente: según la manera en que yo puedo juzgar las cosas, no hay sino una sola posibilidad: la de intentar captar con las fuerzas constructivas, todavía verdaderamente vivas, la corriente que se dibuja.

Spiegel.—¿Percibió usted, por tanto, una relación entre la situación de la Universidad alemana y la situación política general de Alemania?

Heidegger.— Estoy seguro de haber seguido los sucesos entre enero y marzo de 1933, también de que llegué a hablar de ellos con los colegas más jóvenes. Pero entonces mi trabajo estaba consagrado a una vasta interpretación del pensamiento presocrático. Regresé a Friburgo al comenzar el semestre de verano. Entretanto, el profesor Möllendorf se había hecho cargo de las funciones de rector a partir del dieciséis de abril. Dos semanas más tarde, fue relevado de sus funciones por el ministro de educación de Baden. El ministro tuvo la oportunidad, probablemente deseada, de tomar esa decisión a partir del hecho de que el rector había prohibido que en el interior de la Universidad se fijara el llamado "cartel de los judíos".

Spiegel.—Möllendorf era social demócrata. ¿Qué hizo después de que fue depuesto de su cargo?

Heidegger.— El mismo día que fue depuesto, Möllendorf vino a verme y me dijo: "Heidegger, ahora le toca a usted tomar el rectorado". Yo le hice la observación de que no tenía ninguna experiencia acerca del funcionamiento de la administración. El ex rector de ese momento, Saver (de teología), me presionó también para que fuera candidato para la rectoría. De otro modo, según me dijo, arriesgaríamos la nominación de un funcionario. Los colegas más jóvenes, con los cuales yo había discutido desde hace largos años las cuestiones referentes a la organización de la Universidad, rivalizaron para convencerme de que yo debía convertirme en rector. Vacilé durante un largo tiempo y finalmente me declaré listo para asumir ese cargo, únicamente en el interés de la Universidad, y siempre y cuando pudiera estar seguro de la aprobación unánime de la asamblea plenaria. Sin embargo, subsistieron mis dudas acerca de mi capacidad administrativa, de suerte que la mañana misma del día fijado para mi elección me dirigí al rectorado y declaré a los colegas que estaban ahí, Möllendorf y el ex rector Saver, que yo no podría ocupar esa función. En seguida me dijeron los colegas que la elección había sido preparada de tal manera que ya no podía renunciar a mi candidatura.

Spiegel.—Acerca de la cual usted se había declarado definitivamente listo. ¿Qué forma habían adquirido entonces sus relaciones con los nacional-socialistas?

Heidegger.—Dos días después de que me hice cargo de mis funciones, el líder de los estudiantes nacional-socialistas se presentó en el rectorado, acompañado de dos compañeros, y exigió que se fijara de nuevo el cartel acerca de los judíos. Yo me rehusé. Los tres estudiantes se retiraron y me advirtieron que mi prohibición sería transmitida a la Dirección Nacional de Estudiantes Nacional-Socialistas. Algunos días más tarde me llamó por teléfono, desde la oficina encargada de la enseñanza superior de la dirección central de la S.A., el jefe del grupo de la S.A., el doctor Baumann, y me exigió que se procediera a fijar el cartel, como ya se había hecho en otras Universidades. En caso de que yo me negara a hacerlo, debía atenerme a mi deposición, y no sólo eso, sino incluso hasta que se cerrara la Universidad. Traté de lograr que el ministro de educación de Baden apoyara mi prohibición, pero declaró que él no podía emprenderla contra la S.A. Por tanto, ya no insistí en mi prohibición.

Spiegel.—Hasta ahora no se sabía que las cosas hubieran pasado de esa manera.

Heidegger.— El motivo que me decidió a asumir el rectorado estuvo ya enunciado en mi conferencia inaugural de Friburgo en 1929, ¿Qué es metafísica? : “Los dominios de las ciencias están bien separados los unos de los otros. La manera en que las ciencias tratan sus objetos es cada vez más radicalmente diferente. Hoy esa multiplicidad de disciplinas dispersas no tiene otra coherencia, sino aquélla que le otorga la organización técnica de las Universidades y de las Facultades. Y ya no tienen nada en común, sino la utilización práctica que se hace de sus especialidades. Por su lado, el enraizamiento de las ciencias en el fundamento de su ser, es cosa muerta". Lo que yo traté de hacer durante el tiempo que duraban mis funciones, en cuanto a la conciliación del estado en que se encontraban las Universidades, hasta las formas extremas que han tomado hoy en día, quedó expuesto en mi discurso de rectorado.

Spiegel.—Tratamos de descubrir de qué manera y hasta qué punto esa declaración de 1929 recubre eso que usted dijo en 1933, en su discurso inaugural de rector. Extraemos aquí una frase de su contexto: "La libertad académica de la que tanto se habla ha sido expulsada de la Universidad alemana; ya que esa libertad no era verdadera, era solamente negativa". Creemos tener el derecho de suponer que esa frase expresa, cuando menos en parte, concepciones de las que usted está cerca todavía hoy en día.

Heidegger.— Sí. Yo mantengo eso que he dicho. Esa libertad académica no era frecuentemente sino una libertad negativa. La libertad de no tomarse la molestia de abrirse a la reflexión y a la meditación que exigen los estudios científicos. El resto de la frase que ustedes han extraído no debería leerse aisladamente. Debe restituírsele a su contexto. Entonces se vería claramente lo que yo quise dar a entender con el término de libertad negativa.

Spiegel.—De acuerdo. Nosotros creemos, sin embargo, percibir un nuevo tono en su discurso de rectorado. Cuando usted habla, por ejemplo, cuatro meses después de la nominación de Hitler como Canciller del Reich, de la grandeza y magnificencia de esa salida.

Heidegger.— Tal era entonces mi convicción.

Spiegel.—¿Quiere usted comentar eso un poco más?

Heidegger.—Con gusto. En ese momento yo no vi otra alternativa. En medio de la confusión general de las opiniones y de las tendencias políticas representadas por veintidós partidos, se trataba de encontrar una posición nacional, y sobre todo, social, en el sentido general de la tentativa de Friedrich Naumann. Para darles simplemente un ejemplo, podría citar un ensayo de Eduard Spranger que va mucho más lejos que mi discurso de rectorado.

Spiegel.—¿Cuándo comenzó usted a ocuparse de la vida política? Porque los veintidós partidos estaban ahí desde hacía mucho tiempo, y en 1930 había ya también millones de desempleados.

Heidegger.—En ese tiempo yo estaba aún enteramente concentrado en las cuestiones que fueron desarrolladas en Ser y tiempo en 1927, y en los escritos y conferencias de los años siguientes. Esas son cuestiones fundamentales del pensamiento que se relacionan, además, mediatamente con las cuestiones nacionales y sociales. Para mí, de un modo inmediato, en tanto que profesor de la Universidad, se planteaba la cuestión del sentido de las ciencias y al mismo tiempo de la determinación de la tarea de la Universidad. Esa búsqueda quedó expresada en el título de mi discurso del rectorado: La autoafirmación de la Universidad alemana . Ningún discurso de rectorado en ese tiempo había osado tener un título semejante. Pero, ¿quiénes, entre aquellos que han polemizado contra ese discurso, lo han leído a fondo, meditado e interpretado a partir de la situación de esa época?

Spiegel.—"Autoafirmación de la Universidad", en un mundo tan turbulento, ¿no tiene esto acaso un poco un aire de inoportuno?

Heidegger.—¿Cómo? La autoafirmación de la Universidad va contra la pretendida ciencia política que desde esa época era reclamada en el interior del partido y por los estudiantes nacional-socialistas. Ese nombre de "ciencia política" tenía entonces un sentido completamente distinto al que se le otorga hoy en día. No designaba la politología, y más bien significaba esto: "La ciencia, en tanto que tal, su sentido y su valor, son cosas que decide la gente en función de su utilidad práctica". La posición contraria a esta politización de la ciencia está enunciada expresamente en el discurso del rectorado.

Spiegel.—¿Lo comprendemos bien a usted? Cuando condujo usted la Universidad en esa época que sintió como una salida, quería afirmar la originalidad de la Universidad contra las corrientes, por otra parte tan poderosas, que no habrían dejado ser más a la Universidad en su carácter propio.

Heidegger.—Ciertamente. Pero la auto-afirmación debía, al mismo tiempo, darse a la tarea, frente a la organización únicamente técnica de la Universidad, de recobrar un nuevo sentido a partir de una reflexión acerca de la tradición del pensamiento occidental-europeo.

Spiegel.—Señor profesor, ¿debemos entender que en ese momento usted pensó obtener la curación de la Universidad en colaboración con los nacional-socialistas?

Heidegger.—La formulación es falsa. No en colaboración con los nacionalsocialistas. La Universidad debía renovarse a partir de una reflexión propia y conquistar así una posición sólida frente a la politización de la ciencia, en el sentido que ya he señalado.

Spiegel.—Y por eso en su discurso del rectorado usted proclamó esos tres pilares: "servicio del trabajo", "servicio de la defensa", "servicio del saber". Así, pensaba usted entonces, el servicio del saber debía ser puesto al mismo rango que los otros. Una posición que los nacional-socialistas no le habían reconocido.

Heidegger.—No es cuestión de pilares. Si ustedes leen atentamente, el servicio del saber ocupa, en la enumeración, el tercer lugar, pero el sentido le otorga el primero. Lo que se trata de meditar es que el trabajo y la defensa están, como toda actividad humana, fundados en un saber y esclarecidos por él.

Spiegel.—Sin embargo, hace falta —y con esto habremos terminado en seguida con esas citas fastidiosas—, que hablemos de una frase que no podemos imaginar que usted suscribiría todavía hoy. En el otoño de 1933 usted había dicho: "las tesis y las ideas no son la regla de nuestro ser, el Führer mismo, y sólo él, es el presente y el porvenir de la realidad alemana y su ley".

Heidegger.—Esas frases no se encuentran en el discurso del rectorado, sino en el periódico local de los estudiantes de Friburgo, al comienzo del semestre de invierno de 1933-1934. En el momento que yo acepté el rectorado sabía claramente que no me escaparía de contraer compromisos. Hoy en día, yo no volvería a escribir las frases citadas. Desde 1934 no he dicho nada más del mismo género.

Spiegel.—¿Podemos todavía plantearle una cuestión incidental? Esta entrevista ha puesto en claro ahora que su actitud durante 1933 se movía entre dos polos. Primeramente, usted estaba obligado a decir ciertas cosas ad usum Delphini. Este era el primer polo. El otro polo fue, cuando menos, más positivo; es ese que usted expresa cuando dice: "tuve la sensación de que ahí había alguna cosa nueva, de que había una salida".

