David Wiggins
Locke, Butler y la corriente de la conciencia: los hombres como una clase natural

Traducción de Juan Manuel Silva Camarena

I John Locke: acerca de las personas, y una objeción de Joseph Butler

Locke definió a la persona como "un ser pensante e inteligente que posee razón y reflexiona, y puede considerarse a sí mismo como sí mismo, la misma cosa pensante en tiempos y lugares diferentes" (Essay 11, XXVII, 11). Para muchos que han sido estimulados por el mismo pensamiento que Locke, la continuidad de la conciencia ha parecido ser una parte integral de lo que significamos con el término persona. La apelación intuitiva a la idea de que para asegurar la identidad continua de una persona, una experiencia debe fluir hacia la siguiente experiencia en "alguna corriente de conciencia", se hace evidente por el número de intentos de la llamada tradición constructivista de explicar la continuidad de la conciencia en términos de memoria, y enseguida, tratar de construir o reconstruir la idea de persona con esos materiales. La dificultad filosófica de la idea es clara a la luz del fracaso de esos intentos. La mirada retrospectiva sugiere que éste era tan inevitable como el fracaso del intento (si alguna vez alguien lo llevó a cabo) de hacer ladrillos solamente con paja, e igualmente, poco interesante. (Lo cual no equivale a negar que el teórico de la memoria podría obtener de ello la sensación de que algunas de las dificultades en su programa han surgido debido a que deja fuera de su construcción la carne y los huesos, la materia prima de las personas.)

Existe una distinción, bien fundada en los textos de Locke y Descartes por un lado, y en los de Hume, James, Russell y Ayer por otro lado, que a veces se propone como la distinción entre las teorías del yo como "sujeto" o "no sujeto". (Felizmente no se propone de ese modo, debido a que las teorías del yo "no sujeto" no aspiran tanto a rechazar al sujeto como a reconstruirlo, y éste vuelve al discurso como un complejo.) Pero la continuidad de las personas se discute aquí en un nivel en el que no viene al caso esa división de las tradiciones de especulación acerca de la naturaleza y persistencia del yo. Cuando James escribe que "la identidad continua de cada conciencia personal es tratada como un nombre para el hecho práctico de que las experiencias nuevas miran atrás a las viejas, las encuentran cercanas y se las apropian como mías", y que las experiencias subsecuentes deben juzgar que "esos sentimientos son el núcleo de mí mismo", esta teoría del yo "no sujeto" y la teoría de Locke 1 se fundan en el mismo tipo de cuestiones. Se admite en general que algunas de esas cuestiones han sido mal concebidas. 2 Pero de eso no se sigue que ambas tradiciones estén enteramente equivocadas al interesarse ellas mismas en la idea de que la memoria y la reflexión ayudan a construir la continuidad del yo persistente.

La primera aspiración de lo que sigue consiste en examinar los cargos de circularidad o absurdidad manifiesta lanzados contra la teoría de que semejante continuidad es parte de la esencia de la persona y su identidad. La teoría puede ser liberada de esos cargos. La segunda aspiración consiste en proseguir una visión potencialmente conflictiva, sugerida por la primera defensa en sí misma. Incluso si esta visión finalmente viniera a subvertir la condición lockeana de la identidad, pienso que no puede refutar toda la concepción lockeana de lo que es la persona. Hay algo tan interesante acerca de la idea de que una persona es un objeto esencialmente enterado de su desarrollo y persistencia a través del tiempo —un yo registrador, por decirlo así—, y esta noción está tan estrechamente relacionada con algunos de los más profundos argumentos de Kant 3, que uno debiera ver muy críticamente cualquier intento de demostrar circularidad irreductible en la continuidad de la condición de la conciencia de la identidad personal. Pero se debe examinar aún más escépticamente la opinión de que la adecuada memoria de experiencias no es parte esencial del concepto de persona.

