Diálogo sobre humanismo y existencialismo II

juan manuel silva camarena

Revista de filosofía, Universidad Iberoamericana, México, XXI, 64 (1989),  32-39.

II

Interlocutores: Martin Heidegger, Jean-Paul Sartre, Gabriel Marcel y un principiante.

Heidegger.—Mi filosofía no se decide ni por la existencia de Dios ni contra él1.

Principiante.—Parece, pues, que sin esa decisión se puede  hacer filosofía perfecta­mente. ¿Sólo así podría hacerse auténtica filosofía? ¿Sin ella se puede resolver la cuestión de la naturaleza humana? El existencialismo…

Sartre.—El existencialismo es un humanismo2.

Principiante.—¿Cómo es el humanismo existencialista?

Sartre.—Trataremos de ver en qué sentido lo entendemos. En todo caso, lo que podemos decir desde el principio es que entendemos por existencialismo una doctrina que hace posible la vida humana3.

Principiante.—¿La posibilidad de la existencia humana depende sin más de una doctrina o de un conjunto de ideas...?

Sartre.—Digo que hace posible la vida humana porque muestra al hombre su única posibilidad de vivir en cuanto hombre. Por otro lado, con esa decisión contra la existencia de Dios puede advertirse mejor la cuestión del valor y del sentido de la vida.

Principiante.—Pero, ¿de veras podríamos decir que ha mejorado nuestra comprensión de la vida humana cuando "descubrimos" que se reduce finalmente a "una pasión inútil"?

Sartre.—Esa frase, fuera de su contexto, molesta mucho...

Principiante.—Creo que enfada que nos vengan a decir que nuestra vida no tiene sentido. Y que nos lo digan en nombre de...

Sartre.—¿De una investigación fenomenológica? A mí también me molesta que sea así; pero si he suprimido a Dios padre, es necesario que alguien invente los valores4.

Principiante.—Lo que molesta no es la "invención" de los valores...

Sartre.—Alguien tiene que inventarlos. Hay que tomar las cosas como son. Y, además, decir que nosotros inventamos los valores no significa más que esto: la vida, a priori, ¿no tiene sentido?5

Principiante.—No es lo mismo otorgarle o retirarle el sentido a la vida mediante una operación mental, filosófica, que averiguar si ella tiene sentido o no lo tiene en sí misma.

Sartre.—Antes que usted viva, la vida no es nada; le corresponde a usted darle un sentido, el valor no es otra cosa que este sentido que us­ted elige6.

Principiante.—Usted ha dicho algo que pertenece al sentido común, pe­ro que es muy sano para la filosofía: hay que tomar las cosas como son. Ahora bien, o se toman como son o "decidimos" como nos gustaría que fueran o como nos convendría que fueran. Usted cree que la cuestión de Dios, o la que se refiere al sentido de la vida, puede suprimírsele o es­tablecer su vigencia voluntariamente. La "decisión contra la existencia de Dios", por ejemplo, parece la pieza clave de un pensamiento...

Sartre.—Existencialista. De una filosofía existencialista.

Principiante.—De un pensamiento que parece creer ingenuamente que deshaciéndose de la idea de Dios puede aclarar, de una vez por todas, la idea de lo que es el hombre.

Sartre.—El existencialismo es exactamente eso. No es nada más que un esfuerzo por sacar todas las consecuencias de una posición atea coherente7.

Principiante.—Esfuerzo que, evidentemente, se parece más al movi­miento que la razón efectúa cuando se pone al servicio de una ideología que cuando encamina su energía hacia el descubrimiento de la verdad.

Sartre.—Mire usted: eso sería una exageración. Por supuesto que me preocupa la verdad de las cosas. El existencialismo no es tanto un ateísmo en el sentido de que se extenuaría en demostrar que Dios no existe. Más bien declara: aunque Dios existiera, esto no cambiaría; he aquí nuestro punto de vista8.

Principiante.—¿Qué es lo que no cambiaría?

Sartre.—No es que creamos que Dios existe, sino que pensamos que el problema no es el de su existencia; es necesario que el hombre se en­cuentre a sí mismo y se convenza de que nada puede salvarlo de sí mis­mo, así sea una prueba valedera de la existencia de Dios9.