Heidegger.—Eso es. Yo no hablé solamente para fingir. Yo veía esa posibilidad ahí.

Spiegel.—Usted sabe que a propósito de eso se le han reprochado muchas cosas concernientes a su colaboración con la N.S.D.A.P. y sus asociaciones. Y que estos reproches, para la opinión pública, no han recibido una respuesta. Así se le ha reprochado el haber tomado parte en la quema de libros, organizados por los estudiantes y la juventud hitlerianas.

Heidegger.—Yo había prohibido la quema de libros que debía tener lugar frente al edificio de la Universidad.

Spiegel.—Luego, se le ha reprochado que haya usted ordenado que se retiraran de la biblioteca de la Universidad o del seminario de filosofía los libros de los autores judíos.

Heidegger.—Como director del seminario yo no tenía poder sino sobre la biblioteca que pertenecía al mismo. Yo no cedí a la exigencia de hacer desaparecer los libros de autores judíos. Los antiguos participantes de mi trabajo de seminario pueden testimoniar hoy que no solamente no fueron retirados los libros de los autores judíos, sino que esos autores, en primer lugar Husserl , fueron citados y comentados como antes de 1933.

Spiegel.—¿Cómo explica usted, entonces, que hayan podido nacer tales rumores? ¿Se trata de maldad?

Heidegger.—Después del conocimiento que tengo de sus fuentes, estoy inclinado a creerlo. Pero los motivos de la calumnia son más profundos. Mi aceptación del rectorado no fue, probablemente, sino la ocasión propicia, pero no la razón determinante. Por eso pienso que la polémica se volverá a encender siempre a partir de que se presenta una ocasión.

Spiegel.—Usted también tuvo, después de 1933, estudiantes judíos. Sus relaciones con algunos de ellos pasaron por haber sido muy cordiales.

Heidegger.—Mi actitud ha permanecido sin cambio después de 1933. Una de mis alumnas más antiguas y mejor dotadas, Helen Weiss , que emigró más tarde a Escocia, formalizó su doctorado en Basilea, pues en ese momento ya no fue posible en Friburgo, con un trabajo sobre causalidad y azar en la filosofía de Aristóteles, impresa en Basilea en 1942. Al final del prefacio, la autora escribió: "El ensayo de interpretación fenomenológica, cuya primera parte presentamos aquí, ha sido llevado a cabo gracias a las interpretaciones todavía inéditas de Martin Heidegger acerca de la filosofía griega". He aquí el ejemplar con una dedicación de la autora. Yo visité a la señora Weiss en Basilea muchas veces antes de su muerte.

Spiegel.—Usted había estado mucho tiempo ligado amistosamente con Jaspers. Después de 1933, sus relaciones comenzaron a enturbiarse. El rumor pretende que eso está relacionado con el hecho de que la esposa de Jaspers fue judía. ¿Quisiera usted decir algo con respecto a este asunto?

Heidegger.—Desde 1919 yo tuve lazos de amistad con Jaspers. Lo visité a él y a su esposa en Heidelberg durante el semestre del verano de 1933. Jaspers me envió todas sus publicaciones desde 1934 hasta 1938 "con un saludo muy cordial".

Spiegel.—Usted fue discípulo de su predecesor judío en la cátedra de filosofía de la Universidad de Friburgo: Edmundo Husserl. Él lo recomendó a usted a la facultad para que usted fuese, después de él, titular. ¿Su relación con él no pudo no haber estado marcada mediante la gratitud?

Heidegger.—¿Conoce usted bien la dedicatoria de Ser y tiempo?

Spiegel.—Naturalmente. Sin embargo, su relación se enturbió después. ¿Puede decimos por qué?

Heidegger.—Las diferencias contenidas en el fondo mismo de las cuestiones se han acentuado. Husserl procedió desde el comienzo de los años treinta a un público ajusté de cuentas con Max Scheler y conmigo mismo de una manera que no pudo ser más clara. Aquello que incitó a Husserl a tomar posición también de modo público contra mi pensamiento, yo no lo he podido saber.

Spiegel.—¿Cuándo fue eso?

Heidegger.—En el Palacio de los Deportes de Berlín, Husserl habló a los estudiantes. Erich Mühsan hizo una reseña de esa intervención en uno de los grandes diarios de Berlín.

Spiegel.—La querella como tal no es interesante en nuestro contexto. Lo que es interesante es que no se trató de una querella en relación con el año 1933.

Heidegger.— En lo más mínimo.

Spiegel.—Se le ha reprochado que en 1941, en la quinta edición de Ser y tiempo, suprimió la dedicatoria original a Husserl.

Heidegger.—Eso es exacto. Me expliqué en mi libro Unterwegs zur Spreche (En marcha hacia la palabra). Ahí se dice lo siguiente: " ... para responder a los falsos alegatos que se reproducen numerosamente, queda dicho expresamente aquí que la dedicatoria de Ser y tiempo de la que se trata en la página noventa y dos de este texto, sigue estando en su lugar al frente del libro en la cuarta edición de 1935. Cuando el editor vio que la reimpresión en 1941 de una quinta edición representaría un compromiso o incluso la prohibición del libro, bajo la proposición y deseo expresado por Niemeyer, él decidió finalmente suprimir la dedicatoria en esa edición, con la condición, puesta por mí, de que permanecería la nota de la página treinta y ocho que en efecto, da razón de esa dedicatoria en los siguientes términos: " ... si la presente investigación da unos pasos hacia adelante por el camino que abre hacia las cosas mismas, lo debe el autor, en primer lugar, a Edmund Husserl, quien lo familiarizó durante sus años de estudio en Friburgo, con los más variados dominios de la investigación fenomenológica mediante una solícita dirección personal y la más libre comunicación de trabajos inéditos" .

Spiegel.—Entonces casi ya no tenemos necesidad de preguntarle si es exacto que usted, en su calidad de rector de la Universidad de Friburgo, haya prohibido al profesor honorario Husserl el acceso o el uso de la biblioteca de la Universidad y del seminario de filosofía.

Heidegger.—Eso es una calumnia.

Spiegel.—¿Y no existe una carta donde se expresa esa prohibición hecha a Husserl? ¿Cómo pudo nacer ese rumor?

Heidegger.—Yo no lo sé. No encuentro una explicación. Puedo demostrar a ustedes la imposibilidad de todo asunto mediante un hecho que no es conocido. Durante mi rectorado, el profesor de medicina Thannhauser, director de la Clínica de la Universidad, y el futuro premio Nobel von Hevesy, profesor de física y química, ambos judíos, fue exigida su salida por el ministerio. Yo los pude mantener como consecuencia de una gestión personal con el ministro. Que yo haya podido mantener en sus funciones a esas dos personalidades, y al mismo tiempo haya actuado, según la versión propalada, contra Husserl, profesor entonces ya retirado y mi propio maestro, es absurdo. Igualmente impedí que los estudiantes y los profesores organizaran una manifestación contra el profesor Thannhausser.

Spiegel.—Usted no asistió al entierro de Husserl en 1938.

Heidegger.—Yo lo diría de esta manera: el reproche que se me ha hecho de que rompí mis relaciones con Husserl no está fundado. Mi mujer había escrito en mayo de 1933 una carta a la señora Husserl, en nuestro nombre y dirigida a los dos, en la cual nosotros le expresábamos nuestra gratitud permanente, y ella envió esa carta con un ramo de flores a Husserl. La señora Husserl nos respondió brevemente con una fórmula de agradecimiento, y puso por escrito que las relaciones entre nuestras familias estaban rotas. Que durante la enfermedad y la muerte de Husserl no haya expresado una vez más mi reconocimiento y mi respeto, es una falla humana de la cual yo me excusé por carta a la señora Husserl.

Spiegel.—Husserl murió en 1938. Desde febrero de 1934 usted había demitido de su cargo de rector. ¿Cómo sucedió eso?

Heidegger.—Es necesario que me extienda un poco en los detalles. Para superar la organización técnica de la Facultad, es decir, para renovar las Facultades desde dentro a partir de su tarea relacionada con las cosas mismas, yo propuse el semestre de invierno de 1933-1934 nombrar un decanato de las diferentes facultades con los colegas más jóvenes, sobre todo con los que fueran más competentes en su propio dominio, y eso sin tener en cuenta su posición respecto al partido. Fue así como se convirtieron en decanos, por la Facultad de Derecho, el profesor Erik Wolf; por la Facultad de Flosofía, el profesor Schadewaldt; por la Facultad de Ciencias, el profesor Soergel; por la Facultad de Medicina, el profesor von Möllendorf (quien había sido revocado del rectorado). Pero, desde la Navidad de 1933, fue para mí evidente que yo no podría hacer que tuviera éxito el plan de renovación de la Universidad que yo tenía en mente, contra las resistencias en el interior del cuerpo de los profesores, ni contra el partido. Por ejemplo, mis colegas no me perdonaron que hubiera hecho un lugar a los estudiantes en la administración responsable de la Universidad, exactamente como se hace hoy en día. Un día yo fui convocado al Karlsruhe donde el ministro, por medio de un consejero y en presencia del Gaustudentenführer , y se me exigió que remplazara a los decanos de la Facultad de Derecho y de Medicina por otros colegas que hubieran sido aprobados por el partido. Yo rechacé esa exigencia y anuncié que demitiría del rectorado si el ministro la mantenía. Ese fue el caso. Eso sucedió en febrero de 1934. Dimití diez meses después de haber entrado en funciones, cuando que los rectores, en esa época, ocupaban su cargo dos años y más. La prensa, que en Alemania y en el extranjero había comentado tan difusamente mi promoción al rectorado, guardó silencio acerca de mi dimisión.

Spiegel.—¿En esa época usted había tenido la oportunidad de exponer sus ideas acerca de la reforma de la Universidad al ministro competente del Reich?

Heidegger.—¿Cuándo es esa época?

Spiegel.—Usted sabe que se habla siempre de un viaje que Rust habría hecho a Friburgo en 1933.

Heidegger.—Se trata de dos episodios diferentes. Con ocasión de una celebración en memoria de Schlageter en Schönau, en el Wurtemberg, tuvo lugar un encuentro oficial en el cual yo saludé al ministro. Por otro lado, yo ya había hablado con el ministro en noviembre de 1933 en Berlín. Le expuse mi concepción de la ciencia y de la forma que se podría dar a las Facultades. Me escuchó atentamente, de manera que yo tuve la esperanza de que mi exposición pudiera tener algún efecto. Pero no sucedió nada. Yo no veo por qué se me hace agravio de esa entrevista con el ministro de educación del Reich de esa época, dado que en ese momento todos los gobiernos extranjeros tuvieron la atención de reconocer a Hitler, tal como se usa entre las naciones y de testimoniar su consideración.