Criticando a Locke, Bishop Butler escribió: "Y uno debería pensar realmente como evidente que la conciencia de la identidad personal presupone, y por consiguiente no puede constituir, la identidad personal, no más de lo que el conocimiento, en cualquier otro caso, puede constituir la verdad, a la cual presupone" (First Dissertation to the Analogy of Religion). Debe admitirse que si se define a una persona a la manera de Locke (si se pretende definir a las personas y no meramente describirlas), y si en realidad se concede suficiente importancia a alguna capacidad d de auto-registro para hacer de la posesión activa de d una propiedad definitiva de las personas, entonces, debido a que el ejercicio de la capacidad d se vuelve una condición de la existencia cabal y la persistencia de una persona, d debe, desde luego, registrarse entre las condiciones de identidad para la gente. Esto solamente refleja una verdad más amplia que es familiar desde las enseñanzas de Aristóteles, Leibniz y Frege acerca de la relación íntima que se mantiene entre el dar razón de lo que una cosa es y la elucidación de las condiciones de identidad para los miembros de su clase. Si como alguien ha sugerido, el formular una condición lockeana de identidad personal conlleva una dificultad, entonces ésta sólo puede ejemplificar una dificultad más general, vinculada con el intento de construir dentro de la definición de cualquier cosa de la clase f una referencia a la capacidad de un miembro de f para tener en t una u otra relación con sus propios estados previos a t. Tendría que haber, supongo (lo que dudo que haya), alguna dificultad sistemática acerca de este su s.

Puede ser que haya lugar a discrepancias acerca de la objeción exacta que se pretendió hacer contra Locke en la famosa cláusula de Bishop Butler. Ella no parece recapitular el punto tocado en la cláusula anterior de Butler, en la cual se lee esto:

Pero aunque la conciencia de lo que es pasado confirma de este modo nuestra identidad personal para nosotros mismos, no obstante decir que ella hace nuestra identidad personal o que es necesaria para que podamos ser las mismas personas, significa que una persona no ha existido un solo momento ni ha hecho ninguna acción fuera de aquellas que pueda recordar; en verdad, nada excepto aquello sobre lo que reflexiona. Y uno debería pensar realmente como evidente...

Llegaremos por buena vía al punto que trabaja Butler en esta cláusula anterior. La cláusula que nos concierne en este momento, acerca de lo que es evidente, parece referirse a algún punto de higiene lógica, el cual, de acuerdo con Butler, debió haber sido notado por Locke antes de, siquiera embarcarse en ese proyecto malaventurado —algo tan manifiesto como que "el conocimiento presupone la verdad". Y el punto parece ser el de que uno no puede definir la identidad de A con B en términos de ser A consciente de haber sido idéntico a B o recordar ser B. Pero uno podría preguntarse: ¿por qué no podría un partidario de Locke, en lugar de eso, hacer la definición de que A sea la misma persona que B en términos de que A se recuerda real o aparentemente siendo-X-en-el-tiempo t, justo en el caso de que siendo-X sea lo que B fue de hecho en el tiempo t? 4 Habrá acerca de esto dificultades obvias y externas, pero no son las dificultades que procura explotar la cláusula particular de Butler. Pues tal definición ni siquiera menciona la conciencia de A de identidad con B.

