Lo especial del hombre es su universalidad
Doce preguntas a Antonio Millán Puelles

juan manuel silva Camarena
1977

 

Istmo. Revista del Centro de América, México, núm.  111, julio-agosto (1977), 35-40.

 

No se puede preguntar nada más por preguntar. Si bien las intenciones del que pre­gunta han de quedar por debajo de lo que se pregunta, los beneficios tanto del preguntar como del responder, y de lo respondido, han de configurarse con buenos propósitos y sa­nas posibilidades para que se conviertan en esas voces que llaman de tal modo que no pueden ser desatendidas. El diálogo de las mi­radas y las expresiones lleva a cabo siempre una apertura de posibilidades. Y podemos ha­blar de posibles cuando no todo es necesario.

Una cosa es hablar de las posibilidades y otra es realizar posibilidades hablando. Y, por supuesto, también pudiéramos decir que una cosa es hablar de la libertad y otra es ha­cerse libre hablando. Ambos casos se insertan en el peculiar ámbito de la libertad que incluye, como dice Antonio Millán Puelles, un igualmente peculiar ámbito de necesidad, mientras se reconozca al hombre como un su­jeto que tiene la posibilidad de la autodetermi­nación  y la necesidad de tomar decisiones. Para Millán Puelles la libertad tiene una sede subjetiva: la voluntad, y una sede objetiva: los posibles.

Antonio Millán Puelles nació el 11 de febrero de 1921, en Alcalá de los Gazules, provincia de Cádiz, Es­paña. Es actualmente catedrático y director del Departamento de Filosofía Fundamental de la Universidad Complutense de Madrid, miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas y del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Gastprofessor de la Universidad de Mainz y profesor extraor­dinario de la Universidad de Navarra. Y su pensamiento ha sido expresado y conceptuado en diversos temas y diferentes contextos [El problema del ente ideal en Husserl y Hartmann (1947); Ontología de la existencia histórica (1954); Fundamentos de filosofía (1955); La claridad en filosofía y otros estudios (1958); La función social de los saberes liberales (1961); La síntesis humana de naturaleza y libertad (1961); Persona humana y justicia social (1962); La formación de la personalidad humana (1963); La estructura de la subjetividad (1967) y Economía y libertad (1974)].

Silva Camarena.—Profesor Millán Puelles, ¿quiénes fueron sus maestros de filosofía en España y quién de ellos le causó mayor impresión?

Millán Puelles.—Juan Zaragüeta, el más viejo de ellos. El padre Arbao, dominico, médico y filósofo, quien nos explicó un curso de psicología ex­perimental y especulativa, de la cual era es­pecialista. Juan Francisco Yela Utrilla, mi antecesor en la primera cátedra que tuve, la de Fundamentos de Filosofía, Historia de los sistemas filosóficos y Filosofía de la educa­ción. Manuel García Morente, el famoso dis­cípulo de Ortega, ya entonces no sólo conver­so sino también sacerdote, cuyo magisterio era de una eficacia pedagógica increíble. Y el más joven, Leopoldo Eulogio Palacios; dis­cípulo de Maeztu, de quien fue secretario, y quizá, de todos mis maestros españoles, el que ha influido en mayor medida en mi for­mación filosófica.

Silva Camarena.—Usted también realizó estudios en Mar­burg, Münster y París, ¿con quién estudió en esos lugares?

Millán Puelles.—Estudié también, efectivamente, en Mar­burgo, Münster y París. En Münster tuve la for­tuna de oír las clases del profesor Josef Pie­per, quien por entonces desarrollaba unos cursos sumamente nutridos, con gran abun­dancia de público, y ya mostraba una espe­cial atención a varios de los diálogos plató­nicos, del estudio de los cuales han quedado evidentes muestras en publicaciones del pro­pio Pieper. También pude asistir con un ayu­dante mío, el profesor Rodríguez Rosado, actualmente catedrático de Metafísica en la Universidad de Navarra, a coloquios que te­nían lugar en el domicilio particular de Josef Pieper, autor tan traducido al castellano. En Marburgo, explicaba por entonces un hijo del profesor Ebbinghaus, el famoso psicólogo; por tanto, también de nombre Eb­binghaus. Y en París tuve contacto con una serie de pro­fesores que por entonces estaban ahí, pero fue más bien una relación mediata; es decir, a través de otras personas y discípulos de ellas, como el español Roberto Saumells, un gran bachelardiano.

Silva Camarena.—¿Cuál es el panorama actual de la filoso­fía en España?