Spiegel.—¿Sus relaciones con la N.S.D.A.P. cambiaron después de su dimisión del rectorado?

Heidegger.—Después de mi dimisión al rectorado, yo me limité a las tareas docentes. Durante el semestre de verano de 1934, yo di un curso de lógica. El semestre siguiente, 1934-1935, di mi primer curso sobre Hölderlin, En 1936 comenzamos el curso sobre Nietzsche. Todos los que quisieron entender, entendieron que se trataba ahí de una discusión con el nacional-socialismo.

Spiegel.—¿Cómo se efectuó la transmisión del cargo del rector? ¿No asistió usted a la ceremonia?

Heidegger.—En efecto. Yo me rehusé a asistir a la ceremonia oficial para la transmisión del cargo a mi sucesor.

Spiegel.—Su sucesor fue un miembro comprometido con el partido.

Heidegger.—Él era jurista. El diario del partido Der Alemanne anunció su nominación de rector con grandes titulares: "El primer rector nacionalsocialista de la Universidad".

Spiegel.—¿Cómo se comportó el partido con usted?

Heidegger.—Yo fui constantemente vigilado.

Spiegel.—¿Tiene usted prueba de ello?

Heidegger.—Sí. El caso del doctor Hanke.

Spiegel.—¿Cómo se dio usted cuenta de eso?

Heidegger.—Porque él mismo me vino a ver. Ya había obtenido su doctorado en el semestre de invierno de 1936-1937, Y había participado en mi seminario superior del semestre de verano de 1937. Fue enviado por los Servicios de Seguridad para vigilarme.

Spiegel.—¿Cómo fue que vino bruscamente a descubrírsele?

Heidegger.—A causa de mi seminario sobre Nietzsche, durante el semestre de verano de 1937, de la manera en que se llevaba a cabo el trabajo. Ahí me confesó que no podría asumir más el trabajo de vigilancia que se le había encargado. Dijo que quería ponerme al corriente de esa situación en previsión del porvenir de mi enseñanza.

Spiegel.—Entonces el partido tuvo un ojo atento en usted.

Heidegger.—Yo sabía simplemente que no se tenía el derecho de hablar de mis escritos. Por ejemplo, del ensayo sobre La doctrina de Platón acerca de la verdad . Mi conferencia sobre Hölderlin, que pronuncié en Roma en la primavera de 1933 en el Instituto Germánico , fue vilmente atacada en la revista de la juventud hitleriana Wille und Macht (Voluntad y poder). Quien se interese en este asunto, deberá revisar la revista de E. Krieck, Volk im Werdem (Pueblo en devenir) y leer la polémica que comenzó contra mí a partir del verano de 1934. En el Congreso Internacional de Filosofía, que tuvo lugar en Praga en 1934, yo no fui delegado representando a Alemania. De alguna manera, se me eliminó para el Congreso Internacional sobre Descartes, que tuvo lugar en París en 1937. Eso fue tan extraño en París que la dirección del Congreso en la persona del profesor Bréhier, de la Sorbona, tomó la iniciativa de informarse, recurriendo a mí mismo, de la razón por la cual yo no formaba parte de la delegación alemana. En mi respuesta a la dirección del Congreso yo les rogué que se dirigieran al ministro de educación del Reich para obtener mayor información acerca de este caso. Poco tiempo después me llegó de Berlín una invitación para que me uniera repentinamente a la delegación, a lo cual yo me rehusé. Respecto de las conferencias: "¿Qué es la metafísica?" y "De la esencia de la verdad" , fueron vendidas, bajo los mostradores, con una cubierta sin título. Asimismo el discurso de rectorado, después de 1934, fue retirado de su venta por orden del partido.

Spiegel.—¿Después empeoraron las cosas?

Heidegger.—Durante los últimos años de la guerra quinientos sabios y artistas, entre los cuales se encontraban los más eminentes, fueron exentados de cualquier forma de servicio militar. Yo no formé parte de los que quedaron exentos; por el contrario, durante el verano de 1944 se me requisitó para que tomara parte en los trabajos de fortificación sobre el Rhin.

Spiegel.—Karl Barth llevó a cabo trabajos de fortificación en la otra rivera, en la rivera suiza.

Heidegger.—Es interesante la manera en que las cosas pasaron. El rector había invitado a todo el cuerpo de profesores. El pronunció un breve discurso cuyo contenido fue el siguiente: lo que había dicho ahora había sido convenido con el Kreisleiter y el Gauleiter nacionalsocialista. El ahora iba a dividir el conjunto del cuerpo de profesores en tres grupos. Primeramente, aquellos de los cuales se podía prescindir enteramente. En segundo lugar, aquellos de los cuales se podía prescindir a medias. Y en tercer lugar, aquellos de los cuales no se podría prescindir. Encabezando la lista de aquellos de los que se podría prescindir enteramente fue nombrado Heidegger, después de G. Ritter. Durante el semestre de invierno de 1944-1945, después de que terminaron los trabajos de fortificación sobre el Rhin, yo di un curso con el título de "Poesía y pensamiento" [Dichten und Denken], que de algún modo es la continuación de mi curso acerca de Nietzsche, es decir, de la explicación con el nacionalsocialismo. Después de la segunda lección se me enroló en la milicia popular (Volkssturm), yo fui el de mayor edad, entre los que fueron llamados del cuerpo de profesores.

Spiegel.—Tal vez podemos resumirlo de esta manera: En 1933, en tanto que no político, en el sentido estrecho de la palabra política, no en el sentido amplio, usted entró en la política de ese movimiento percibido como una salida ...

Heidegger.—Por el camino de la Universidad ...

Spiegel.—Entró, por el camino que pasa por la Universidad, en ese movimiento que usted había visto como una salida. Poco más o menos después de un año, usted había renunciado a la función que ahí había asumido. Pero usted había dicho en 1935, en un curso publicado en 1953 con el título de Introducción a la metafísica , lo siguiente: "Eso que hoy en día —por tanto en 1935—, se propala bajo el nombre de la filosofía del nacional-socialismo, pero que no tiene la mayor relación con la verdad interna y la grandeza de ese movimiento (es decir, con el rencuentro de la técnica, en su dimensión planetaria, y del hombre de los tiempos modernos), ha escogido sus aguas turbias llamadas "valores" y "totalidades", para arrojar ahí sus redes". ¿Usted agregó las palabras, que están entre paréntesis, hasta 1953, cuando se imprimió el libro para explicar, tal vez, al lector de 1953, en dónde residía para usted, en 1935, "la verdad interna y la grandeza de ese movimiento", es decir, el nacionalsocialismo, o bien, ya tenía usted los paréntesis explicativos en su texto de 1935?

Heidegger.—Ellos estaban en mi manuscrito y correspondían exactamente a la concepción que yo tenía en esa época de la técnica, y no ya a la interpretación que di más tarde de la técnica como Ge-stell . El que yo no haya leído ese paréntesis en mi curso obedece a la convicción que yo tenía de ser bien comprendido por mi auditorio. Poco me importaba que los imbéciles, los policías secretos y los espías comprendieran otra cosa.

Spiegel.—El movimiento comunista es, para usted, sin duda, del mismo orden.

Heidegger.—Sí. Absolutamente. En la medida en que está determinado por la técnica planetaria.

Spiegel.—¿El americanismo también?

Heidegger.—Yo diría lo mismo. Durante el intervalo de los últimos treinta años debía haber aparecido más claramente que el movimiento planetario de la técnica de los tiempos modernos es un poder que determina la historia y que su grandeza no puede ser apenas subestimada.

Para mí, hoy en día, es una cuestión decisiva saber cómo se puede hacer corresponder en general un sistema político con la era de la técnica, y cuál sistema podría ser ese. Yo no sé responder a esta cuestión. No estoy persuadido de que ese sistema sea el de la democracia.

Spiegel.—Pero la democracia no es sino un concepto más global que puede abarcar representaciones totalmente diferentes. La cuestión está en saber si una transformación de esa forma política es todavía posible. Usted se manifestó, después de 1945, en torno a las aspiraciones políticas del mundo occidental, y también ha hablado a propósito de la democracia, de la expresión política de la visión cristiana del mundo e igualmente del estado fundado sobre el derecho y a todas esas aspiraciones usted las ha llamado medios insuficientes.

Heidegger.—En primer lugar, le ruego a usted que me diga en qué lugar he hablado de la democracia y de las cosas que usted ha citado. Yo le llamaría, en efecto, medios insuficientes, porque en todo eso no veo ninguna verdadera puesta en cuestión del mundo técnico. Porque detrás de todo eso hay, todavía, según yo, la idea de que la técnica, en su ser, es alguna cosa que el hombre tiene en su mano. A mi parecer, eso no es posible. La técnica, en su ser, es alguna cosa que el hombre, en sí mismo, no domina.

Spiegel.—De las corrientes cuya filiación hemos esbozado, ¿cuál es, según su parecer, la que estaría más conforme a nuestro tiempo?

Heidegger.—Eso no lo veo. Pero veo aquí una cuestión decisiva. En primer lugar, habría que poner en claro eso que ustedes entienden por "estar conforme a nuestro tiempo", habría que aclarar eso que significa aquí tiempo. Más aún, habría que preguntar si la conformidad con el tiempo, es la medida de la "verdad interna" de la acción humana, si la acción que da la medida no es "el pensamiento y la poesía" (das Denken und das Dichten), a pesar del descrédito en que ha caído esta expresión.

Spiegel.—Es evidente, cuando se le considera, que el hombre en ningún tiempo alcanza a salir con su propio instrumento (véase el aprendiz de brujo ). ¿No es demasiado pesimista el decir: "nosotros no saldremos con ese instrumento, seguramente mucho más grande, que es la técnica moderna"?

Heidegger.—Pesimismo no. En el dominio de la reflexión, en el que nosotros intentamos en este momento tomar posición, pesimismo y optimismo son demasiado cortos. Pero, sobre todo, la técnica moderna no es un instrumento y no tiene nada que ver con los instrumentos.

Spiegel.—¿Por qué en este punto nosotros deberíamos ser derribados por la técnica?

Heidegger.—Yo no dije derribados. Dije que todavía no tenemos ningún camino que nos lleve al ser de la técnica.