En este punto, sin embargo, otros filósofos, por ejemplo Flew 5, han estado deseando reinterpretar, amplificar y extender el argumento de Butler. Flew escribe: "es absurdo decir que 'él puede recordar que es la misma persona'. La absurdidad es por lo común escasamente disimulada, ya que expresiones como 'recuerdo hacer, sentir, ver algo' no contienen una referencia explícita al hecho de que lo que es recordado sea que quien habla es la misma persona que hizo, sintió o vio lo que sea" 6. Esto comete con Locke la misma injusticia que cometió Butler. También significa una nueva pretensión: que "A recuerda X cosa" [hacer, sentir, ver... algo] es una versión desfigurada o "enmascarada" de lo que debiera ser puesto explícitamente como "A recuerda X cosa de A". Pero lejos de que "A recuerda X cosa", tenga a "A recuerda X cosa de A" como su forma canónica y equivalente (o "A recuerda X cosa de B ", implicando la identidad de A y B), las dos locuciones son, yo lo propongo, marcadamente diferentes tanto en construcción como en sentido; aunque bien puede ser que la idea de que "A recuerda X cosa" tiene como su forma canónica a "A recuerda X cosa de A" la que conduce al mismo Flew a una curiosa inadvertencia. Él dice (p. 56) que es una verdad necesaria "que x en el tiempo dos es la misma persona que y en el tiempo uno, si y sólo si tanto x como y son personas, y x puede (lógicamente) recordar en el tiempo dos lo que y hizo, etcétera, en el tiempo uno". A esto hago la objeción de que yo aún recuerdo a Hitler invadiendo a Rusia durante la Segunda Guerra Mundial, y aún recuerdo al Mariscal de Campo Montgomery rememorando, en algún discurso que pronunció cuando iba a la escuela, cómo ganó la batalla de Alamein. Si recordar estas cosas me convierte en Hitler o Montgomery, me convierte en ambos. Pero no importa por qué exactamente Flew dice esta cosa extraordinaria. El punto importante es que la relación entre el "recordar A X cosa" y el "recordar A X cosa de A" es en verdad bastante complicada.

Si un paracaidista de sangre fría, llámese el primer paracaidista, olvida que tiene que ser el primero en saltar; si por alguna razón cuando salta no presta atención al hecho de que es el primero en saltar; y posteriormente no recuerda que él saltó primero; entonces él, el primer paracaidista, puede recordarse a sí mismo saltando sin recordar el salto del primer paracaidista. (De cualquier modo, si usted se lo pregunta, puede ser que él diga: "yo no recuerdo el salto del primer paracaidista".) E inversamente, puede ser que él recuerde al primer paracaidista a quien le fue revisado su equipo —él observó sin darse cuenta que se trataba de su propio equipo, y percatándose, por el contrario, de que era el equipo del primer paracaidista— y puede ser que recuerde esto sin recordar que hubieran revisado su equipo. Pues cualquier otra cosa que recuerde, acerca de este evento, no es "mi equipo está revisado". Aquí hay muchas más cosas que decir7 , pero las dificultades de igualar "el recordar a X cosa" con "el recordar a X cosa de A", o "el recordar su X cosa", son parte de un fenómeno más amplio que merece mayor atención de la que le han prestado los filósofos. ¿Es mi imaginar ser Moisés, o un elefante, o el pincel de Paul Klee equivalente a mi imaginarme (el imposible estado de cosas) ser un pincel o Moisés o un elefante? Compárese también prever, visualizar y concebir. Aquí, como con imaginar, la incapacidad de dejarse a uno mismo fuera del cuadro precisamente impide lograr algo más por el camino de la imaginación 8.

Que pudiera ser que no hubiera nadie saltando primero o a quien le haya sido revisado el equipo, nadie que sea Moisés o elefante o un pincel, sin el hacer o sufrir o ser de algún sujeto, no es lo mismo que decir que el sujeto debe ser especificado o debe ser, si se especifica, el mismo que el sujeto de los verbos psicólogos recordar, imaginar…  (saltar/ser...). Lo que es más, incluso si uno pudiera siempre rescribir "A recuerda X cosa" en lugar de "A recuerda X cosa de A" —lo cual no se puede, pero incluso si uno pudiera hacerlo— aún sería correcto preguntar: ¿por qué debiera uno rescribirlo de esta manera? Se puede rescribir "C es el mismo árbol que D" en lugar de "C es uno y el mismo árbol que D". ¿Eso refutará al logicismo? Si debiéramos rescribir todo lo que pudiésemos rescribir, entonces cualquier intento en el análisis filosófico debería ser o incorrecto o "circular".

 

II Otra línea de objeción y una reformulación del requerimiento de continuidad de la conciencia

Butler observa en el mismo pasaje de la First Dissertation que decir que "la memoria hace la identidad personal o que es necesaria para que podamos ser las mismas personas, es decir que una persona no ha existido un solo momento ni hecho ninguna acción que no pueda recordar; en verdad, nada excepto aquello sobre lo que reflexione".