Principiante.—Cuando Heidegger dijo que sólo un Dios puede salvamos no estaba pensando seguramente en una prueba...

Sartre.—Es evidente que...

Principiante.—Lo que no cambiaría, dijo usted...

Sartre.—Lo que queda como un hecho es que no hay más legislador que el hombre mismo10.

Principiante.—Y a eso usted le llama humanismo.

Sartre.—Humanismo existencialista.

Principiante.—Sí, humanismo existencialista, pero…

Sartre.—Humanismo porque recordamos al hombre que no hay otro legislador que él mismo, y que es en el desamparo donde decidirá de sí mismo11.

Marcel.—El desamparo de la desesperación, de la falta de esperanza auténtica.

Principiante.—Desamparo respecto a Dios, ¿verdad? Como si fuera me­nester realizar un doble movimiento: primero, según las tesis freudianas de El porvenir de una ilusión12, inventar a Dios para remediar el estado de desamparo infantil y de la nostalgia por el padre, que permitiría sustituir la dependencia total del pequeño ser respecto a su madre por una depen­dencia total por el padre todopoderoso o Dios; luego, según sus afirma­ciones, recuperar la lista...

Sartre.—Humanismo porque mostramos que no es volviendo hacia sí mismo, sino siempre buscando fuera de sí un fin que es tal o cual libera­ción, tal o cual realización particular, como el hombre se realizará en cuanto humano13.

Marcel.—El hombre por venir, se dirá, se distinguirá del hombre tal co­mo existe actualmente por el hecho de que será libre de todas las servi­dumbres que todavía hoy pesan sobre él. Pero será preciso responder que es justamente la idea de esta liberación absoluta lo que resulta abs­tracto y quimérico14.

Principiante.—El humanismo suele presentarse, así, como algo que pro­piciará o incrementará la "humanidad" de los hombres, promoviendo esa liberación absoluta, la conservación de las virtudes propias de "lo hu­mano", la autarquía o la recuperación de lo humano enajenado...

Sartre.—En realidad la palabra humanismo tiene dos sentidos muy distintos. Por humanismo se puede entender una teoría que toma al hombre como fin y como valor superior. Hay humanismo en este sentido en Cocteau, por ejemplo, cuando en su relato Le tour du monde en 80 heures un personaje dice, porque pasa en avión sobre las montañas: el hombre es asombroso15

Principiante.—Sí es asombroso. Pero Heidegger, evocando la Antígona de Só­focles, puede decir que el hombre es lo más pavoroso...16

Sartre.—Es asombroso. Esto significa que yo, personalmente, que no he construido los aviones, me beneficiaré con estos inventos particula­res, y que podré personalmente, como hombre, considerarme respon­sable y honrado por los actos particulares de algunos hombres. Esto su­pone que podríamos dar un valor al hombre de acuerdo con los actos más altos de ciertos hombres17

Principiante.—Como podríamos dárselo de acuerdo con los actos más bajos de ciertos hombres...

Marcel.—Nadie puede dudar que en el curso del último medio siglo hemos visto cómo se multiplicaban a nuestro alrededor los peores ejemplos de inhumanidad. Pienso, sobre todo, en los campos de con­centración y en los horrores sin cuento que allí se llevaron a cabo, pero sin olvidar tampoco los traslados masivos de población que tuvieron lu­gar en Europa oriental, en Asia, etc.18

Sartre.—Bueno, ese es un humanismo que toma al hombre como fin y valor superiores. Este humanismo es absurdo, porque sólo el perro o el caballo podrían emitir un juicio de conjunto sobre el hombre y declarar que el hombre es asombroso, lo que ellos no se preocupan de hacer, por lo menos que yo sepa. Pero no se puede admitir que un hombre pueda formular un Juicio sobre el hombre. El existencialismo lo dispensa de to­do juicio de este género; el existencialista no tomará Jamás al hombre co­mo fin, porque siempre está por realizarse. Y no debemos creer que hay una humanidad a la que se pueda rendir culto, a la manera de Augusto Comte. El culto de la humanidad conduce al humanismo cerrado sobre sí, de Comte, y hay que decirlo, al fascismo. Es un humanismo que no queremos19.