Spiegel.—Sin embargo, de un modo totalmente ingenuo se podría oponer a usted esto: ¿qué es lo 'que se trata de dominar aquí? Pues, en fin, todo funciona. Siempre se construyen más centrales eléctricas. La producción sigue su curso. Los hombres, en la parte del mundo donde la técnica conoce un gran desarrollo, tiene sus necesidades bien provistas. Nosotros vivimos en el bienestar. Finalmente, ¿qué es lo que falta aquí?

Heidegger.—Todo funciona. Eso es lo que es ciertamente inquietante, que eso funciona, y que el funcionamiento entraña siempre un nuevo funcionamiento. Y que la técnica arranca siempre más hondo al hombre de la tierra, lo desenraiza. Yo no sé si eso les espanta a ustedes. A mí, en todo caso, me espanta ver ahora las fotografías de la tierra enviadas desde la Luna. Ya no necesitamos más de la bomba atómica, pues el desenraizamiento del hombre ya está ahí. No vivimos más que en condiciones puramente técnicas. Ya no es más una tierra sobre la cual el hombre vive hoy en día. Recientemente, yo he tenido una larga entrevista en Provenza con René Char , el poeta y combatiente de la resistencia. Como ustedes saben, en este momento, en la Provenza se instalan unas bases de misiles, y la comarca está siendo devastada de un modo inimaginable. El poeta, al que no se le puede colocar ciertamente bajo sospecha de sentimentalismo, ni de querer celebrar un idilio, me dijo que el desenraizamiento del hombre, que tiene lugar ahí abajo, significa el fin, si una vez más, el pensamiento y la poesía no acceden al poder sin violencia, que es el suyo.

Spiegel.—Debemos reconocer que preferimos estar aquí, y sin lugar a dudas no seremos obligados a partir de nuestra vida, pero ¿quién sabe si el destino del hombre es el de estar sobre esta tierra? No es impensable que el hombre no tenga ningún destino en absoluto. Pero, en todo caso, se podría ver también una posibilidad del hombre en el hecho de que desde esta tierra él la emprenda hacia otros planetas. De eso no estamos seguros todavía. Simplemente, ¿dónde está escrito que aquí tenga él su lugar?

Heidegger.—Después de nuestra experiencia y de nuestra historia humana, y hasta donde yo puedo estar al corriente, sé que toda cosa esencial y grande ha podido nacer solamente del hecho de que el hombre tenía una patria (Heimet) y estaba enraizado en una tradición. La literatura de hoy en día, por ejemplo, es ampliamente destructiva.

Spiegel.—La palabra "destructiva" nos incomoda aquí, entre otras razones, porque la palabra "nihilismo" ha recibido de usted mismo en su filosofía, un sentido cuyo contexto queda muy extendido. Por eso nos sorprende entender la palabra "destructivo" en relación con la literatura, que usted podría muy bien (e incluso, debería) considerar como parte de ese nihilismo.

Heidegger.—Me gustaría decir que la literatura de la cual yo hablo no es nihilista en el sentido en el cual yo he pensado ese término.

Spiegel.—Usted ve, manifiestamente, y lo ha dicho en esos términos, un movimiento mundial que, o bien conduce, o bien ha conducido ya al advenimiento del estado absolutamente técnico.

Heidegger.—Sí.

Spiegel.—Bien. Entonces se plantea naturalmente una cuestión: ¿el individuo humano puede ejercer todavía una influencia en ese tejido de acontecimientos que debe producirse forzosamente, o es la filosofía la que puede ejercerla, o bien los dos juntos, en la medida en que la filosofía conduce al individuo, y a una pluralidad de individuos, a emprender una acción definida?

Heidegger.—Si usted me permite una respuesta breve y un poco general que es, sin embargo, producto de una larga reflexión, diría: la filosofía no podrá producir el efecto inmediato que cambie el estado presente del mundo. Eso vale, no solamente para la filosofía, sino incluso para todo aquello que no son sino preocupaciones y aspiraciones por parte del hombre. Solamente un Dios puede todavía salvarnos. Nos queda, como única posibilidad, la de preparar, en el pensamiento y en la poesía, una disponibilidad para la aparición de Dios, o para su ausencia en nuestra declinación; pues nos declinamos ante un Dios ausente.

Spiegel.—¿Hay alguna relación entre su pensamiento y el advenimiento de ese Dios? ¿Hay ahí, ante sus ojos, una relación causal? ¿Cree usted que podamos pensar ese Dios de tal manera que lo hagamos venir?

Heidegger.—Nosotros no podemos hacerle venir por el pensamiento. En el mejor de los casos, sólo somos capaces de despertar una disponibilidad para la espera.

Spiegel.—Pero, ¿podemos ayudar?

Heidegger.—La preparación de la disponibilidad bien podría consistir en el primer socorro. El hombre no puede ser lo que es y como es sólo por el hombre. Pero tampoco puede ser más sin el hombre. Según yo, eso obedece al hecho de que eso que con una palabra venida de muy lejos, cargada de mucho sentido y en uso hoy, yo llamo "el ser" es tal que, para su manifestación, su resguardo, y su horma le hace falta el hombre. La esencia de la técnica yo la veo en eso que llamo la Ge-stell, una expresión tal vez torpe que a menudo se ha puesto en ridículo. El reinado de la Gestell significa esto: el hombre sufre el control, la demanda y la prescripción de una potencia que se manifiesta en la esencia de la técnica y que él mismo no domina . Nos lleva a ver esto: el pensamiento no pretende hacer más. La filosofía ya no sabe qué hacer.

Spiegel.—En tiempos pasados, y no solamente en tiempos pasados, de una manera idéntica se ha pensado que la filosofía tiene muchos efectos indirectos, y rara vez efectos directos, pero que ella podía tener muchos efectos indirectos, que ella ha suscitado las nuevas corrientes. Si tomando en cuenta solamente a los alemanes se piensa en grandes nombres como el de Kant, Hegel, y Nietzsche, incluso sin hablar de Marx, se puede obtener la prueba de que la filosofía, por caminos ocultos, ha tenido una enorme influencia. Usted dice ahora que esa influencia de la filosofía ha llegado a su fin. Y cuando usted dice que la antigua filosofía está muerta, que no la hay más, ¿piensa usted al mismo tiempo que esa influencia de la filosofía, si es que alguna vez la hubiera tenido, hoy, en todo caso, ya no existe más?

Heidegger.—Otro pensamiento podría tener una influencia mediata, pero, ninguna directa, de tal modo que se pudiera decir que el pensamiento "causa" un cambio en el estado del mundo.

Spiegel.—Discúlpenos, nosotros no queremos hacer filosofía, y tampoco somos capaces de hacerla, pero tocaremos aquí la relación entre política y filosofía, por lo que usted hará bien en perdonarnos si lo arrastramos aquí hacia una entrevista como esta. Usted viene a decir que la filosofía y el individuo no podrían hacer nada aparte de...

Heidegger.—De esa preparación para la disponibilidad para mantenerse abierto a la venida o a la defección de Dios. La prueba de esa defección no es tampoco nada más que una liberación del hombre de eso que en Ser y tiempo yo denominé el estar arrojado (Verfallenheit) ante el ente. La reflexión acerca de eso que pasa ahora es parte de la preparación para la disponibilidad que he mencionado.

Spiegel.—Pero entonces habría que hacer que se produzca aún el famoso golpe del pulgar venido del exterior, de un Dios o de alguien más. Por tanto, ¿por él mismo y contando con sus propias fuerzas, el pensamiento no podría tener más, hoy, efecto alguno? Sin embargo, sí lo ha tenido antaño, según la opinión de los contemporáneos, y también, creo poder decirlo, de nosotros mismos.

Heidegger.—No de manera inmediata.

Spiegel.—Nosotros ya hemos citado a Kant, a Hegel ya Marx por haber sido grandes promotores de movimientos. Pero también de Leibniz han partido impulsos para el desarrollo de la física moderna, e igualmente para el nacimiento del mundo moderno en general. Creemos haber entendido que usted dijo que no cuenta hoy más con un efecto de ese género.

Heidegger.—No más en el sentido de la filosofía. El papel de eso que fue la filosofía hasta nuestros días lo han tomado hoy las ciencias. Para esclarecer suficientemente la palabra "efecto": del pensamiento habría que tomar mucho más en cuenta, en la cuestión que planteamos, eso que podría significar aquí, por un lado, "efecto" y, por el otro, "tener por efecto". Tendríamos la necesidad de hacer distinciones muy precisas entre Anlass (ocasión), Anstoss (impulso), Foerderung (promover), Nachhilfe (ayuda), Behinderung (impedimento) y Mithilfe (auxilio), después de la cuestión que plantea el principio de razón hubiera sido suficientemente situado. La filosofía se disolvió en ciencias particulares: la psicología, la lógica, la politología.

Spiegel.—¿Y quién toma ahora el lugar de la filosofía?

Heidegger.—La cibernética.

Spiegel.—¿O bien el hombre devoto, que se mantiene abierto?

Heidegger.—Pero ese ya no es el de la filosofía.

Spiegel.—¿Qué es entonces?

Heidegger.—Yo le llamo el otro pensamiento.

Spiegel.—Usted llama a eso el otro pensamiento. ¿Quisiera usted formular eso más claramente?

Heidegger.—¿ Es que ustedes piensan en la frase que termina mi conferencia "La técnica como cuestión" (Die Frage nach der Technik): "el cuestionamiento es la devoción del pensamiento"?

Spiegel.—Nosotros hemos encontrado en su curso sobre Nietzsche una frase que nos parece luminosa. Ahí usted dice lo siguiente: "Porque en el pensamiento filosófico reina una voluntad de enlace supremo todos los grandes pensadores piensan la misma cosa. Pero esa misma cosa es tan esencial y rica que jamás se agota en un sólo pensador. Cada uno no hace sino enlazarse más rigurosamente con cada cuál. Pero precisamente ese edificio filosófico, es el que parece, sin embargo, según usted, haber llegado a un cierto acabamiento.

Heidegger.—Está acabado. Eso no quiere decir que esté anulado por nosotros, mas presenta una nueva cara justamente en el diálogo. Todo el trabajo que yo he llevado a cabo en mis cursos y en mis seminarios durante los últimos treinta años no ha sido, principalmente, sino una interpretación de la filosofía occidental. El remontarse al punto de partida de la historia del pensamiento, la paciencia para pensar las cuestiones que no fueron planteadas de nuevo después de la filosofía griega, no es apartarse de la tradición. Pero yo digo: el tipo de pensamiento de la tradición metafísica que se acabó con Nietzsche ofrece ya la posibilidad para el pensamiento de aprender los rasgos fundamentales de la era técnica que apenas acaba de comenzar.