Éste es un cargo de cabal absurdidad y no de circularidad. Podríamos pensarlo como un primer intento honesto de dirimir el desarrollo que Locke hace de su proyecto para evadirlo, y lo bastante para asegurar algo como la continuidad que Locke anhelaba entre la persona Ptj y la persona Qtk que, para alguna suficiencia de cosas actualmente hechas, atestiguadas, experimentadas ... en cualquier tiempo por Pth Qtk debiera más tarde tener recuerdo suficiente, real o aparente, de lo que a la sazón hicieron, atestiguaron, experimentaron ... ellas9 . Llamemos a esta relación (dándole una mano, con algo más en torno a la "suficiencia" y glosado de algún modo que nos permita dormir tranquilos) la relación C de fuerte co-conciencia, y simbolicemos su efectuación como (Qtk)C(Ptj). Entonces alguien empeñado en apoderarse del nervio de la concepción de Locke acerca de la persona vería —como Leibniz lo hizo, mas no todos los críticos de Locke le han visto 10— que la condición de identidad que él tenía que refutar era aquella que hizo que la persistencia de una persona P dependiera solamente del hecho de que P estuviera relacionada en cada fase sucesiva de su biografía en esta relación-C con P en cada fase previa. En sí misma C es una relación no transitiva, pero la *C ancestral de la relación-C —la relación más débil y transitiva de x, estando relacionada-en-C con y o bien relacionada en-C con alguna z que está relacionada-en-C con y o... diré simplemente co-conciencia— nos provee con todo lo que necesitamos para formular una condición general de identidad neo-lockeana:

Ip: P es la misma persona que Q si y sólo si (Q)*C(P).

Las deficiencias de esto se harán evidentes rápidamente, y ellas serán descritas en detalle en la sección III; pero no son los defectos de la circularidad, impropiedad lógica o cabal absurdidad; ni son ellas síntomas de algún defecto inherente en las condiciones más complejas que *C podría haber usado para formular. Lo que esas deficiencias significan realmente es la riqueza inesperada y el carácter concreto de los requerimientos en cualquier realización satisfactoria de la idea original de Locke. Como aparecerán a continuación, esos requerimientos son radicalmente inconsistentes con la concepción no materialista a la que llegó el mismo Locke. Pero no es esa parte de su concepción la que se defiende en el presente escrito. Los defectos tienen que ver con (i) la adecuación formal de (x)-KC(y) para definir una relación de equivalencia como la identidad, y (ii) la necesidad de fortificar a *C con el fin de asegurar lo que realmente se intenta mediante el requerimiento de la continuidad de la conciencia.

III La inadecuación de *C, como de cualquier condición de la continuidad mental no contaminada de "recordar". La intrincación del recordar con lo físico.


Habiendo definido *C como lo hicimos, ¿hay alguna razón positiva para pensar que es simétrica y reflexiva además de transitiva? A menos que *C tenga esas propiedades, su consecución entre alguna x y alguna y es ciertamente insuficiente para la identidad personal, y puede ser insuficiente incluso para lo que se quiere decir por continuidad de la conciencia11 .

Supóngase que (Ǝy) [(x)*C(y)]. Entonces, ¿se sigue que (x)*C(x), que x recuerda suficientemente hacer una cantidad suficiente de lo que x acaba de hacer? Incluso si escalamos esta pendiente un poco para exigir solamente que x tenga la potencialidad de recordar suficientemente en cada etapa la cantidad suficiente de lo que x ha hecho recientemente, hay ya un problema. Si una persona es atropellada en un accidente de carretera y nunca recobra en absoluto la conciencia y la memoria, ¿no puede permanecer después biológicamente vivo en un hospital durante años? ¿No es una persona inconsciente o "in memoria? Algunos encontrarán la descualificación que hace Locke de esta persona forzada o absurda, o se quejarán de que ello tiene un cierto sabor a legislación, lo cual es cierto. Pero no es necesariamente legislación vana. No es con reflexividad que se apoya la dificultad obvia o inmediata. La simetría y la transitividad son el reto.

