¿Existe el determinismo freudiano?

Réplica a una ponencia de Juliana González

 

 

juan manuel silva camarena
1985

 

Teoría. Anuario de filosofía 1981, Facultad de Filosofía y Letras, 
Universidad Nacional Autónoma de México, II, 2 (1985), 493-504.

 

En el trabajo de la profesora Juliana González se encuentra, por un lado, la exposición vigorosa de la tesis según la cual las relaciones entre Freud y la moral son ambiguas y contradictorias, por lo que se produce en la comprensión psicoanalítica de los hechos morales una doble aproximación: un aspecto negativo ydestructivo de la tradición y el fenómeno morales, comprometedor de cualquier moral posible, acompaña a la vez un aspecto afirmativo y constructivo cuyas nuevas posibilidades de apreciación de la vida anímica del hombre y de su propia condición ética. Por otro lado, podemos hallar la expresión clara de una preocupación en torno a la posibilidad de que los descubrimientos freudianos puedan poner en tela de juicio "la eticidad constitutiva" y todo "sentido ético de la vida" al poner en crisis la autonomía moral, o sea la autodeterminación del sujeto libre que forma la conditio sine qua non de la moralidad1.

Por nuestra parte, en el presente comentario nos detendremos en lo que a nuestro juicio constituye la cuestión fundamental: ¿existe el determinismo freudiano? Trataremos de ver si el trabajo freudiano acerca de la moral puede afectarla de un modo tan decidido como sostiene Juliana González. En realidad no tenemos ninguna objeción importante respecto a la exposición que hace la profesora González del aspecto constructivo de la obra de Freud vinculada con la moral. Es más bien en relación con el aspecto destructivo que quisiéramos averiguar, ciertamente que sin mucho detalle, si en efecto la obra freudiana puede considerarse como una crítica a la moral de tal índole que afecta tanto a la moralidad en general como a la eticidad constitutiva del hombre y su sentido ético de la vida.      

La idea principal del apartado dedicado al aspecto destructivo es la de que los trabajos freudianos tienden a invalidar tanto el fenómeno de la moral en general, que "cuestionan la manera tradicional de plantear los problemas filosóficos en torno a los hechos morales"2 (como la cuestionaría, pensamos, cualquier teoría de los hechos morales que no fuera tradicional, y de hecho siempre parece haber una moral de vanguardia que se presenta muy actual, censurando los excesos y limitaciones del pasado y criticando las exageraciones y las limitaciones del presente) y "revolucionan de manera decisiva la historia de la moral y la moralidad"3 (idea que a nuestro juicio difícilmente podría evaluarse sin contar con una teoría de las revoluciones en el campo de la moral).

Más que un cuestionamiento extremo, creemos que los trabajos freudianos logran sencillamente un nuevo planteamiento ―que por otro lado no acaba de ser formulado resueltamente en la obra de Freud― bastante original, pero nada más; es decir, expuesto, como cualquier otro, a la crítica. Y en este punto de la crítica es en el que debe hacerse énfasis mayor, pues parece que los trabajos de Freud producen un impacto importantísimo, sin hacer mucho hincapié en la verdadera novedad que significa el hecho de la existencia de actos cuya motivación puede ser inconsciente,  ahí donde la crítica filosófica no se halla presente. En cuanto las ideas de Freud se ponen en el tamiz de la crítica filosófica pierden gran parte de la fuerza con la que suelen imponerse.

 

1. ¿Contra la moral en general?