Spiegel.—Usted, hace más o menos dos años, en una entrevista con un monje budista, habló de "un método de pensamiento totalmente nuevo", y usted dijo que ese nuevo método no era "por el momento, sino posesión de unos pocos hombres". ¿Quiere usted decir con eso que sólo un pequeño número de personas pueden hacer las consideraciones que son, según su parecer, posibles y necesarias?

Heidegger.—"Tener" (haben) en un sentido enteramente original: que ellas pueden decirlas de una cierta manera.

Spiegel.—Sí, pero la transmisión de lo que ahí puede realizarse, aún en la entrevista con el budista, es eso que usted no ha hecho ver.

Heidegger.—Yo no lo puedo hacer ver. Yo no sé nada acerca del "efecto" que puede tener ese pensamiento. Bien puede ser que el camino de un pensamiento conduzca hoya ese silencio para impedir que el pensamiento sea malbaratado en el lapso de un año. Bien puede ser que falten trescientos años para que pueda tener un "efecto".

Spiegel.—Comprendemos muy bien. Solamente que como nosotros no viviremos dentro de trescientos años, sino que vivimos aquí y ahora, no nos está permitido el silencio. Nosotros, los otros hombres, políticos, semi-políticos, ciudadanos, periodistas, etcétera, debemos sin cesar tomar una decisión, sea cual fuere. Nosotros debemos arreglárnoslas con el sistema en el cual vivimos. Debemos intentar el cambio. Debemos acechar la angosta puerta que se abre hacia una reforma, y más angosta aún, hacia una revolución. Esperamos el socorro de la filosofía. Un socorro indirecto, naturalmente, un socorro que va por caminos que hacen rodeos. Y he aquí lo que ahora se nos dice: "yo no puedo ayudarles".

Heidegger.—Es que no puedo hacerlo.

Spiegel.—Eso no puede sino desalentar a los no filósofos.

Heidegger.—Yo no puedo, porque las cuestiones son tan difíciles que iría contra el sentido de la tarea del pensar al hacer una especie de declaración oficial, de sermón y dar pautas para el comportamiento moral. Quizá pueda osar decir lo siguiente: que a la hegemonía planetaria del ser no pensado de la técnica corresponde el carácter provisional y elemental del pensar que trata de entender eso que no ha sido pensado.

Spiegel.—¿Usted no sumaría su nombre al de aquellos que podrían indicar un camino si solamente se les escuchara?

Heidegger.—No. No sé de ningún camino que lleve a un cambio de modo inmediato del estado presente del mundo, suponiendo que tal cambio fuera posible para los hombres. Pero me parece que al tratar de llevar a cabo el pensar se podría despertar y aclarar y dar firmeza a la disponibilidad (predisposición) de la que ya he hablado.

Spiegel.—He aquí hay una respuesta clara. Pero ¿un pensador puede y tiene el derecho de decir: esperen un poco, de aquí a trescientos años podrán contar ciertamente con una idea?

Heidegger.—No se trata simplemente de esperar hasta que los hombres dentro de trescientos años tengan una idea; se trata, a partir de los rasgos fundamentales escasamente pensados de la hora presente, de pensar en los tiempos por venir sin pretensiones proféticas. Pensar no es no hacer nada. El pensar es, él mismo, la acción en su diálogo con el mundo, entendido como destino. Me parece que la distinción que tiene su origen en la metafísica entre teoría y praxis, y la representación de una transmisión de una a la otra, abre el camino para la comprensión de eso que yo entiendo por pensar. Quizá aquí pueda yo referirme a las lecciones que en 1954 aparecieron con el título “¿A qué se le llama pensar?” Puede ser también un signo de nuestro tiempo el que esos escritos sean, precisamente, los menos lerdos de todos los que yo he publicado.

Spiegel.—Volvamos a nuestro punto de partida. ¿Será posible ver en el nacional-socialismo, de un lado, la realización de ese "encuentro planetario", y del otro, la última, la peor, la más fuerte, y al mismo tiempo la más impotente protesta contra ese encuentro "de la técnica en su dimensión planetaria" y el hombre de los tiempos modernos? Aparentemente, usted asume en su persona una oposición, de suerte que muchos de los productos secundarios de su actividad no se pueden explicar sino de esta manera: diferentes partes de su ser que no afectan el meollo filosófico. Usted se adhiere a muchas cosas que usted, en tanto filósofo, sabe que no tienen consistencia. Por ejemplo, los conceptos de "patria", "hogar", "enraizamiento", y otros del mismo género. ¿ Cómo pueden concordar "técnica planetaria" y "patria"?

Heidegger.—Yo no diría eso. Me parece que usted interpreta la técnica de una manera demasiado absoluta. Yo no veo la situación del hombre en el mundo de la "técnica planetaria" como si él estuviera bajo el influjo de una maldición de la que no pudiera jamás librarse. Yo veo más bien que la tarea del pensar consiste precisamente en ayudar, dentro de sus límites, a que el hombre, en primer lugar, llegue a entrar en una relación suficiente con el ser de la técnica. El nacional-socialismo luchaba en esa dirección, pero el pensamiento de esa gente fue demasiado indigente para llegar a una relación verdaderamente explícita con eso que llega hoy y que estaba en camino desde hacia tres siglos.

Spiegel.—Los americanos, por ejemplo, ¿tienen esa relación explícita en nuestros días?

Heidegger.—No la tienen. Están todavía aprisionados en un pensamiento que, bajo el nombre de pragmatismo, hace sin duda avanzar las operaciones y las manipulaciones técnicas; pero abre al mismo tiempo, el camino para una reflexión acerca de eso que es lo propio de la técnica moderna. Hay, mientras tanto, en los Estados Unidos, aquí y allá, intentos para deshacerse del pensamiento pragmático positivista. ¿Y quiénes, entre nosotros, podrían afirmar que un día en Rusia y en China no se despertará, de muy antiguas tradiciones, un "pensar" que contribuya a queal hombre le sea posible una relación libre con el mundo técnico?

Spiegel.—Pero si nadie la tiene, y puesto que el filósofo no puede darla ...

Heidegger.—Hasta dónde he llegado con mi propia tentativa de pensar, de qué modo se le recibirá todavía en el porvenir y cuáles frutos producirá, no soy yo quien puede decidirlo. Mi conferencia de 1957, escrita para la celebración del jubileo de la Universidad de Friburgo bajo el título de “El principio de identidad” , es la ocasión más reciente en la que yo he osado pensar, sin querer ir más lejos, mostrando en qué medida se abre, para un pensar que trata de entender aquello en lo que reposa o se basa lo propio de la técnica moderna, la posibilidad siguiente: que el hombre de la era técnica aprehende su relación con una palabra que la requiere, palabra que no es solamente con la que se da a entender, sino de la cual, aún más, tiene él mismo que formar parte. Mi pensamiento está en una relación indispensable con la poesía de Hölderlin. Hölderlin no es para mí un poeta como cualquier otro, cuya obra fuera como la de esos, bien distintos a él, que son objeto de estudio para los historiadores de la literatura. Hölderlin es, para mí, el poeta que señala en dirección al porvenir. El poeta que espera a Dios y que no debe quedar, por tanto, como el simple objeto de los estudios hölderlineanos, producto de las representaciones de la historia de la literatura.

Spiegel.—A propósito de Hölderlin, le pedimos disculpas porque debemos citarle una vez más. En su curso sobre Nietzsche, usted dijo que "en el conflicto ampliamente célebre entre lo dionisíaco y lo apolíneo, la sagrada pasión y la mesurada representación, se esconde la ley de un estilo que es la vocación histórica de los alemanes", y que esa ley "debe encontrarnos un día listos y preparados, para hallar la forma que le corresponde. Esa oposición no es una fórmula que nos permita simplemente describir los hechos "culturales". Hölderlin y Nietzsche han planteado con ese conflicto un cuestionamiento a los alemanes frente a su tarea de encontrar su ser en la historia. ¿Comprenderemos esos signos? Una cosa es cierta. La historia se vengará de nosotros si no los comprendemos". No sabemos en qué año escribió usted eso. Pensamos que podría ser en 1935.

Heidegger.—La cita pertenece, sin duda, al curso sobre Nietzsche "La voluntad de poder en tanto que arte" de 1936-1937. Pero esa frase también pudo haber sido dicha en los años siguientes.

Spiegel.—Bien. ¿Quisiera usted comentar eso un poco más? Pues eso nos conduce, de un camino general, a un destino concreto de los alemanes.

Heidegger.—Yo puedo decir eso que queda expuesto en la cita que usted ha hecho, también de esta manera: mi convicción es la de que solamente a partir del mismo sitio mundial donde el mundo técnico moderno ha nacido, puede prepararse una conversión, que ella no puede producirse por la adopción del budismo zen, o de otras experiencias del mundo hechas en Oriente. La conversión del pensar tiene necesidad de la ayuda de la tradición europea, y de su nueva adquisición. El pensamiento no puede transformarse sino por el pensar que tiene el mismo origen e idéntico destino.

Spiegel.—En el mismo sitio donde el mundo técnico ha nacido es donde el pensamiento debe, cree usted ...

Heidegger.—ser superado en el sentido hegeliano del término. No eliminado, sino superado. Pero no solamente por el hombre.

Spiegel.—¿Usted piensa que los alemanes tienen aquí una tarea en particular?

Heidegger.—Sí. En este sentido, en el del diálogo con Hölderlin.

Spiegel.—¿Cree usted que los alemanes tienen una cualidad específica para realizar esa conversión?

Heidegger.—Pienso en el parentesco particular que se halla en el interior de la lengua alemana con la lengua de los griegos y su pensamiento. Eso es una cosa que los franceses, hoy en día, me confirman incesantemente. Cuando ellos comienzan a pensar, hablan alemán: aseguran que no llegarían a hacerlo en su propia lengua.

Spiegel.—Explíquenos por qué en los países de lenguas románicas, sobre todo con los franceses, ha ejercido usted una influencia tan fuerte.

Heidegger.—Porque ellos ven que con toda su gran racionalidad no llegan a nada en el mundo de hoy cuando se trata de comprender el origen de su ser. Del mismo modo que no se puede hacer con los poemas, tampoco se puede traducir el pensamiento. Todo lo más que se puede es parafrasearlo, y cuando se lleva a cabo una traducción literal todo queda transformado.

Spiegel.—Una idea que incomoda.