Nada en nuestras definiciones, hasta el momento, parece haber excluido la siguiente posibilidad: una corriente de conciencia se divide en algún punto y fluye hacia una delta de dos conciencias, que de ahí en adelante quedan separadas. Aquí tenemos, digamos.

(Qt3)*C(Pt1)

y también

(Rt3)*C(Pti)

Una manera de persuadimos a nosotros mismos de que alguien puede concebir esto consiste en dibujar un hombre hendido de la cabeza a los pies, exactamente a través del corpus callosum, suministrando sustitutos artificiales a cada mitad en el lugar de las extremidades y órganos faltantes. Menos vampirescamente, uno puede suponer que él es capaz de concebir un estado de cosas lamarckiano en el cual los niños heredan algunos recuerdos substanciales de experiencias que corresponden estrechamente a la vida de la madre hasta el momento de la concepción 12.

Si esas cosas son verdaderamente concebibles (lo cual dudo en el caso de las personas; pero más tarde hablaremos más acerca de esto), entonces *C no puede ser igualmente transitiva y simétrica, Si la corriente de conciencia de alguien que (digamos) plantó la higuera al lado de una cierta pared, dividido de la manera que hemos descrito, y si hubiera más tarde dos gentes que pretendieran recordar haber plantado el árbol (y realmente recuerdan haberlo plantado, ya que son satisfechos en la fantasía todos los requerimientos factuales, circunstanciales y causales), entonces el criterio Ip nos forzaría a identificar a los dos pretendientes uno con el otro.13 Pero cuando la disputa comience uno puede gritar y el otro enfurruñarse. No pueden ser la misma persona 14.

¿Dónde nos coloca esto? Si estuviéramos interesados en la continuidad de la conciencia por sí misma, sin querer definir la identidad y la diferencia de personas a través de ella, podríamos contar con el hecho de que recordar es algo que hace la gente (constituida como está, con las limitaciones físicas que tiene) con el fin de suscribirlo como una relación de equivalencia. Pero es justamente al revés. Nuestra única razón para insistir en que *C debe ser una relación de equivalencia es precisamente nuestro deseo de utilizarla para definir la identidad personal. En la ausencia de algún compromiso con ese proyecto, podríamos estar contentos con que *C fuera (digamos) reflexiva, transitiva y no-simétrica.

¿Debiéramos abandonar nuestro interés en la continuidad de la conciencia y echar a pique toda la concepción lockeana de la persona? Aún no. Si acaso, la insuficiencia de Ip para definir la identidad correctamente para el caso de una delta en la corriente de conciencia atrae la atención hacia la plausibilidad actual de la condición de co-conciencia. Pues a pesar de la dificultad acerca de la identidad mucha gente siente una presión casi abrumadora en tales experimentos del pensamiento para encontrar una manera de permitir a ambas mitades resultantes algo como la identidad con la persona que se dividió. En una sociedad en la que la gente ocasionalmente se dividiera, pero que perseverara en sus intereses en lo que Locke llama "esa conciencia que atrae castigos o recompensas con ella15 ", un malechor podría escasamente evadir la responsabilidad tramando su propia fisión. Ni la reflexión sobre la transitividad de la identidad como la han presentado en modos tan diferentes Chisholm, Parfit y Williams, puede ser suficiente para hacerme que deje de preocuparme acerca del futuro si sé que estoy a punto de dividirme y habrá en breve dos mitades, ambas co-conscientes conmigo. Tales posibilidades (o posibilidades potenciales) no muestran la mutua extrañeza entre la co-conciencia y la identidad personal. Lo que se despierta aquí son problemas acerca de la supervivencia, la racionalidad, el altruismo y la prudencia que no serían sino problemas del yo.