La primera idea que aparece de un modo oscuro pero impactante antes de que se haga presente la crítica filosófica ―que en el texto de la profesora González comienza a hacerse presente en los textos de las notas― es la siguiente: el trabajo freudiano4 tiende a invalidar la moralidad en general5 Pero si leemos en las notas lo que se puede entender por moralidad en general advertimos la dificultad que existe para creer que la obra de Freud tenga ese carácter “en contra”: por moralidad en general ha de entenderse "el conjunto de lo moral o lo ético, el orden o mundo moral o ético [...] todo específico, vasto y complejo que comprende tanto las morales, el lenguaje, la conciencia, las actitudes morales, como la esfera de los valores éticos, el sujeto moral, etc"6. En primer lugar, constituye, en efecto, un todo muy complejo como para ser alterado por ideas acerca su naturaleza, creemos que el todo que forma el mundo de la moral no se altera, puesto que lo alterado en todo caso es la comprensión teórica de algunos aspectos de ese todo (otra cuestión que no se discute aquí surgiría al plantear la posibilidad o imposibilidad, y las modalidades en caso afirmativo, de que la actividad teórica (ética) pudiera repercutir en el terreno práctico de la moral). En segundo lugar, por la acción teórica y práctica del psicoanálisis no deja de haber lenguaje, conciencia, actitud y valores morales, pues lo único que cambia es la manera de comprender alguno de esos puntos, como ya quedó indicado. La distinción entre el fenómeno y la teoría que intenta explicarlo está presente de un modo implícito en el texto filosófico, o sea el texto de la reflexión filosófica, por mínimo que éste sea, que nos aclara en primera instancia lo que podemos entender por moralidad en general, pero además se dice en él explícitamente lo que se entiende por ética.

¿Podría decirse que van contra la moralidad en general las dos hipótesis básicas del psicoanálisis, la de la existencia de procesos psíquicos inconscientes y la de la importancia psíquica de la sexualidad? El psicoanálisis dice al yo: "No se ha introducido en ti nada extraño; una parte de tu propia vida anímica se ha sustraído a tu conocimiento y a la soberanía de tu voluntad"7 en ciertos casos anómalos y en la normalidad, mas esto se debe a que ha sobrestimado sus fuerzas creyendo que podía hacer lo que quisiera con sus instintos sexuales, y porque había creído que todo lo que sucedía en su alma llegaba a su conocimiento, pero no desaparece la vida anímica consciente ni la soberanía de la voluntad como bases paro el acto moral. De hecho puede decirse que la tarea esencial del psicoanálisis es hacer consciente y voluntario lo inconsciente involuntario, posibilitando el acto moral libre.

 

2. ¿Contra el sentido ético de la vida?

Sí es una idea sugerente la que nos presenta al psicoanálisis como fuente de influjo para un cierto resquebrajamiento del sentido ético de la vida, en sus tres acepciones: "el órgano perceptivo de las cualidades morales, la proyección moral de la vida 'dirigida hacia el bien' y el pathos ético con que puede asumirse y humanizarse íntegramente la existencia”8. El propio Freud se preocupó por saber si el psicoanálisis podría conducir a una determinada concepción del mundo (Weltanschauung), de manera tal que teniendo fe en ella el hombre pudiera sentirse seguro en la vida, sabiendo a qué aspirar y cómo orientar adecuadamente sus actos y sus  afectos ―prescindiendo, diríamos aquí, de una determinada proyección moral de su vida, "dirigida hacia el bien"― y guiando su existencia de acuerdo a tesis psicoanalíticas y no de acuerdo a normas morales. Para abandonar el sentido ético de la vida por el psicoanálisis, éste tendría que presentarse, en efecto, como una concepción del mundo tan poderosa como la religión, de suerte que nuestras actitudes, ideales y normas morales fueran sustituidas por una especie de creencia en una "hipótesis superior" que resolviera unitariamente todos nuestros problemas. Pero el psicoanálisis es una ciencia, de acuerdo con Freud, y como tal es "absolutamente inadecuada para desarrollar una concepción particular del universo"9.

Si la humanidad se dirige hacia un camino contrario al del bien: destrucción, maldad, agresión, instinto de muerte, "sólo nos queda esperar que la otra de ambas 'potencias celestes', el eterno Eros, despliegue sus fuerzas para vencer en la lucha con su no menos inmortal adversario"10.