Heidegger.—Sería bueno que con ese desagrado se reflexionara seriamente sobre las vastas consecuencias de la transformación que sufrió el pensamiento griego cuando fue traducido al latín de Roma, suceso que, todavía hoy nos impide el acceso del que tendríamos necesidad para pensar fielmente las palabras fundamentales del pensamiento griego.

Spiegel.—Señor profesor, nosotros tenemos siempre la tendencia departir de un punto de vista optimista, según el cual cualquier cosa se puede comunicar y también traducir, pues si tuviéramos que renunciar a ese optimismo que nos hace creer que los contenidos del pensamiento pueden ser comunicados más allá de las fronteras de la lengua, entonces nos amenazaría una provincialización.

Heidegger.—¿Ustedes llamarían provinciano al pensamiento griego, para hacer la diferencia con el modo de representación del imperio romano? Las cartas de negocios se pueden traducir en todas las lenguas; las ciencias es decir, también ya para nosotros, hoy en día, las ciencias de la naturaleza, con la físico-matemática como ciencia fundamental, son traducibles a todas las lenguas del mundo; más exactamente, eso no es una traducción, pues es la misma lengua matemática la que se habla. Aquí rozamos un dominio vasto y difícil de medir.

Spiegel.—Puede ser que esto también forme parte del mismo tema: se puede decir, sin exageración, que en este momento tenemos una crisis del sistema democrático parlamentario. La hemos tenido desde hace mucho tiempo. La tenemos particularmente en Alemania, pero no solarmente. en ella, y también la tenemos en los países clásicos de la democracia, en Inglaterra y en América. En Francia no se puede ya llamar una crisis. Ahora bien, ésta es mi pregunta: ¿no pueden atender esas indicaciones los pensadores, aunque sea a título de algo secundario, decirnos, o bien, que ese sistema debe ser remplazado por uno nuevo y de qué tipo, o bien que es necesaria una reforma y cómo podría ser posible ella? De otro modo, no queda en eso sino el hombre que no ha estado en la escuela de la filosofía —y ese es ciertamente el caso, formalmente, de quienes tienen las cosas entre manos (incluso si ellos no deciden lo que ellas son) y que son los mismos que tienen en las manos las cosas—, ese hombre, por tanto, que se equivoca en sus conclusiones, motivando incluso espantosos cortocircuitos en sus respuestas. Entonces: ¿el filósofo no debería, después de todo, consentir en buscar ideas acerca de la manera en la cual los hombres pudieran arreglar su vida en común en este mundo, que ellos mismos han vuelto técnico y que tal vez ha sido más fuerte que ellos? Después de todo, ¿no se está en el derecho de esperar que el filósofo dé indicaciones sobre la manera en la cual él se representa una vida posible? ¿y el filósofo no falla, en una parte de esa profesión y vocación, si no nos dice nada de eso?

Heidegger.—Hasta donde yo puedo ver, un individuo no queda, por gracia del pensar, a la medida para obtener acerca del mundo en su totalidad una comprensión tan penetrante que pudiera dar las indicaciones prácticas acerca de lo que hay que hacer, sobre todo, cara a la tarea de rencontrar, en primer lugar, una base para el pensamiento mismo. Es pedir demasiado al pensamiento, ya que hace tanto tiempo su seriedad descansa en ser digno de la gran tradición y no es ponerse a dar indicaciones de ese género. ¿De dónde le vendría ese derecho? En el dominio del pensamiento no hay declaraciones autoritarias. La Única medida que vale para el pensar viene de la cosa misma que es pensada. Pero esa cosa es, precisamente, eso que es valioso interrogar antes que todo el resto. Para hacer visible esa situación habría que mostrar, sobre todo, eso que existe entre la filosofía y las ciencias (cuyos éxitos prácticos y técnicos hacen aparecer, hoy en día, siempre más superfluo un pensamiento como el pensamiento filosófico). Debido a esa posición difícil en la que está puesto el pensar, incluso de frente a su propia tarea, corresponde una desconfianza, precisamente nutrida por la posición de fuerza de las ciencias, respecto a ese extraño pensar que debe prohibirse el dar la respuesta del día a las cuestiones prácticas que lleva su concepción del mundo.

Spiegel.—Señor profesor, en el dominio del pensar no hay declaraciones de autoridad. Por lo tanto no se puede mostrar sorpresa ante el hecho de que el arte moderno también tenga a mal hacer declaraciones de autoridad. Sin embargo, usted le llama "destructivo". El arte moderno se considera, a menudo, a sí mismo, como arte experimental, sus obras son ensayos ...

Heidegger.—Me dejo instruir con mucho gusto.

Spiegel.—… ensayos para salir de una situación de aislamiento del hombre y del artista, y entre cien ensayos hay, de tiempo en tiempo, uno que lo logra.

Heidegger.—Esta es la gran cuestión: ¿dónde se halla el arte? ¿cuál es su lugar?

Spiegel.—Bueno, pero usted exige al arte algunas cosas que usted ya no existe al pensar.

Heidegger.—Yo no exijo nada del arte. Digo solamente que hay una cuestión que consiste en querer saber qué lugar ocupa el arte.

Spiegel.—¿Si el arte no conoce su lugar, es por ello destructivo?

Heidegger.—Bueno. Dejemos esa palabra. Pero me gustaría decir claramente que no veo qué camino indica el arte moderno, sobre todo en la obscuridad donde se está en cuanto al lugar en el cual se advierte, o por lo menos se busca, eso que hace lo propio del arte.

Spiegel.—El artista tampoco se encuentra obligado con eso que ha sido transmitido. Puede encontrar bello "eso" y decir: he aquí que se podría querer pintar como hace seiscientos años, trescientos años antes, o incluso, treinta años antes, pero ahora no se puede más. Incluso si quisiera hacerlo, no lo podría hacer. Entonces, el más grande artista sería el genial falsificador Hans van Meegeren, quien podría pintar "mejor" que los otros. Pero, precisamente, eso no va más allá de eso, y por consecuencia, el artista, el escritor, el poeta, están en una situación parecida a la del pensador. ¡Cuántas veces no debiéramos decirnos: cerremos los ojos!

Heidegger.—Si "la vida cultural" es el cuadro que se escoge para poner en su lugar al arte, a la poesía y a la filosofía, entonces se les pone en el mismo nivel de igualdad. Pero si se pone en cuestión no solamente "la vida cultural" sino también lo que quiere decir "cultura", entonces la meditación acerca de lo que así cuestiona entra igualmente dentro de las tareas del pensar, de ese pensar que no llega incluso hasta el cabo de la penuria en la que se encuentra. Pero su más grande penuria consiste en que hoy en día, hasta donde yo puedo ver, no hay más un pensador bastante grande para que su palabra conduzca al pensar inmediatamente y bajo una forma neta delante de su cosa y lo ponga así sobre su camino. Para nosotros, los que vivimos hoy, la magnitud de eso que está por pensar es demasiado grande. Nosotros podemos, tal vez, ponernos a la construcción de un gran paso: edificar caminos de pequeñas dimensiones no nos lleva muy lejos.

Spiegel.—Señor profesor Heidegger, le agradecemos esta entrevista.

 

Martin Heidegger en su cabaña, en la Selva Negra alemana (Messkirch)

 

SPIEGEL: Herr Professor Heidegger, in Ihrer Antrittsrede als Rektor der Freiburger Universität 1933 sprachen Sie - vier Monate nach Hitlers Ernennung zum Reichskanzler - von der ,,Größe und Herrlichkeit dieses Aufbruchs".

Heidegger: Ja, ich war auch davon überzeugt.

SPIEGEL: Könnten Sie das noch etwas erläutern?

Heidegger: Gern. Ich sah damals keine andere Alternative. Bei der allgemeinen Verwirrung der Meinungen und der politischen Tendenzen von 22 Parteien galt es, zu einer nationalen und vor allem sozialen Einstellung zu finden, etwa im Sinne des Versuchs von Friedrich Naumann.

SPIEGEL: Wann begannen Sie, sich mit den politischen Verhältnissen zu befassen? Die 22 Parteien waren ja schon lange da. Millionen von Arbeitslosen gab es auch schon 1930.

Heidegger: In dieser Zeit war ich noch ganz von den Fragen beansprucht, die in ,,Sein und Zeit" (1927) und in den Schriften und Vorträgen der folgenden Jahre entwickelt sind, Grundfragen des Denkens, die mittelbar auch die nationalen und sozialen Fragen betreffen. Unmittelbar stand für mich als Lehrer an der Universität die Frage nach dem Sinn der Wissenschaften im Blick und damit die Bestimmung der Aufgabe der Universität. Diese Bemühung ist im Titel meiner Rektoratsrede ausgesprochen ,,Die Selbstbehauptung der deutschen Universität". Ein solcher Titel ist in keiner Rektoratsrede der damaligen Zeit gewagt worden. Aber wer von denen, die gegen diese Rede polemisieren, hat sie gründlich gelesen, durchdacht und aus der damaligen Situation heraus interpretiert?

SPIEGEL: Selbstbehauptung der Universität, in einer solchen turbulenten Welt, wirkt das nicht ein bißchen unangemessen?

Heidegger: Wieso? ,,Die Selbstbehauptung der Universität", das geht gegen die damals schon in der Partei und von der nationalsozialistischen Studentenschaft geforderte sogenannte Politische Wissenschaft. Dieser Titel hatte damals einen ganz anderen Sinn; er bedeutete nicht Politologie wie heute, sondern besagte: Die Wissenschaft als solche, ihr Sinn und Wert, wird abgeschätzt nach dem faktischen Nutzen für das Volk. Die Gegenstellung zu dieser Politisierung der Wissenschaft wird in der Rektoratsrede eigens angesprochen.

SPIEGEL: Indem Sie die Universität in das, was Sie damals als einen Aufbruch empfanden, mit hineinnahmen, wollten Sie die Universität behaupten gegen sonst vielleicht übermächtige Strömungen, die der Universität ihre Eigenart nicht mehr gelassen hätten?

Heidegger: Gewiß, aber die Selbstbehauptung sollte sich zugleich die Aufgabe stellen, gegenüber der nur technischen Organisation der Universität einen neuen Sinn zurückzugewinnen aus der Besinnung auf die Überlieferung des abendländisch-europäischen Denkens.

SPIEGEL: Herr Professor, sollen wir das so verstehen, daß Sie damals meinten, eine Gesundung der Universität mit den Nationalsozialisten zusammen erreichen zu können?