Principiante.—El culto a la humanidad, o mejor dicho, a una "humani­dad superior" (como el que sostenían las teorías nacionalsocialistas de la raza) podría pretender o reclamar el título de auténtico humanismo. Hitler insistió en varios pasajes de Mein Kampf que el propósito máximo del estado racial era el de crear la belleza y la dignidad de una humanidad superior.

Sartre.—Pero hay otro sentido del humanismo que en el fondo signifi­ca esto: el hombre está continuamente fuera de sí mismo; proyectándo­se y perdiéndose fuera de si mismo hace existir al hombre, y por otra par­te, persiguiendo fines trascendentales es como puede existir; porque el hombre es este rebasamiento mismo, y no captando los objetos sino en relación a este rebasamiento, está en el corazón y en el centro de este re­basamiento. No hay otro universo que este universo humano, el universo de la subjetividad humana. Esta unión de la trascendencia, como consti­tutiva del hombre  —no en el sentido en que Dios es trascendente, sino en el sentido de rebasamiento— y de la subjetividad en el sentido de que el hombre no está encerrado en sí mismo, sino presente siempre en un universo humano, es lo que llamamos humanismo existencialista20.

Principiante.—Humanismo que…

Sartre.—Huma­nismo porque recordamos al hombre que no hay otro legislador que él mismo, y que en el desamparo es donde decidirá de sí mismo; porque mostramos que no es volviendo hacia si mismo, sino siempre buscando fuera de sí un fin que es talo cual liberación, talo cual realización parti­cular, como el hombre se realizará precisamente en cuanto humano21.

Principiante.—Desde el momento en que utilizamos la palabra humanis­mo aparece el compromiso ineludible de precisar el significado en que vamos a usar dicho término. Por un lado, es necesario fijar su sentido co­mo sustantivo y, por otro, determinar igualmente lo que queremos decir con él cuando lo empleamos como adjetivo. De la ambigüedad nace la interpretación; y en el seno de ésta, como las buenas, las malas interpre­taciones. Su humanismo existencialista fue interpretado por Naville co­mo resurrección del "liberalismo humanista", y de nociones suyas como la de dignidad humana, a pesar de señalar dos sentidos para esto y para lo otro…

Sartre.—Sí, lo sé.

Principiante.—Dice Naville: "su filosofía trata de re­sucitar en condiciones completamente particulares, que son las condi­ciones históricas actuales, lo que fue lo esencial del radical socialismo, del liberalismo humanista. Lo que le da su carácter propio es que la crisis social mundial no permite ya el antiguo liberalismo: exige un liberalismo torturado, angustiado. Creo que se pueden encontrar a esta apreciación cierto número de razones bastantes profundas, aun si uno se limita a los propios términos de la exposición de usted. Resulta de lo expuesto que el existencialismo se presenta como una especie de humanismo y de una filosofía de la libertad que en el fondo es un precompromiso, que es un proyecto que no se define. Usted hace hincapié, como muchos otros, en la dignidad humana, la eminente dignidad de la persona, que son temas que, en resumen, no están tan lejos de los antiguos temas liberales. Para justificarlos, usted hace distinciones entre los dos sentidos del humanis­mo, entre dos sentidos de 'condición humana', entre dos sentidos de cierto número de términos que se han usado bastante, que tienen ade­más toda una historia significativa, y cuyo carácter equívoco no es fruto del azar. Para salvarlos, usted les inventa un nuevo sentido. Dejo aparte todas las cuestiones especiales referentes a la técnica filosófica, aunque sean interesantes e importantes, y para limitarme a los términos que he oído, retengo un punto fundamental que muestra que, a pesar de la dis­tinción de los dos sentidos de humanismo, usted se atiende en el fondo al antiguo. El hombre se presenta como una elección por realizar. Muy bien. Es ante todo su existencia en el momento presente y está fuera del determinismo natural; no se define anticipadamente a si mismo,  sino en función de su presente individual. No hay una naturaleza humana supe­rior a él, sino que una existencia específica les es dada en un momento dado. Me pregunto si la existencia, tomada en este sentido, no es otra forma del concepto de naturaleza humana que, por razones históricas, reviste una nueva expresión; me pregunto si no es muy parecida, y más de lo que parece a primera vista, a la naturaleza humana tal como se definía en el siglo XVIII, cuyo concepto declara usted rechazar, puesto que se encuentra en gran medida detrás de la expresión de condición hu­mana, tal como el existencialismo la emplea".