Anuncié que había dos dificultades en las condiciones *C tal y como fueron formuladas. La primera, que apenas abordamos, relacionada con la adecuación formal de *C. La segunda, a la que ahora toca su turno, que consiste en la necesidad de fortificar *C para que efectivamente juegue el papel que siempre se dijo que jugaba. Tal y como se encuentra no es capaz siquiera de definir o capturar la continuidad mental que animaba las tradiciones lockeana y construccionalista.

Esto se debe a que no ofrece ninguna explicación plausible del error.

Supóngase que en t3 pienso que recuerdo el haber cerrado la puerta trasera, aunque el hecho es que algún vecino bien dispuesto deslizó la aldaba (en h) después de que yo me marché sin cerrarla. Entonces, a menos que ya poseamos un criterio de identidad o algo más para refutar de algún modo lo que sostiene la memoria, parece que tenemos

(Wiggins quien en t3 imagina que recuerda haber cerrado la puerta) *C (la persona que recuerda haber deslizado la aldaba en t2).

Esto está suficientemente mal, pero supóngase que más tarde, en t4, comienzo a dudar de que yo haya cerrado la puerta, recordando que en t3 había supuesto que recordaba haberlo hecho. Entonces indudablemente

(Wiggins quien duda en t4 que él haya cerrado la puerta) *C (Wiggins quien pensó en t3 que recordaba haber cerrado la puerta).

Pero entonces, me guste o no, *C debe, por la pretendida transitividad y simetría, sostenerse entre yo (incluso mientras dudo) y el hombre, o más probablemente mujer, que cerró la puerta de atrás. Pero aquí ni siquiera tengo lo que Locke quiso decir por continuidad de la conciencia con la persona que la cerró. Haciendo más rígidos los requisitos subjetivos del recordar haber cerrado la puerta (la viveza, estabilidad, riqueza. etcétera, de la representación interior) se alterará escasamente la posición. El dificultoso ejemplo en sí mismo podía haberme enriquecido siempre correspondientemente.

Ésta es una objeción fundamental. Si tratamos de responderla escribiendo "recordar" en lugar de "real o aparentemente recuerda" en la definición de C y *C, entonces nos topamos con la dificultad de que la identidad puede estar ya implicada, en algunos casos, en la decisión de si alguien realmente recuerda haber plantado la higuera16 . Para evitar la dificultad satisfactoriamente debemos decir lo que es realmente recordar, haciéndolo de tal modo que abarque los casos (lockeanos) típicos de recordar atestiguar, recordar percibir, recordar sentir, recordar pensar, recordar que se recuerda, recordar sufrir, recordar hacer ... Nada menos que eso será suficiente para hacer a *C el material de un correcto y útil criterio lockeano de la identidad, con la serie de casos sobre los que se puede decidir que actualmente adscribimos a la relación es la misma persona que. Esto no equivale a definir a *C en el vacío como lo hicimos antes —como si todo lo demás pudiera definirse a voluntad, y sin relacionar siquiera una persona y sus acciones de tal manera que se pudiera decir qué es para una persona poseer acciones (frase de Locke, Essay, Fraser, p. 479). Si procediéramos como debemos, sin embargo, entonces ninguna razón que se dé de la memoria será suficiente, a menos que surja de un dar razón, tan real como la vida, de la serie completa de facultades que son distintivas de las personas. La objeción escasamente muestra que sea imposible modificar la ejecución del proyecto lockeano al mismo tiempo que se confiere un papel especial a la memoria entre las otras facultades. Pero muestra algo acerca del tipo de empresa de la cual el análisis de la memoria debe formar parte. Por esta razón haré una pausa aquí, por un momento, para decir una o dos palabras acerca de la explicación de la memoria ofrecida por Marx Deutscher y C. B. Martin. 17