Si el hombre no es tan bueno como lo hace aparecer la cultura “¿cómo nos representamos en realidad el proceso por el cual un individuo se eleva a un grado superior de moralidad?”11 La respuesta puede ser la de que el hombre en realidad nace bueno, pero Freud piensa más bien que hay un proceso en el cual las malas inclinaciones del hombre se desarraigan y quedan sustituidas por el influjo de la educación y la cultura. Pero no hay exterminio del mal. El psicoanálisis muestra que "la esencia más profunda del hombre consiste en impulsos instintivos de naturaleza elemental, iguales en todos y tendientes a la satisfacción de ciertas necesidades primitivas. Estos impulsos no son en sí ni buenos ni malos. Los clasificamos, y clasificamos así sus manifestaciones, según su relación con las necesidades y las exigencias de la comunidad humana"12. Los instintos van a unos "destinos" y luego surge el carácter de un hombre que sólo insuficientemente se le clasifica como bueno o malo: "El hombre es raras veces completamente bueno o malo; por lo general, es bueno en unas circunstancias y malo en otras, o bueno en unas condiciones exteriores y decididamente malo en otras"13. Por medio de dos factores se transforman los instintos malos en buenos: por el erotismo ―factor interior― y por la coerción de la educación ―factor exterior― que representa las exigencias de la civilización. Esta es conquistada por la renuncia a los instintos, sin que cuenten mucho los motivos (cuando son nobles, dice Freud, los moralistas teóricos los llaman buenos, a los otros no).

Entonces hay dos tipos de hombres, los que obran bien porque sus inclinaciones instintivas se lo imponen", y los que obran bien sólo porque tal conducta cultural representa ventajas. La civilización exige el bien obrar sin preocuparse del "fundamento instintivo". Así, se obra en general por preceptos que "no son manifestación de sus tendencias instintivas"14, o sea que se actúa con hipocresía favorecida por la civilización. Y como hay más hipócritas de la cultura que hombres verdaderamente civilizados, se necesita recuperar el sentido ético de la vida: "la conservación de la civilización sobre tan equívoco fundamento ofrece la perspectiva de iniciar, con cada nueva generación, una más amplia transformación [interna] de los instintos, como sustrato de una civilización mejor"15. Desde luego que esa civilización mejor se contempla desde la perspectiva del sentido ético de la vida, puesto que se cree que puede haber "impulsos instintivos buenos"16 para configurar una auténtica moral.

El caso en el que Freud pone en duda el sentido ético de la vida es la guerra, y concretamente la que él estaba viviendo, la Primera Guerra Mundial: "la guerra enlodó nuestra excelsa ecuanimidad científica, mostró en cruda desnudez nuestra vida instintiva, desencadenó los espíritus malignos que moran en nosotros y que suponíamos domeñados definitivamente por nuestros impulsos más nobles gracias a una educación multisecular"17. En otro texto: "Dos cosas han provocado nuestra decepción en esta guerra: la escasa moralidad exterior de los Estados, que interiormente adoptan el continente de las normas morales, y la brutalidad […]  que no se había esperado [...] como copartícipes de la más elevada civilización humana"18: el hombre no es tan bueno como podría hacerla parecer la cultura, pero tampoco son tan malos los seres humanos como lo imaginamos, no han caído tan bajo como creíamos, porque "tampoco se habían elevado tanto como nos figurábamos"19, pero sí pueden elevarse, quizá,  en una civilización mejor, con mayor sentido ético de la vida.

 

3. ¿Contra la eticidad constitutiva del hombre?

El mundo de la moral no es ajeno al mundo psicológico del psicoanálisis. De hecho Freud cree que el psicoanálisis está más cerca de la moral que cualquier otra influencia: "¿No habrá de ser mucho más adecuado y posible  influir sobre la moral de un hombre con medios morales, o sea psíquicos?"20. Pero el trabajo teórico de Freud no invalida la moral en general ni el sentido ético de la vida, aunque sus enseñanzas formaran una moral concreta. El cambio que pueda darse con el establecimiento de una nueva moral ―como la implicada en el vitalismo de Freud,  si así puede llamarse a su intento de plantear al ser humano una nueva vía para conseguir la felicidad más acorde con la vida instintiva― y el consiguiente rechazo de un modo moral de vivir representado por la moral antivitalista y puritana que menciona el texto de la profesora González, no se asemeja punto por punto al proceso en verdad antihumano que se llevaría a cabo en una tentativa fatal cuya consecuencia fuera la invalidación de la moralidad esencial al ser humano. Apenas si es necesario señalar aquí que el cambio de sistemas morales no anula la capacidad humana de producir sistemas morales, del mismo modo que el cambio de teorías científicas no aniquila la cientificidad.

Pero ¿es cierto que un determinismo estricto vendría a hacer a un lado cualquier fenómeno moral? En este caso parece que la moral esencial o eticidad del ser humano sí podría ser anulada: si todo es necesario, no es posible la libertad inherente al acto moral. Mas creemos que el trabajo freudiano no puede incluirse rigurosamente en el determinismo. Freud es más bien causalista, culturalista y naturalista. ¿Pueden éstas características anular la moralidad?