Heidegger: Das ist falsch ausgedrückt. Nicht mit den Nationalsozialisten zusammen, sondern die Universität sollte aus eigener Besinnung sich erneuern und dadurch eine feste Position gegenüber der Gefahr der Politisierung der Wissenschaft gewinnen - in dem vorhin angegebenen Sinne.

SPIEGEL: Und deswegen haben Sie in Ihrer Rektoratsrede diese drei Säulen proklamiert: ,,Arbeitsdienst", ,,Wehrdienst", ,,Wissensdienst". Dadurch sollte, so
meinten Sie demnach, der ,,Wissensdienst" in eine gleichrangige Position gehoben werden, die ihm die Nationalsozialisten nicht konzediert hatten?

Heidegger: Von "Säulen" ist nicht die Rede. Wenn Sie aufmerksam lesen: Der Wissensdienst steht zwar in der Aufzählung an dritter Stelle, aber dem Sinne nach ist er an die erste gesetzt. Zu bedenken bleibt, daß Arbeit und Wehr wie jedes menschliche Tun auf ein Wissen gegründet und von ihm erhellt werden.

SPIEGEL: Sie sagten im Herbst 1933: ,,Nicht Lehrsätze und Ideen seien die Regeln eures Seins. Der Führer selbst und allein ist die heutige und künftige deutsche Wirklichkeit und ihr Gesetz."

Heidegger: Diese Sätze stehen nicht in der Rektoratsrede, sondern nur in der lokalen Freiburger Studentenzeitung, zu Beginn des Wintersemesters 1933/34. Als ich das Rektorat übernahm, war ich mir darüber klar, daß ich ohne Kompromisse nicht durchkäme. Die angeführten Sätze würde ich heute nicht mehr schreiben. Dergleichen habe ich schon 1934 nicht mehr gesagt. (...)

SPIEGEL: Sie wissen, daß in diesem Zusammenhang einige Vorwürfe gegen Sie erhoben werden, die Ihre Zusammenarbeit mit der NSDAP und deren Verbänden betreffen und die in der Öffentlichkeit immer noch als unwidersprochen gelten. So ist Ihnen vorgeworfen worden, Sie hätten sich an Bücherverbrennungen der Studentenschaft oder der Hitlerjugend beteiligt.

Heidegger: Ich habe die geplante Bücherverbrennung, die vor dem Universitätsgebäude stattfinden sollte, verboten.

SPIEGEL: Dann ist Ihnen vorgeworfen worden, Sie hätten Bücher jüdischer Autoren aus der Bibliothek der Universität oder des Philosophischen Seminars entfernen lassen.

Heidegger: Ich konnte als Direktor des Seminars nur über dessen Bibliothek verfügen. Ich bin den wiederholten Aufforderungen,
die Bücher jüdischer Autoren zu entfernen, nicht nachgekommen. Frühere Teilnehmer meiner Seminarübungen können heute bezeugen, daß nicht nur keine Bücher jüdischer Autoren entfernt wurden, sondern daß diese Autoren wie vor 1933 zitiert und besprochen wurden.

SPIEGEL: Im Februar 1934 legten Sie das Rektorat nieder. Wie kam es dazu?

Heidegger: In der Absicht, die technische Organisation der Universität zu überwinden, das heißt, die Fakultäten von innen heraus, von ihren sachlichen Aufgaben her, zu erneuern, habe ich vorgeschlagen, für das Wintersemester 1933/34 in den einzelnen Fakultäten jüngere und vor allem in ihrem Fach ausgezeichnete Kollegen zu Dekanen zu ernennen, und zwar ohne Rücksicht auf ihre Stellung zur Partei. (...)
Aber schon um Weihnachten 1933 wurde mir klar, daß ich die mir vorschwebende Erneuerung der Universität weder gegen die Widerstände innerhalb der Kollegenschaft noch gegen die Partei würde durchsetzen können. Zum Beispiel verübelte mir die Kollegenschaft, daß ich die Studenten mit in die verantwortliche Verwaltung der Universität einbezog - genau wie es heute der Fall ist. Eines Tages wurde ich nach Karlsruhe gerufen, wo von mir der Minister verlangte, die Dekane der Juristischen und der Medizinischen Fakultät durch andere Kollegen zu ersetzen, die der Partei genehm wären. Ich habe dieses Ansinnen abgelehnt und meinen Rücktritt vom Rektorat erklärt, wenn der Minister auf seiner Forderung bestehe. Dies war der Fall. Das war im Februar 1934. (...)

SPIEGEL: Vielleicht dürfen wir zusammenfassen: Sie sind 1933 als ein unpolitischer Mensch auf dem Wege über die Universität in diesen vermeintlichen Aufbruch geraten. Nach etwa einem Jahr haben Sie die dabei übernommene Funktion wieder aufgegeben. Aber: Sie haben 1935 in einer Vorlesung, die 1953 als Einführung in die Metaphysik veröffentlicht wurde, gesagt: ,,Was heute" - das war also 1935 - ,,als Philosophie des Nationalsozialismus herumgeboten wird, aber mit der inneren Wahrheit und Größe dieser Bewegung (nämlich mit der Begegnung der planetarisch bestimmten Technik und des neuzeitlichen Menschen) nicht das geringste zu tun hat, das macht seine Fischzüge in diesen trüben Gewässern der ,Werte'' und ,Ganzheiten''." Haben Sie die Worte in der Klammer erst 1953, also bei der Drucklegung, hinzugefügt, oder hatten Sie die erklärende Klammer auch schon 1935 drin?

Heidegger: Das stand in meinem Manuskript drin und entsprach genau meiner damaligen Auffassung der Technik und noch nicht der späteren Auslegung des Wesens der Technik als Ge-Stell. Daß ich die Stelle nicht vortrug, lag daran, daß ich von dem rechten Verständnis meiner Zuhörer überzeugt war, die Dummen und Spitzel und Schnüffler verstanden es anders - mochten es auch.

SPIEGEL: Sicher würden Sie auch die kommunistische Bewegung da einordnen?

Heidegger: Ja, unbedingt, als von der planetarischen Technik bestimmt.

SPIEGEL: Auch den Amerikanismus?

Heidegger: Auch dieses würde ich sagen. Inzwischen dürfte in den vergangenen 30 Jahren deutlicher geworden sein, daß die planetarische Bewegung der neuzeitlichen Technik eine Macht ist, deren Geschichte-bestimmende Größe kaum überschätzt werden kann. Es ist für mich heute eine entscheidende Frage, wie dem technischen Zeitalter überhaupt ein - und welches - politisches System zugeordnet werden kann. Auf diese Frage weiß ich keine Antwort. Ich bin nicht überzeugt, daß es die Demokratie ist.

SPIEGEL: Nun ist "die" Demokratie nur ein Sammelbegriff, unter dem sich sehr verschiedene Vorstellungen einordnen lassen. Die Frage ist, ob eine Transformation dieser politischen Form noch möglich ist. Sie haben sich nach 1945 zu den politischen Bestrebungen der westlichen Welt geäußert und dabei auch von der Demokratie gesprochen, von der politisch ausgedrückten christlichen Weltanschauung und auch von der Rechtsstaatlichkeit - und Sie nannten alle diese Bestrebungen "Halbheiten".

Heidegger: Als Halbheiten würde ich sie auch bezeichnen, weil ich darin keine wirkliche Auseinandersetzung mit der technischen Welt sehe, weil dahinter immer noch, nach meiner Ansicht, die Auffassung steht, daß die Technik in ihrem Wesen etwas sei, was der Mensch in der Hand hat. Das ist nach meiner Meinung nicht möglich. Die Technik in ihrem Wesen ist etwas, was der Mensch von sich aus nicht bewältigt. (...)

SPIEGEL: Sie sehen, so haben Sie es ausgedrückt, eine Weltbewegung, die den absoluten technischen Staat entweder heraufführt oder schon heraufgeführt hat?

Heidegger: Ja!

SPIEGEL: Kann überhaupt der Einzelmensch dieses Geflecht von Zwangsläufigkeiten noch beeinflussen? Oder aber kann die Philosophie es beeinflussen, oder beide zusammen, indem die Philosophie den einzelnen oder mehrere einzelne zu einer bestimmten Aktion führt?

Heidegger: Die Philosophie wird keine unmittelbare Veränderung des jetzigen Weltzustandes bewirken können. Dies gilt nicht nur von der Philosophie, sondern von allem bloß menschlichen Sinnen und Trachten. Nur noch ein Gott kann uns retten. Uns bleibt die einzige Möglichkeit, im Denken und im Dichten eine Bereitschaft vorzubereiten für die Erscheinung des Gottes oder für die Abwesenheit des Gottes im Untergang; daß wir im Angesicht des abwesenden Gottes untergehen.

SPIEGEL: Gibt es einen Zusammenhang zwischen Ihrem Denken und der Heraufkunft dieses Gottes? Meinen Sie, daß wir den Gott herbeidenken können?

Heidegger: Wir können ihn nicht herbeidenken, wir vermögen höchstens die Bereitschaft der Erwartung zu wecken.

SPIEGEL: Aber können wir helfen?

Heidegger: Die Bereitung der Bereitschaft dürfte die erste Hilfe sein. Die Welt kann nicht durch den Menschen, aber auch nicht ohne den Menschen sein, was sie und wie sie ist. Das hängt nach meiner Ansicht damit zusammen, daß das, was ich mit einem langher überlieferten, vieldeutigen und jetzt abgegriffenen Wort ,,das Sein" nenne, den Menschen braucht zu seiner Offenbarung, Wahrung und Gestaltung. Das Wesen der Technik sehe ich in dem, was ich das Ge-Stell nenne, ein oft verlachter und vielleicht ungeschickter Ausdruck. Das Walten des Ge-Stells besagt: Der Mensch ist gestellt, beansprucht und herausgefordert von einer Macht, die im Wesen der Technik offenbar wird und die er selbst nicht beherrscht. Zu dieser Einsicht zu verhelfen: mehr verlangt das Denken nicht. Die Philosophie ist am Ende. (...)

SPIEGEL: Und wer nimmt den Platz der Philosophie jetzt ein?

Heidegger: Die Kybernetik.

SPIEGEL: Oder der Fromme, der sich offenhält?

Heidegger: Das ist aber keine Philosophie mehr.

SPIEGEL: Was ist es dann?

Heidegger: Das andere Denken nenne ich es.

SPIEGEL: Sie haben gesagt, diese neue Methode des Denkens sei ,,zunächst nur für wenige Menschen vollziehbar". Wollten Sie damit ausdrücken, daß nur ganz wenige Leute die Einsichten haben können, die nach Ihrer Ansicht möglich und nötig sind?