Deutscher y Martin señalan que incluso si A (digamos) plantó una higuera en un cierto sitio y en un cierto tiempo, al pensar A que él recuerda haberla plantado no es suficiente para establecer que A recuerda haberlo hecho. Puede que él haya olvidado el acto real de plantarla. Si alguien se lo hubiera contado más tarde, entonces A pudo haber imaginado subconscientemente la plantación; e incluso, como lo imaginó, puede ser que haya olvidado que supo de la acción únicamente por el relato de otra persona. Ésta es una posibilidad real, aunque remota. Lo que es menester entonces, además de alguna representación interna suficientemente vívida y plausible por parte de A, es que haya una relación causal entre la plantación que hace A del árbol y su subsecuente representación en la memoria. Éste es un punto bastante familiar 18. Lo que para este asunto es original en la contribución de Deutscher y Martin es el haber demostrado, en la forma de una disputa conceptual, que era imposible definir el tipo correcto de conexión causal entre un incidente y su representación en la memoria sin recurrir a la noción de huella mnémica (que podría identificarse por referencia a la conexión neurofisiológica normal, sea lo que ésta fuere, entre los recuerdos y los incidentes de los que ellos son recuerdos)19 . Ellos exploran cuidadosamente una multiplicidad de alternativas a la explicación explícita de la huella mnémica que intenta dar cuenta de la conexión causal entre incidente y memoria experiencial del accidente. Ellos muestran que ninguna de esas explicaciones puede permitir simultáneamente la posibilidad de incitar y definir el tipo particular de operatividad que estamos buscando entre incidente y representación.

Estos argumentos acerca de la memoria tienen, en su tendencia fisicalista, importantes paralelos con lo que parecen sostener de otras facultades que son distintivas de la persona. Si hiciéramos la distinción que creemos que querríamos hacer entre percepción y percepción errónea, por ejemplo, tiene que haber ahí algo independiente de lo que es dado subjetivamente en la percepción para fijar la posición del que percibe. ¿ Qué otra cosa puede fijado sino el cuerpo del que percibe? Un poco similarmente, parece seguirse de los análisis de Deutscher y Martin que la memoria experiencial es inconcebible sin alguna materia en la cual se imprima una huella por el incidente original, y la cual puede retener la huella hasta el tiempo en que la persona implicada lo recuerda. Lo que Deutscher y Martin pusieron a la luz cuando criticaron los análisis "si..., entonces—" de la causalidad conceptualmente forzosa, fue, pienso, una dificultad completamente general para restringir por condicionales el carácter de cualquier disposición mental 20. Una disposición es el tipo de cosa que puede permanecer latente, ser revivida y renovada, y está a la disposición de su dueño para usarla en todo tipo de circunstancias diversas, o para no usada. Es imposible formarse un concepto de la causalidad de la memoria por analogía con la acción a distancia como una operación que se da sobre una brecha inmaterial entre el mundo externo en un tiempo y la mente en un tiempo posterior 21.

Pienso que en este tipo de razonamientos empezamos a ver cómo se necesita abordar a *C. Definirla es sólo una parte del ejercicio general de describir una entidad material persistente, dotada con la potencialidad biológica para el ejercicio de todas las facultades y capacidades conceptualmente constitutivas de la personeidad (personhood): sensibilidad, deseo, creencia, movimiento, memoria, etcétera.

 