El texto de la profesora González dice que Freud "compromete seriamente el sentido de la moralidad y parece privarle incluso de razón de ser"21. Agrega después que "está bien expreso el determinismo de la inconsciencia sobre la conciencia, de las fuerzas instintivas, irracionales e involuntarias sobre las motivaciones y finalidades racionales y voluntarias"22. Determinismo que hace que las últimas, razón y voluntad, no sean sino un mundo ilusorio, impotente y trágico.

Independientemente de que la teoría del superyó y la teoría de el complejo de Edipo estén elaboradas por Freud para dar razón del origen de la conciencia moral y el sentimiento de culpabilidad en el individuo y en la humanidad entera, sin necesidad de que se convierta en un mundo ilusorio, impotente y trágico, debemos preguntamos por el sentido del determinismo freudiano.

En la discusión que se establece en torno al hipnotismo, por considerar que éste lleva a cabo la supresión de una personalidad libre, Freud se sorprende diciendo que es muy interesante "encontrar a los deterministas más positivo que de repente defienden el libre albedrío puesto en peligro, y escuchar a psiquiatras que tienen por hábito sofocar la "actividad mental de libre aspiración" de sus pacientes con grandes dosis de bromuro, morfina y cloro, acusando a la influencia de la sugestión como algo degradante para ambas partes"23. No se puede olvidar, dice Freud, que la educación social de los seres humanos está basada en la supresión de ideas y motivos inservibles y su remplazamiento por otros mejores y que la vida diaria hace más cambios que los que se propone la sugestión del médico cuando trata de deshacerse de una idea dolorosa o angustiosa.

Aquí Freud está muy lejos de declararse determinista, puesto que todavía no ha empezado el trabajo psicoanalítico propiamente dicho; sin embargo podría rastrearse ya una especie de determinismo social, el de la educación social, que de algún modo ve él actuando en el hombre. Pero más bien se trata de un culturalismo, como queda bien expresado en El malestar en la cultura (Das Unbehagen in der Kultur, 1929), cuarenta años después: "contaría con toda mi comprensión quien pretendiera destacar el carácter forzoso de la cultura humana, declarando por ejemplo, que la tendencia a restringir la vida sexual o a implantar el ideal humanitario a costa de la selección natural, sería un rasgo evolutivo que no es posible eludir o desviar, y frente al cual lo mejor es someterse, cual si fuese una ley inexorable de la naturaleza"24. En este mismo sentido de necesidad, hay en Freud hay una negación de la libertad individual a favor de la colectiva o cultural: "La libertad individual no es un bien de la cultura, pues era máxima antes de toda cultura, aunque entonces carecía de valor porque el individuo apenas era capaz de defenderla"25; y más adelante: "el anhelo de libertad se dirige contra determinadas formas y exigencias de la cultura, o bien contra ésta en general. Al parecer, no existe medio de persuasión alguno que permita inducir al hombre a que trans-forme su naturaleza en la de una hormiga; seguramente jamás dejará de defender su pretensión de libertad individual contra la voluntad de la masa"26.