Sartre.—En Diderot, Voltaire y Kant hay una naturaleza humana y és­ta se encuentra en todos los hombres23... Nosotros estamos en el desamparo porque no hay una naturaleza humana. El desamparo implica que elijamos nosotros mismos nuestro ser. El desamparo va junto con la angustia. En cuanto a la desesperación, esta expresión tiene un sentido extremadamente simple. Quiere decir que nos limitaremos a con­tar con lo que depende de nuestra voluntad, o con el conjunto de proba­bilidades que hacen posible nuestra acción24.

Principiante.—Ese desamparo y esa angustia...

Sartre.—El existencialista suele declarar que el hombre es angustia. Esto significa que el hombre que se compromete y que se da cuenta de que es no sólo el que elige ser, sino también un legislador, que elige al mismo tiempo que a sí mismo a la humanidad entera, no puede escapar al sentimiento de su total y profunda responsabilidad25.

Principiante.—Eso de algún modo es una apelación al hombre en gene­ral, como legislador en todos y cada uno de los casos. Esa apelación, en cierta interpretación marxista, se produciría por una incapacidad para asumir una posición "exigida por los acontecimientos"…

Sartre.—Humanismo, desgraciadamente, es un término que hoy día sirve para designar las corrientes filosóficas no solamente en dos sentidos, sino en tres, cuatro, cinco, seis. Todo el mundo es humanista en esta hora; aun ciertos mar­xistas que se descubren racionalistas clásicos, son humanistas en un sentido chirle, derivado de las ideas liberales del siglo pasado, el de un li­beralismo refractado a través de toda la crisis actual. Si los marxistas pueden pretenderse humanistas, las diferentes religiones, los cristianos, los hindúes, y muchos otros, se pretenden también, ante todo, humanis­tas, y lo mismo pretende el existencialismo, y de una manera general, to­das las filosofías. Actualmente muchas corrientes políticas se titulan igualmente humanistas. Todo esto converge hacia una especie de tentativa de restitución de una filosofía que, a pesar de su pretensión, rehúsa en el fondo comprometerse, y rehúsa comprometerse no sólo desde el punto de vista político y social, sino también en un sentido filosófico profundo. Cuando el cristianismo se pretende sobre todo humanista, es porque rehúsa comprometerse, porque no puede comprometerse, es decir, participar en la lucha de las fuerzas progresistas, porque se mantiene en posiciones reaccionarias frente a esta revolución…26

Principiante.—El marxista…

Sartre.Ni el pseudo marxista ni el liberal pertenecen a posiciones progresistas. El marxismo plantea los verdaderos problemas de la época27.

Principiante. Marxismo o cristianismo…

Heidegger. Marx exige que el "hombre humano" sea conocido y reconocido. A este hombre lo encuentra en la "sociedad". El hombre "social" es para él el hombre "natural". En la "sociedad" se asegura uniformemente la "natu­raleza" del hombre, esto es, la totalidad de las "demandas naturales" (alimentación, vestido, reproducción, suficiencia económica). El cris­tiano ve la humanidad, del hombre, la humanitas del homo, en la deli­mitación frente a la Deitas. Él es, histórico-sacramentalmente, hombre como "hijo de Dios", hijo que experimenta y asume la exigencia del Padre en Cristo. El hombre no es de este mundo porque el mundo, pen­sando teórico-platónicamente, sólo es un tránsito provisional al más allá28.

Marcel.Hay un espíritu de abstracción que impide tratar al hombre como hombre, en el marxismo como en el capitalismo…Una tecnocracia, sea la que sea, aunque sea capitalista, corre el riesgo de ser culpable del mismo error fundamental, en la medida misma en que corre el riesgo de llegar a considerar al individuo en el seno de la sociedad como una simple unidad de rendimiento, y como algo que no vale sino en función de su capacidad de rendimiento29.

Principiante.—Eso es desamparo.

Sartre.—El existencialista suele declarar que el hombre es angustia. Esto significa que el hombre que se compromete y que se da cuenta de que es no sólo el que elige ser, sino también un legislador, que elige al mismo tiempo que a sí mismo a la humanidad entera, no puede escapar al sentimiento de su total y profunda responsabilidad30.