Millán Puelles.—El panorama actual de la filosofía en Es­paña ha variado bastante con relación a la época en que yo iniciara mis estudios. Por entonces había  —contra lo que se ha dicho— un pluralismo en el sentido de que, por una parte, existía una gran influencia de la filo­sofía orteguiana, a través del propio Ortega y de sus discípulos y, por otra parte, un inten­to de recuperación de la filosofía más clásica, especialmente del tomismo. Esto último estuvo en buena medida protagonizado por el profesor Leopoldo Eulogio Palacios, a quien me referí anteriormente. En los momentos actuales se ha producido, como un fenómeno de moda, una enorme influencia de la filosofía positivista —aunque en realidad no suficientemente conocida— y también como fenómeno igualmente de moda, de vigencia social, un gran influjo del pensamiento marxista o promarxista. Sin embargo, continúan las in­fluencias orteguianas y las del tomismo en la panorámica del pensamiento filosófico espa­ñol actual.

Silva Camarena.—¿Cómo caracterizaría usted la filosofía, la metafísica y la ontología?

Millán Puelles.—La filosofía abarca no sólo a la metafísica y la ontología, sino también a las llamadas filosofías segundas de que Aristóteles hablaba. Es decir, que la filosofía es un complexum, un conjunto de saberes, todos ellos tendientes a una interpretación global de la realidad, pero de tal manera que las filosofías segundas se aplican a regiones del ser, reteniendo su carácter de ser, mientras que la metafísica ha­ce esa consideración global por su objeto, pero también la hace globalmente por su método. Por lo que toca a la diferencia entre metafísica y ontología, yo diría que a su vez la metafísica se comporta como un todo respecto del cual la ontología sería una cierta parte. La ontología estudiaría el ente en tanto que ente, en general, y, por tanto, para completar el todo que es la metafísica, faltaría la teología natural o teodicea, que no estudia todo el ente en el concepto distributivo de la palabra "ente", sino en un concepto unitario, de un ente simplísimo, de un ente divino, como razón última, explicativa, del ente en cuanto ente.

Silva Camarena.—¿Cuál, entre sus obras, considera usted fundamental para entender su pensamiento?

Millán Puelles.—Posiblemente, la obra mía más importante para comprender en conjunto mi pensamiento sea la que lleva por título La estructura de la subjetividad.

Silva Camarena.—¿Qué plantea usted, en términos genera­les, en Economía y libertad, su obra más re­ciente? ¿Qué relación puede establecerse entre economía y libertad?

Millán Puelles.—Lo que planteo es el nexo que el queha­cer económico —no sólo la ciencia económi­ca— tiene con la libertad humana en su tri­ple inflexión de que me he ocupado: de li­bertad ontológica fundamental, libertad de arbitrio —capacidad libre de decisión—, y finalmente, libertad moral. Entonces, justo, esta obra tiene tres partes,  y aunque la pri­mera no se llama "Economía y libertad onto­lógica", sino "El ámbito de la economía", precisamente por ser ese ámbito absolutamente irrestricto en principio, corresponde a la inflexión de la libertad como libertad ontológica­, libertad de amplitud del horizonte; indefi­nida amplitud del horizonte del hombre, tanto por su entendimiento como por su voluntad. Por lo que atañe al entendimiento, por ser su objeto el ente en general; por lo que atañe a la voluntad, en cuanto que su objeto  es el bien en general. Esto hace posible que la economía tenga un ámbito en prin­cipio irrestricto, y que el número de necesidades y el número de medios con los que el hombre efectivamente atiende el quehacer económico sea también indefinido. En este punto coincido con el planteamiento hegeliano de la Filosofía del derecho, en el epígrafe sobre el sistema de las necesidades, aunque la forma resolver y de plantear en general mi propio pensamiento no es ciertamente la hege­liana.  

Silva Camarena.—Uno de los temas de su especialidad es el hombre: ¿cómo concibe usted la antropología filosófica? Heidegger establece, en Ser y tiempo, una diferencia entre la antropología filosófica y la ontología de lo humano, y me parece que usted no estaría de acuerdo con ella...

Millán Puelles.—Sí es cierto que uno de los temas de mi trabajo filosófico es el hombre. La manera en que yo entiendo la antropología filosófica la suelo expresar diciendo que la antropología filosófica es el saber filosófico que tiene por objeto al hombre en tanto que centro común de los diversos aspectos inteligibles que de él pueden estudiar las diversas ciencias antro­pológicas positivas y en tanto que el hombre es el sujeto trascendental de todos esos sabe­res. Por lo que toca a la diferencia que esta­blece Heidegger en Ser y tiempo, entre an­tropología filosófica y ontología de lo humano, etcétera, yo me muevo en una concepción de la antropología filosófica que, por lo menos, trata de evitar el peligro a que en realidad creo que apunta Heidegger, y que está por él rigurosamente señalado, con pleno acierto.