El paso propiamente hacia el determinismo lo realiza Freud con la investigación de las ocurrencias espontáneas, que ocupa sobretodo el capítulo XII de su Psicopatología de la vida cotidiana (Zur Psychopathologie des Alltagslebens, 1901). Uno de estos casos de determinación lo encuentra Freud en sí mismo, cuando quiere calcular espontáneamente el número de erratas que contiene su Interpretación de los sueños (Die Traumdeutung, 1900), y elige al azar el número 2,467. Quería indicar una gran cantidad cualquiera, afirma Freud, y "se presentó aquella espontáneamente. Pero en lo psíquico no existe nada arbitrario ni indeterminado"27, por tanto, dice en una carta a su amigo Fliess, "esperarás, y con todo derecho, que lo inconsciente se haya apresurado en este caso a determinar la cifra que la conciencia habría dejado libre". El inconsciente es el factor de determinación. Freud deduce esto así porque descubre el significado de la cifra en cuestión. Antes de decirla había leído en el periódico acerca de un militar que había pasado a la reserva y que Freud calculaba haberlo conocido diecisiete años atrás, cuando cumplía su servicio militar. De hecho la cifra la pone Freud al escribir la carta mencionada, después de haber cruzado con su esposa algunas palabras. "La anterior cadena de pensamientos (la que calculaba cuántos años habían trascurrido) continuó, sin embargo, su camino muy justificadamente por cierto, pues mi cálculo había sido erróneo. Mi memoria me proporcionaba ahora un firmísimo punto de referencia, consistente en el pre recuerdo de que celebré, estando arrestado por ausentarme sin permiso, mi mayoría de edad; esto es, el día en que cumplí los 24 años". De modo que habían pasado diecinueve años en lugar de diecisiete. "Ya tienen aquí el número 24, que forma parte de 2,467. Toma ahora el número de años que tengo hoy: 43; añade 24, y tendrás 67, la segunda parte de la cifra arbitraria. Esto quiere decir que al oír la pregunta de mi mujer sobre si desearía yo retirarme de la vida activa, me deseé en mi fuero interno veintitrés años de trabajo. Seguramente me irritaba el pensamiento de que en el intervalo durante el cual había seguido el curso de la carrera del coronel M. no había hecho yo por mi parte, toda la labor que hubiera deseado y, por otro lado, experimentaba una sensación como de triunfo al ver que para él había terminado todo, mientras que yo lo tenía aún ante mí. Podemos, pues, decir con absoluto derecho que ni uno solo de los elementos de la cifra 2,467 carecía de su determinación inconsciente"28.

Otros casos de cifras y otros de palabras manifiestan que las ocurrencias no pueden realizarse "por completo casualmente"29, puesto que hay operaciones mentales inconscientes de tal manera que no debe ser una sorpresa el "hallar que no sólo las ocurrencias espontáneas de números, sino también las de palabras de otro orden, se demuestran al ser sometidas al análisis como perfectamente determinadas"30. Y podemos coincidir con Freud y decir que en efecto ninguna de sus ocurrencias espontáneas sucede sin razón, como afirma el viejo principio: nihil fit sine ratione (nada sucede sin razón). Hay una causa para cada una de ellas, que hace que se presenten como se presentan. Mas, ¿cómo entender esta determinación? No ciertamente como predeterminación, ese es su enlace causal, pero pudo haber sido otro. No hay razón para suponer que Freud quiere decir otra cosa que lo siguiente: no suceden "por completo casualmente" sino causalmente; tiene su razón de ser, medida y proporción en este sentido. En otras palabras, tienen sentido, pues no suceden nada más porque sí. Y así se niega la libertad psíquica: "¡Es curioso el escaso respeto que manifestáis ante los hechos psíquicos!” Ante un peso determinado de una sustancia química todos se inclinan ante el hecho de que ese es su peso. “¡En cambio, cuando nos hallamos en presencia del hecho psíquico constituido por una idea determinada surgida en el espíritu de una persona a que hemos interrogado, ya no aplicamos esta regla y decimos que dicha persona hubiera podido tener lo mismo otra idea distinta! Poseéis la ilusión de la existencia de una libertad psíquica y no queréis renunciar a ella. Por mi parte siento mucho ser, en esta ocasión, totalmente contrario a vuestras opiniones"31. Pero si se quiere oponer este determinismo al acto libre, éste debe previamente  concebirse como no causado. No es lo mismo decir que pudo suceder en otra línea de sucesos causales que afirmar que tenía que ser algo no causado. Esta confusión se halla en el fondo de toda la idea “determinista” de Freud, por consiguiente, no es determinista en el sentido de que niegue la libertad al descubrir la causalidad de actos psíquicos, que se creían no causados. Si libertad psíquica quiere decir fenómeno sin causa o razón entonces Freud sí la está negando y es determinista.