Principiante.—Eso de algún modo es una apelación al hombre en gene­ral, como legislador en todos y cada uno de los casos. Esa apelación, en cierta interpretación marxista, se produciría por una incapacidad para asumir una posición "exigida por los acontecimientos"…

Sartre.—Humanismo, desgraciadamente, es un término que hoy día sirve para designar las corrientes filosóficas no solamente en dos sentidos, sino en tres, cuatro, cinco, seis. Todo el mundo es humanista en esta hora; aun ciertos mar­xistas que se descubren racionalistas clásicos, son humanistas en un sentido chirle, derivado de las ideas liberales del siglo pasado, el de un li­beralismo refractado a través de toda la crisis actual. Si los marxistas pueden pretenderse humanistas, las diferentes religiones, los cristianos, los hindúes, y muchos otros, se pretenden también, ante todo, humanis­tas, y lo mismo pretende el existencialismo, y de una manera general, to­das las filosofías. Actualmente muchas corrientes políticas se titulan igualmente humanistas. Todo esto converge hacia una especie de tentativa de restitución de una filosofía que, a pesar de su pretensión, rehúsa en el fondo comprometerse, y rehúsa comprometerse, no solamente des­de el punto de vista político y social, sino también en un sentido filosófi­co profundo31.

Principiante.—¿El marxismo es un humanismo?

Sartre.—Con los marxistas estaría de acuerdo en este punto: que no hay naturaleza humana —dicho de otra manera, cada época se de­sarrolla siguiendo dialécticas— y los hombres dependen de la época y no de la naturaleza humana. Pero ellos no entienden en qué sen­tido el existencialismo es un humanismo. Hay que insistir en la unión entre trascendencia y subjetividad, o sea, entre el rebasamiento y el hecho de que el hombre está siempre en un universo humano...

Heidegger.—En vez de eso, pensando desde Ser y tiempo habría que decir: précisément nous sommes sur un plan ou il y a principalement l'Etre. Pero ¿de dónde viene y qué es el plan?33

 

Notas y referencias

1  M. Heidegger, Carta sobre el humanismo, p. 52.

2 J.-P. Sartre, El existencialismo es un humanismo, p. 11.

3 J.-P. Sartre, El existencialismo…,  p. 11.

4 J.-P. Sartre, El existencialismo…, p. 61.

5 J.-P. Sartre, El existencialismo…, p. 61.

6J.-P. Sartre, El existencialismo…, p. 61.

7 J.-P. Sartre, El existencialismo…, p. 64.

8 J.-P. Sartre, El existencialismo…, p. 65.

9J.-P. Sartre, El existencialismo…, p. 65.

10 J.-P. Sartre, El existencialismo…, p. 64.

11 J.-P. Sartre, El existencialismo…, p. 64.

12 S. Freud, El porvenir de una ilusión, datos.

13 J.-P. Sartre, El existencialismo…, p. 64.

14 J.-P. Sartre, El existencialismo…, p. 64.

15 J.-P. Sartre, El existencialismo…, p. 62.

16 M. Heidegger, Introducción a la metafísica, datos, p.

17 J.-P. Sartre, El existencialismo…, p. 62.

18 G. Marcel, “El humanismo y sus supuestos existenciales”, p. 62.

19 J.-P. Sartre, El existencialismo…,  pp. 62-63.

20 J.-P. Sartre, El existencialismo…, pp. 63-64.

21 J.-P. Sartre, El existencialismo…, p. 64.

22 J.-P. Sartre, El existencialismo…, pp. 70-73.

23 Cf. J.-P. Sartre, El existencialismo…, p. 16.

24 J.-P. Sartre, El existencialismo…, p. 35.

25 J.-P. Sartre, El existencialismo…, p. 21.

26 J.-P. Sartre, El existencialismo…, p. 79.

27 J.-P. Sartre, El existencialismo…, idem.

28 , M. Heidegger, Carta sobre el humanismo, pp. 14-15.

29 G. Marcel, La dignité humaine, pp. 161-162.

30 J.-P. Sartre, El existencialismo…, p. 21.

31 J.-P. Sartre, El existencialismo…, pp. 78-79.

32 J.-P. Sartre, El existencialismo…, pp. 89-90.

33 M. Heideger, Carta sobre el humanismo, p. 32.


 

 

 


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