Heidegger: ,,Haben" in dem ganz ursprünglichen Sinne, daß sie sie gewissermaßen sagen können.

SPIEGEL: Die Transmission zur Verwirklichung ist auch von Ihnen nicht sichtbar dargestellt worden.

Heidegger: Das kann ich auch nicht sichtbar machen. Ich weiß darüber nichts, wie dieses Denken ,,wirkt". Es kann auch sein, daß der Weg eines Denkens heute dazu führt, zu schweigen, um das Denken davor zu bewahren, daß es verramscht wird innerhalb eines Jahres. Es kann auch sein, daß es 300 Jahre braucht, um zu ,,wirken".

SPIEGEL: Da wir nicht in 300 Jahren, sondern hier und jetzt leben, ist uns das Schweigen versagt. Wir, Politiker, Halbpolitiker, Staatsbürger, Journalisten et cetera, wir müssen unablässig irgendeine Entscheidung treffen. Mit dem System, unter dem wir leben, müssen wir uns einrichten, müssen suchen, es zu ändern, müssen das schmale Tor zu einer Reform, das noch schmalere einer Revolution ausspähen. Hilfe erwarten wir vom Philosophen, Hilfe auf Umwegen. Und da hören wir nun: Ich kann euch nicht helfen.

Heidegger: Kann ich auch nicht.

SPIEGEL: Das muß den Nicht-Philosophen entmutigen.

Heidegger: Kann ich nicht, weil die Fragen so schwer sind, daß es wider den Sinn dieser Aufgabe des Denkens wäre, gleichsam öffentlich aufzutreten, zu predigen und moralische Zensuren zu erteilen. Vielleicht darf der Satz gewagt werden: Dem Geheimnis der planetarischen Übermacht des ungedachten Wesens der Technik entspricht die Vorläufigkeit und Unscheinbarkeit des Denkens, das versucht, diesem Ungedachten nachzudenken.

SPIEGEL: Sie zählen sich nicht zu denen, die, wenn sie nur gehört würden, einen Weg weisen könnten?

Heidegger: Nein! Ich weiß keinen Weg zur unmittelbaren Veränderung des gegenwärtigen Weltzustandes, gesetzt, eine solche sei überhaupt menschenmöglich. Aber mir scheint, das versuchte Denken könnte die schon genannte Bereitschaft wecken, klären und festigen.

SPIEGEL: Kann und darf ein Denker sagen: Wartet nur, innerhalb von 300 Jahren wird uns wohl etwas einfallen?

Heidegger: Es handelt sich nicht darum, nur zu warten, bis dem Menschen nach 300 Jahren etwas einfällt, sondern darum, aus den kaum gedachten Grundzügen des gegenwärtigen Zeitalters in die kommende Zeit ohne prophetische Ansprüche vorzudenken. Denken ist nicht Untätigkeit, sondern selbst in sich das Handeln, das in der Zwiesprache steht mit dem Weltgeschick.

SPIEGEL: Kommen wir zu unserem Anfang zurück. Wäre es nicht denkbar, den Nationalsozialismus einerseits als Verwirklichung jener ,,planetarischen Begegnung", andererseits als den letzten, schlimmsten, stärksten und zugleich ohnmächtigsten Protest gegen diese Begegnung der ,,planetarisch bestimmten Technik" und des neuzeitlichen Menschen anzusehen? Offenbar tragen Sie in Ihrer Person einen Gegensatz aus, so daß viele Beiprodukte Ihrer Tätigkeit eigentlich nur dadurch zu erklären sind, daß Sie sich mit verschiedenen Teilen Ihres Wesens, die nicht den philosophischen Kern betreffen, an vielen Dingen festklammern, von denen Sie als Philosoph wissen, daß sie keinen Bestand haben - etwa an Begriffen wie ,,Heimat", ,,Verwurzelung" oder dergleichen. Wie paßt das zusammen: planetarische Technik und Heimat?

Heidegger: Das würde ich nicht sagen. Mir scheint, Sie nehmen die Technik doch zu absolut. Ich sehe die Lage des Menschen in der Welt der planetarischen Technik nicht als ein unentwirrbares und unentrinnbares Verhängnis, sondern ich sehe gerade die Aufgabe des Denkens darin, in seinen Grenzen mitzuhelfen, daß der Mensch überhaupt erst ein zureichendes Verhältnis zum Wesen der Technik erlangt. Der Nationalsozialismus ist zwar in die Richtung gegangen; diese Leute aber waren viel zu unbedarft im Denken, um ein wirklich explizites Verhältnis zu dem zu gewinnen, was heute geschieht und seit drei Jahrhunderten unterwegs ist. (...)

SPIEGEL: Wir haben im Moment eine Krise des demokratisch-parlamentarischen Systems. Können nicht doch von seiten der Denker, quasi als Beiprodukt, Hinweise darauf kommen, daß entweder dieses System durch ein neues ersetzt werden muß oder daß Reform möglich sein müsse? Sollte nicht doch der Philosoph bereit sein, sich Gedanken zu machen, wie die Menschen ihr Miteinander in dieser von ihnen selbst technisierten Welt, die sie vielleicht übermächtigt hat, einrichten können? Erwartet man nicht doch zu Recht vom Philosophen, daß er Hinweise gibt, wie er sich eine Lebensmöglichkeit vorstellt, und verfehlt nicht der Philosoph einen Teil seines Berufs und seiner Berufung, wenn er dazu nichts mitteilt?

Heidegger: Soweit ich sehe, ist ein einzelner vom Denken her nicht imstande, die Welt im Ganzen so zu durchschauen, daß er praktische Anweisungen geben könnte, und dies gar noch angesichts der Aufgabe, erst wieder eine Basis für das Denken selbst zu finden. Das Denken ist, solange es sich selber ernst nimmt angesichts der großen Überlieferung, überfordert, wenn es sich anschicken soll, hier Anweisungen zu geben. Aus welcher Befugnis könnte dies geschehen? Im Bereich des Denkens gibt es keine autoritativen Aussagen. Die einzige Maßgabe für das Denken kommt aus der zu denkenden Sache selbst. Diese aber ist das vor allem anderen Fragwürdige. Um diesen Sachverhalt einsichtig zu machen, bedürfte es vor allem einer Erörterung des Verhältnisses zwischen der Philosophie und den Wissenschaften, deren technisch-praktische Erfolge ein Denken im Sinne des philosophischen heute mehr und mehr als überflüssig erscheinen lassen. Der schwierigen Lage, in die das Denken selbst hinsichtlich seiner eigenen Aufgabe versetzt ist, entspricht daher eine gerade durch die Machtstellung der Wissenschaften genährte Befremdung gegenüber dem Denken, das sich eine für den Tag geforderte Beantwortung praktisch-weltanschaulicher Fragen versagen muß.

SPIEGEL: Herr Professor, im Bereich des Denkens gibt es keine autoritativen Aussagen. So kann es eigentlich auch nicht überraschen, daß es auch die moderne Kunst schwer hat, autoritative Aussagen zu machen. Gleichwohl nennen Sie sie ,,destruktiv". Die moderne Kunst versteht sich selbst oft als experimentelle Kunst. Ihre Werke sind Versuche ...

Heidegger: Ich lasse mich gern belehren.

SPIEGEL: ... Versuche aus einer Situation der Vereinzelung des Menschen und des Künstlers heraus, und unter 100 Versuchen findet sich hin und wieder einmal ein Treffer.

Heidegger: Das ist eben die große Frage: Wo steht die Kunst? Welchen Ort hat sie?

SPIEGEL: Gut, aber da verlangen Sie etwas von der Kunst, was Sie vom Denken ja auch nicht mehr verlangen.

Heidegger: Ich verlange nichts von der Kunst. Ich sage nur, es ist eine Frage, welchen Ort die Kunst einnimmt.

SPIEGEL: Wenn die Kunst ihren Ort nicht kennt, ist sie deshalb destruktiv?

Heidegger: Gut, streichen Sie es. Ich möchte aber feststellen, daß ich das Wegweisende der modernen Kunst nicht sehe, zumal dunkel bleibt, worin sie das Eigenste der Kunst erblickt oder wenigstens sucht.

SPIEGEL: Auch dem Künstler fehlt die Verbindlichkeit dessen, was tradiert worden ist. Er kann es schön finden, und er kann sagen: Ja, so hätte man vor 600 Jahren malen mögen oder vor 300 oder noch vor 30. Aber er kann es ja nun nicht mehr. Selbst wenn er es wollte, er könnte es nicht. Der größte Künstler wäre dann der geniale Fälscher Hans van Meegeren, der dann ,,besser" malen könnte als die anderen. Aber es geht eben nicht mehr. So ist also der Künstler, Schriftsteller, Dichter in einer ähnlichen Situation wie der Denker. Wie oft müssen wir doch sagen: Mach die Augen zu.

Heidegger: Nimmt man als Rahmen für die Zuordnung von Kunst und Dichtung und Philosophie den ,,Kulturbetrieb", dann besteht die Gleichstellung zu Recht. Wird aber nicht nur der Betrieb fragwürdig, sondern auch das, was ,,Kultur" heißt, dann fällt auch die Besinnung auf dieses Fragwürdige in den Aufgabenbereich des Denkens, dessen Notlage kaum auszudenken ist. Aber die größte Not des Denkens besteht darin, daß heute, soweit ich sehen kann, noch kein Denkender spricht, der ,,groß" genug wäre, das Denken unmittelbar und in geprägter Gestalt vor seine Sache und damit auf seinen Weg zu bringen. Für uns Heutige ist das Große des zu Denkenden zu groß. Wir können uns vielleicht daran abmühen, an schmalen und wenig weit reichenden Stegen eines Überganges zu bauen.

SPIEGEL: Herr Professor Heidegger, wir danken Ihnen für dieses Gespräch.


1966


erklärte sich der Philosoph Martin Heidegger bereit, Fragen nach seiner Rolle während der Nazi-Zeit in einem SPIEGEL-Gespräch zu beantworten. Heideggers Bedingung, dieses Dokument erst nach seinem Tod zu drucken, hatte der SPIEGEL respektiert und veröffentlichte das Gespräch deshalb erst 1976 - und heute in Auszügen.

* Rudolf Augstein, Georg Wolff, Schriftsteller Heinrich Wiegand Petzet (l.) in Heideggers Haus in Todtnauberg. * In Todtnauberg. * Im Schwarzwald.

http://www.oac.cdlib.org/findaid/ark:/13030/ft0h4n974f/

 


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