El experimento de asociación introducido por la psicología de la escuela de Wilhelm Wund se presta para afirmar también esta clase de determinismo. Una persona dice a otra una palabra ―palabra estímulo― y esa otra, a su vez, debe decir otra palabra ―palabra reacción― asociándola con la primera "sin que nada limite su elección". Los experimentos de asociación que se producen de esta manera tienen su fundamento en la determinación: "les dio un valor ya positivo (...) la hipótesis de que la reacción a la palabra-estímulo no podía ser puramente casual, sino algo estrictamente determinado por un contenido ideológico prexistente en el sujeto de la reacción"32. Este contenido llamado complejo es susceptible de influir la reacción "o bien porque la palabra-estímulo roza directamente el complejo, o bien por que este último consigue ponerse en relación con ella por la intervención de elementos intermedios"33. Así se produce la determinación, es decir, por medio de un proceso de asociación o concatenación, que puede ser inconsciente  o que siempre lo es, en el cual se eslabona una causa con un efecto. Y fácilmente se advierte que sería absurdo imaginar los núcleos o elementos de la psique como mónadas leibnizianas desconectadas entre sí, mónadas que cuando se conectan por algún medio posible pierden su libertad y quedan determinadas. La relación entre causa y efecto ―es una relación de necesidad, pero no hace necesaria la relación. Por tanto: no se niega la libertad cuando se explica la determinación― causalidad psicológica.

No tenemos razones para oponemos a la libertad mediante la relación causal. Con ella no se duda de la libertad, sino de “la casualidad y pretendida arbitrariedad del suceder anímico"34  prohibida ya, desde el campo de la filosofía, por el principio de razón. Por supuesto que debe haber una hipótesis para explicar esa determinación de la reacción (como la del psicoanálisis: "cuando una persona comete un lapsus linguae no se debe hacer responsable del mismo a la casualidad ni tampoco únicamente a las dificultades de articulación o a analogías fonéticas, sino que en todos los casos puede descubrirse un contenido ideológico perturbador ―un complejo―, que altera conforme a su tendencia y convierte aparentemente en una equivocación las palabras que el sujeto se proponía  pronunciar"35 , pero esa hipótesis no debe ser llamada a dar razón del determinismo que anula la libertad, el que concebiría a la realidad misma como un régimen de puras necesidades sin reconocer la libertad del ser humano.

Pero además podemos preguntar con Dalbiez: "¿Qué espíritu sensato ha pensado alguna vez en negar que esos hechos estuviesen determinados, y en hacer intervenir a su respecto el libre albedrío? [...] Es extraordinario que Freud piense que sus opositores puedan considerar el lapsus como un acto libre"36 En suma, este determinismo no hace fracasar a la libertad, y mejor debía llamarse causalismo. Freud es causalista. En la Psicopatología de la vida cotidiana, dice Freud: "expuse (...) cómo toda una serie de acciones que se creían inmotivadas se hallan, por el contrario, estrictamente determinadas ―debe leerse: estrictamente causadas― y contribuir de este modo a limitar un tanto la arbitrariedad psíquica"37. Y nada más.

Con el principio de razón se cumple la convicción de Freud de que "no podemos hacer que se nos ocurra al azar ni siquiera un nombre propio"38. Siempre hay unas causas operando y esto no puede evitarse. Esta es la idea de Freud y la manifiesta de inmediato cuando se pregunta cuál es la explicación de los actos fallidos: alguien podría contestar que tales fenómenos no tienen importancia alguna y que tan sólo son "accidentes casuales". Pero no. ¿Qué es lo que con esta frase quiere significar? ¿Querrá acaso afirmar que existen sucesos tan insignificantes que se encuentran fuera del encadenamiento de la fenomenología universal y que lo mismo hubieran podido no producirse? Pero el romper de este modo el determinismo natural aunque sea en un solo punto, trastornaría toda la concepción científica del mundo"39. Y no sólo la concepción científica del mundo sino también al mismo mundo, si es que entendemos que los principios son principios de la ciencia y de la existencia40. Así se advierte que Freud es causalista  ―si puede decirse así―, y no determinista; está plenamente convencido de que no se puede romper el orden causal.