Porque una antropología filosófica nunca puede ser un estudio especial del hombre en el sentido de que el hombre fuera un ser especial, a su vez en la aserción de que ésa su especialidad le cerrase a los demás entes. En este sentido suelo decir, con paradoja sólo aparencial, que lo especial del hombre es su universalidad. El temor que tiene Heidegger es que al hacer antropología filosófica se ol­vide la trascendentalidad del ser humano; que al tomarlo como objeto de un estudio espe­cial, se olvide que la especialidad del hombre es su universalidad. Este peligro he tratado de evitarlo. En este sentido me muevo en la mis­ma línea de Max Müeller, el discípulo, segui­dor y sucesor primero de Heidegger, en su obra Philosophische Anthropologie, una obra de un extraordinario interés que debería tra­ducirse al castellano.

Silva Camarena.—Usted ha distinguido tres planos de la libertad, y considera a la libertad humana como el tema central de la antropología filo­sófica. ¿Podría describir brevemente cómo se entienden esos tres niveles metodológicamente hablando?

Millán Puelles.—Los tres niveles que distingo, esos tres planos de la libertad, que no son sólo tres acepciones semánticamente hablando, sino tres planos de ella, pueden efectivamente dis­tinguirse y describirse brevemente Tomando como eje la idea del libre albedrío; para la posibilidad del libre albedrío, hay un preámbulo. Ya está esto señalado, por ejemplo, por Tomás de Aquino cuando dice que la razón es la raíz de la libertad. La libertad de que aquí se trata, en este caso concretamente, es la libertad de albedrío, libertad de opción. Y su raíz es la ratio en el sentido más amplio de la palabra. Es decir, la razón como capacidad que el hombre tiene de abrirse a todo, a lo que he llamado libertad trascendental, etcétera. Esta es condición de la posibilidad del libre albedrío. Pero haciendo eje en la libertad de albedrío no sólo encuentro que tiene un preámbulo en la libertad trascenden­tal, sino que, a su vez, prospectivamente o hacia adelante, veo que una de las posibilidades de ejercicio de la libertad de albedrío es la de conquistar un tipo de libertad que ya  sería esencialmente humana, como afirmo en mi libro Economía y libertad, no sólo porque se da en el hombre, sino porque el hombre se la daría, precisamente, haciendo un determi­nado uso, el uso moralmente correcto de su libertad de albedrío. De manera que el eje metodológico para establecer la distinción es la noción de libertad de albedrío o libertad de opción. Tiene un preámbulo, que es la li­bertad trascendental. Me encuentro, pues, si­guiendo con la metodología de la investiga­ción de la libertad de albedrío, con la liber­tad trascendental. Pero, a su vez mirando ha­cia adelante una de las posibilidades, un tipo de posibilidad de uso de la libertad de albe­drío aparece en la libertad moral.

Silva Camarena.—En cuanto a la libertad ontológica que usted detecta en el hecho de que el hombre tiene un horizonte no restringido a ningún ente o tipo de entes, en el sentido de que, sin dejar de ser lo que es, viene a ser en cierto modo todo lo demás, ¿no sería una especie de "libertad pura", en tanto que no se daría como contrapartida de una limitación necesaria? ¿Se puede afirmar una libertad sin que esté encarnada, por así decirlo, en un acto libre? ¿Sería algo “ahistórico”?

Millán Puelles.—La libertad ontológica, efectivamente, no es una libertad histórica. Sería algo “ahistóri­co”, como usted menciona, en el sentido de que no cabe dejar de tenerla en determinadas, situaciones, si en ellas se sigue siendo hom­bre. Perderla significaría dejar de ser hombre, y no cabe, por consiguiente, un processus gradualis: o se la tiene íntegramente, o no se la tiene en modo alguno. En este sentido, po­dríamos llamarla libertad "pura", pero sin olvidar, claro está, que es siempre la de un ser finito. Es decir: sería libertad "pura", pero no libertad absoluta. La libertad abso­luta sería un atributo de un ser absoluto, y el hombre no es un ser absoluto. "Pura", sin embargo, creo entender el sentido del ad­jetivo que usted le atribuye,  sí podría serlo, en tanto que efectivamente su despliegue es completo.

Silva Camarena.—El profesor Eduardo Nicol elabora una me­tafísica de la expresión a partir de la evidencia de que el ser es fenómeno; sin embargo, creo que usted distinguiría entre lo dado y lo realmente existente en sentido ontológico: ¿pudiera decirse, entre el ser y lo real?

Millán Puelles.—Me pregunta usted con ocasión de las teo­rías de Nicol sobre la metafísica de la expre­sión si yo distinguiría entre lo dado y lo realmente existente en sentido ontológico. Sí, distingo. Sólo que tengo en cuenta, pero manteniendo la distinción, que lo dado, y podría­mos llamarlo, en este sentido, lo fenomenológico, cuando es dado en la inmediatez de la actividad misma de la conciencia, es también realmente existente en sentido ontológico. En cuanto a que pudiera hacerse la distinción entre lo dado y lo realmente existente como paralela o coincidente con la distinción entre el ser y lo real, yo no haría uso de esa equi­paración. No sé bien qué es lo que se que­rría significar entonces. Porque "ser" en sentido fuerte es lo mismo que "real". Ahora, evidentemente, cabe una acepción débil, por ejemplo, la del "ser de razón" o "ente de razón", que es simplemente dado, pero no tiene realidad. Quizá va por ahí la indicación que usted me hace.