Notas y referencias

4. Un defensor de Locke podría engañarse momentáneamente pensando que esta definición llegó a lo mismo que aquella que mencionó que, si él no pudo ver eso, entonces debe rechazar lo que le ofrece Butler bajo la apariencia de una concesión —que "la conciencia de lo que es pasado... nos confirma a nosotros mismos, de este modo, nuestra identidad personal". No es probable que el ofrecimiento haya sido tramposo, pero ciertamente debe 'rechazarse. ¿Cuál problema de identidad acerca de nosotros mismos nos ayuda a resolver "la conciencia de lo que es pasado"? A menudo queremos saber si antes cumplimos nuestra promesa de escribir esa carta, de hacer esa llamada telefónica, etc. Pero esto difícilmente es un problema de identidad debido a que, por lo común, es ser ignorante de si la carta fue escrita o la llamada fue hecha. La posesión de esta información, por lo general, es una condición previa al surgimiento de la cuestión acerca de la identidad: "¿soy yo quien escribió/telefoneó?" Admito que, por lo común, pero no siempre, saber que esa llamada telefónica fue hecha es (bajo tales circunstancias) recordar haberla hecho. Normalmente al que la hace no le queda ningún problema de identidad. A fortiori, no necesita él poseer un criterio especial con el fin de solucionado. Por otro lado, cuando surgen cuestiones de identidad acerca de uno mismo —como perfectamente puede suceder aunque no sea usual ni tampoco sea lo normal— entonces uno debe recurrir al mismo tipo de criterio que cualquier otro emplea para identificarse y volverse a identificar. Aquí se goza de un solo privilegio. Uno puede usar la memoria personal, recordándose haciendo X, al aplicar ese criterio común. Pero voy a dejar este asunto (el cual es complicado, aunque no transformado por la posibilidad Q posible posibilidad de fisión o memoria heredada). Pues lo que a mí me concierne aquí es lo siguiente: qué es para A ser idéntica a B, no qué es para A saber que es idéntica a B, y tampoco qué es para A saber quién es A en sí misma.

11.El lector pudo haber creído que era una objeción a Ip el que *C sea ya una relación asimétrica. Aquí debemos cuidamos de caer en una concepción equivocada acerca de lo que se quiso deeír con Pti y Qtk. Lo que tales descripciones representan no son fragmentos del tiempo de la gente o "momentos de personas". Son gentes que persisten como cosas trídímencíonales, que han nacido, viven por un tiempo y luego, de un modo u otro, mueren. Si Pti y Qti son la misma persona, entonces, haciendo caso omiso del hecho de que esas descripciones pudieran identificar la persona por referencia a predicados que se predican de la persona en diferentes tiempos ti y tksus referencias son una y la misma. Todo lo que es verdadero de una lo es de la otra, y, con ciertos ajustes meramente gramaticales, las designaciones son en todas partes salva veritate ínter-substítuibles, Supóngase que a un muehacho llamado Juanito Jiménez no le gusta su nombre y que cuando él creee triunfa al hacer que la gente le llame Juan j iménez. Supóngase que Juan Jiménez recuerda en tm haber hecho un suficiente número de cosas X, Y Y Z que Juanito' realmente hizo hace mucho tiempo en ti ti tk
Entonces tenemos (Juan)*C(Juanito). Ahora bien, es cierto que deberíamos determinar la verdad de esto tomando los recuerdos de Juan en tm Y las acciones de Juanito en ti, ti, tkEsto introduce ciertamente una asimetría del método propuesto para la verificación de que Juan = Juanito. Pero todo lo que refleja esta asimetría es el hecho de que, en la forma en que está planteado, el problema ha sido establecido en términos de identificaciones de Juan y juanito hechas por predicados o descripciones relativas a diferentes tiempos, primero para Juanito y luego para Juan. Sin embargo, si Juan es Juanito, entonces (al contrario de 108 deseos de Juan jíménes) podemos decir verdaderamente que el hombre que era el pequeño Juanito jíménez, y de hecho es el mismo Iuaníto Iíménes, aun en tm recuerda hacer X, hacer Y y hacer Z, que es lo que, de hecho, Juan Jiménez hizo antes en ti. tj, tky lo mismo se aplicará a la relación*C. Si (Juan)*C(Juanito) y Juan = Juanito, entonces (juaníto)*C(Juan) ." C no es. entonces, asimétrica. La pregunta apropiada es, como en el texto. ¿Es *C no-simétrica?
Hay razones para pensar que se debe insistir en estos puntos, cualquiera que sea el riesgo de aburrimiento. Las referencias de tiempo que hemos introducido se refieren al tiempo en el que se recuerda y al tiempo de las acciones recordadas, no a entidades. No existe un objeto que sea juan-jiménez-en ún. o Iuaníto-Iíménez-en ti. Tampoco es Juanito Jiménez el nombre de un fragmento temprano-de Juan Jiménez. Si lo fuera, entonces sería falso que Juanito Jiménez = Juan Jiménez.

 

 


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