Pero ese determinismo de Freud como causalismo no es tampoco determinismo como predeterminismo, es decir, como determinismo de la predictibilidad científica. El psicoanálisis puede averiguar las causas de un estado patológico actual, pero no puede, en cambio, derivar de él, en su actualidad, un estado futuro preciso. Dalbiez se ha dado cuenta de esto: "El psicoanálisis, en ciertos casos, tiene buen éxito en relacionar el presente con el pasado, de manera, en suma, satisfactoria. Pero desde el momento que se plantea el problema inverso: el de la previsión del futuro en función del presente, se advierte hasta qué punto los límites de la aproximación psicoanalítica son fluctuantes"41. Leamos a Freud: "Nuestra atención se vuelve aquí a una situación común a muchos otros ejemplos dados por la explicación psicoanalítica de un proceso psíquico. Mientras proseguimos el estudio de la evolución remontando del resultado final hacia el origen, el encadenamiento se nos aparece sin lagunas, y consideramos nuestro conocimiento como perfectamente satisfactorio, quizá aún como acabado. Pero si tomamos el camino inverso, si partimos de las hipótesis deducidas por el análisis, si intentamos proseguirlas hasta el resultado final, no tenemos la impresión de un encadenamiento riguroso y necesario. Comprendemos de inmediato que otra cosa hubiera podido ocurrir y que este otro resultado lo hubiéramos comprendido y explicado bien. La síntesis no es, pues, tan satisfactoria como el análisis. Para expresarme de otro modo, el conocimiento de la hipótesis no nos permitiría pronunciarnos de antemano sobre la naturaleza de los resultados"42. Veamos el final del texto citado: "Es muy fácil reducir a sus causas esta comprobación que nos decepciona. Aun cuando conozcamos en su totalidad los factores etiológicos que determinan un resultado dado, sin embargo, no conocemos nada más que sus particularidades cualitativas y no su fuerza relativa. Algunos de estos factores, demasiado débiles, son suprimidos por otros y no influyen en el resultado final. Pero nunca sabemos por anticipado cuáles de los elementos determinantes se revelarán como los más débiles o bien como los más fuertes. Sólo al final, nosotros decimos que los que han resultado vencedores eran los más fuertes. Resulta de todo ello que, en el análisis, las causas pueden ser determinadas con certeza, mientras que es imposible predecirlas por síntesis"43.

La fuerza relativa es imprevisible, y por tanto, no se puede probar experimentalmente el determinismo de la predicción que aniquilaría la libertad. De hecho no se puede, ni en física ni en psicología, sostener la interpretación determinista del principio de causalidad. En términos generales, como dice Eduardo Nicol: "es imposible determinar con precisión, en ninguna escala de magnitudes, y en ningún orden de realidades, la totalidad de los factores que contribuyen a la producción de un fenómeno, y el valor exacto de cada uno de ellos"44. Y como señala Dalbiez: para ser comprobada la tesis determinista se "exigiría que nuestras mediciones fuesen exactas"45.
                                                                     
La interpretación determinista del principio de causalidad supone que el universo "es un sistema estable y cerrado: la causa es igual al efecto, y su relación física con éste se equipara a la relación lógica de las premisas con la conclusión, en un raciocinio analítico o deductivo. Esto permitiría la predicción exacta del futuro, porque el futuro estaría contenido en el presente, es decir, no añadiría ningún elemento de novedad"46. Pero este determinismo mecanicista no va bien con el psicoanálisis porque él no podría realizar una predicción exacta del presente a partir de las consideraciones del pasado, ni del futuro partiendo de la consideración del presente, porque no se lograría procediendo de ese modo "la impresión de un encadenamiento riguroso y necesario"; porque no hay, en otras palabras, pura necesidad donde hay libertad, y donde hay libertad hay novedad e historia, en una palabra: acción humana.

Creemos que es importante distinguir entre los hechos tratados por Freud y las teorías freudianas; los primeros, como hechos humanos, sólo pueden resolverse en la dirección señalada por la nota 5 del texto de la profesora González: "una concepción dialéctica (fenomenológica y no apriorista, relativa y no absolutista) que dé razón de la simultánea oposición (lucha) y unificación (armonía) de los contrarios: la libertad y la necesidad"47. Entonces, si la doctrina freudiana no posee una estructura dialéctica semejante no podemos esperar de ella una adecuada comprensión del problema de la libertad en términos ontológicos. Sin embargo, vemos que el trabajo de Freud tiene elementos que no nos permiten juzgarlo rápidamente como determinista en el sentido consignado en la nota 19 del texto de la profesora González: "Con ello nos estamos refiriendo a una concepción teórica (histórica y relativa) que interpreta el fenómeno de la causalidad y la determinación en términos ('fuertes') de necesidad o forzosidad absoluta, uniforme y mecánica del enlace causal (predeterminable con toda exactitud)". Ciertamente Freud está decepcionado de no poder ser determinista en sentido estricto y tiene que quedarse como causalista, asumiendo las palabras de Blanshard: "El determinismo es la teoría de que todos los acontecimientos son causados"48.