Silva Camarena.—En su libro La estructura de la subjetividad aborda usted el problema de la es­tructura del ser del hombre. En resumen, ¿cuál es esa estructura? ¿Cómo se relaciona esa estructura con el hecho de que el hombre es un ser histórico? ¿Cuál es la parte del hombre que cambia históricamente y cuál es la parte que no cambia? ¿Cómo podemos definir al hombre?

Millán Puelles.—Yo creo que la definición permanentemen­te válida del hombre es su definición esencial metafísica. La que lo define como "ani­mal racional". Pero de tal modo y manera que ésta no sea una simple yuxtaposición. O dicho con otras palabras, que al hombre se le conciba como animal, en tanto la animalidad es susceptible de ser, digámoslo así, im­pregnada por la racionalidad, por la espiri­tualidad. O inversamente, en cuanto que la espiritualidad es encarnable en una vida ani­mal, lo cual trae como consecuencia inmedia­ta, y es algo permanente en el hombre, una mediación sensorial de la actividad espiritual del hombre. Esto no lo podemos olvidar. Creo que es quizá la consecuencia fundamental de esa articulación —no simple yuxtaposición— ­de lo animal y lo racional en el hombre. Hay mediación sensorial de lo espiritual en el ser humano. Y esto es lo que en el hombre per­manece siempre, cualquiera que sea la diversidad de situaciones por las que pueda atra­vesar. Su estructura es, por de pronto, esa estructura de animalidad y racionalidad. Pe­ro en el ejercicio del hombre como subjeti­vidad la estructura es, a mi modo de ver, una especie de dialéctica —aunque el término no acaba de gustarme— entre la referencia del hombre a sí mismo y la referencia del hom­bre a lo otro que él. Son, pues, dos dimen­siones. El hombre no es solamente él y su po­sibilidad de asumirse, sino también la posi­bilidad de asumir lo ajeno. Y de hacerlo pre­cisamente de un modo intelectivo, es decir, de una manera que no es compositiva con lo recibido.

Silva Camarena.—¿Qué obra piensa publicar próximamente? ¿En qué trabajo se ocupa en la actualidad?

Millán Puelles.—Mi intención es acabar de publicar, al­guna vez, un libro que lleve por título "Teo­ría del objeto puro", o bien, "Teoría del ente de razón". Dando a la palabra "objeto puro" el sentido de "mero objeto"; es decir, de algo que no tiene más ser que su objetárseme, su dárseme, y que, por tanto, no tiene verda­dera realidad. Es el mundo de estos objetos puros, meros objetos, entes de razón, un mundo de irrealidades que, sin embargo, me apasiona desde hace muchos años. Pero llevo ya veinticinco tratando de publicar esto y no lo hago nunca. Tengo la esperanza de poner­me a hacerlo alguna vez. Lo que ocurre es que la misma amplitud de materiales que he ido acumulando me remite a otras cuestiones, y siempre me queda aplazado. Pero pretendo, efectivamente, ponerme a esta tarea.

 

Adenda (2010):

El profesor Millán Puelles murió el 22 de marzo del 2005, a la edad de 84 años. Efectivamente, se puso a la tarea y en 1990 publicó su Teoría del objeto puro (Rialp, Madrid), cuya versión en inglés se tradujo en 1996 (The Theory of the Pure Object, Carl Winter Verlag, Heidelberg). Su razón filosófica siguió produciendo frutos, después del mencionado libro de 1974: Sobre el hombre y la sociedad (Rialp, Madrid, 1976); Universidad y sociedad (Rialp, Madrid 1976); Léxico Filosófico (Rialp, Madrid,  1984); La libre afirmación de nuestro ser. Una fundamentación de la ética realista (Rialp, Madrid, 1994), El valor de la libertad (Rialp, Madrid, 1995); Ética y realismo (Rialp, Madrid, 1996); El interés por la verdad (Rialp, Madrid, 1997);  (Rialp, Madrid, 2002 y 2003, 2 vols.) y La inmortalidad del alma humana, publicado póstumamente, en 2008. El lector hallará información valiosa sobre su vida y su obra en el trabajo del profesor José María Barrio Maestre, del Departamento de Teoría e Historia de la Educación de la Facultad de Educación de la Universidad Complutense de Madrid, en el siguiente vínculo electrónico: http://www.philosophica.info/archivo/2010/voces/millan_puelles/Millan_Puelles.html).

 


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