La proporción de la causalidad psíquica y la causalidad de lo orgánico todavía no está calculada: "la distribución de la determinación de nuestra vida entre las 'necesidades' de nuestra constitución y los 'accidentes' de nuestra infancia no se halla, quizá, fijamente establecida todavía"49 pero existe la causalidad en los dos órdenes, del que da razón la biología y del que da razón el psicoanálisis. Hay causalidad en nuestro ser. Habría que agregar que somos causantes de nuestros propios actos en conjunción con la necesidad: somos libertad en compatibilidad y cooperación con la necesidad50. Ya que el factor azar lo agrega el propio Freud: "realmente todo es casual en nuestra vida [...] casualidad que por esta misma razón participa en la normatividad y necesidad de la naturaleza"51; azar como cruce de líneas necesarias en la naturaleza natural del ser humano. Pero este naturalismo freudiano tiene que superarse comprendiendo el orden no natural que representa la libertad del ser que no puede desprenderse del orden natural. El hombre es necesidad, azar y libertad52.

Así, sin establecer las relaciones necesarias entre la libertad y la vida moral, entre el acto libre y la eticidad constitutiva del hombre como "propiedad o constitución ontológica del hombre por la cual éste es, en su ser mismo, un ser ético, productor de morales"53 (nota 3), podemos entrever que ésta última no se puede anular por la moralidad determinista de Freud (causalista, culturalista, naturalista). El psicoanálisis freudiano está actuando en un nivel que no corresponde al orden de lo a-moral y lo indiferente: "llevado hasta sus últimas consecuencias, dice la profesora González, parece evidente que un orden determinista en sentido estricto es un orden en esencia a-moral: indiferente, neutro, ajeno a toda cualidad y, por ende, a toda cualificación […] es un mundo sin historicidad, sin moralidad y, por consecuencia, es un mundo sin hombre"54. Freud no es determinista en sentido estricto; el psicoanálisis se mueve todavía en la perspectiva del ser que produce actos esencialmente cualificables bajo el principio de no indiferencia como fundamento ontológico-existencial de cualquier moral posible55; el psicoanálisis puede incluso ser comprendido como una experiencia ética56; el ámbito del psicoanálisis sigue siendo el del hombre moral, bueno y malo:

…recordad la gran guerra que acaba de devastar a Europa y pensad en toda la bestialidad, toda la ferocidad y toda la mentira que la misma ha desencadenado sobre el mundo civilizado. ¿Creéis que un puñado de ambiciosos y de gobernantes sin escrúpulos hubiera bastado para desencadenar todo estos malos espíritus sin la complicidad de millones de dirigidos? Y ante estas circunstancias, ¿tendréis aún valor para romper una lanza en favor de la exclusión del mal de la constitución física del hombre? Me objetaréis que este juicio mío sobre la guerra es unilateral, que la misma ha hecho surgir también lo más bello y noble de la naturaleza humana: el heroísmo, el espíritu de sacrificio y el sentimiento de solidaridad social. Sin duda; pero no debéis hacernos culpables de la injusticia que con tanta frecuencia se ha cometido para con el psicoanálisis, reprochándole negar una cosa por la única razón de sostener ella una afirmación contraria. Nunca hemos abrigado la intención de negar las nobles tendencias de la naturaleza humana ni intentado rebajar su valor. Ya habéis visto que si os he hablado de los malos deseos censurados en el sueño, también lo he hecho de la censura que reprime estos deseos haciéndolos irreconocibles. Si insistimos sobre lo que de malo hay en el hombre, es únicamente porque hay otros que lo niegan, conducta que, lejos de contribuir mejor a mejorar la naturaleza humana, no logra sino hacérnosla ininteligible. Renunciando a la apreciación ética unilateral es como tendremos probabilidades de hallar la fórmula que exprese exactamente las relaciones que existen entre lo que hay de bueno y lo que hay de malo en nuestro humano ser57.

 

Notas y referencia

 

 


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