La filosofía conservadora y revolucionaria
 de Eduardo Nicol

 juan manuel silva camarena
1984

Reseña publicada en el  Boletín de la Asociación Filosófica de México, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Nacional Autónoma de México, época II, 2 y 3, abril (1984), 50-52.

 

La Crítica de la razón simbólica es una obra profunda que penetra mucho y cala muy adentro de las cuestiones. Por eso no es de fácil acceso. Cuesta trabajo abordarla, además, porque hay en ella una profusión de problemas y temas, de planteamientos y propuestas que requieren de mucha atención y diligencia. Sin embargo, es de fácil lectura; ya que la abundante erudición filosófica, filológica e histórica ―sin notas eruditas y escasas referencias bibliográficas― no abruma ni echa por tierra el in­tento de comprensión que la misma obra va promoviendo en el lector, por el arte del estilo y el rigor metodológico.

Pero la extensión de su contenido no borra el contorno de las cues­tiones principales de ese libro de Nicol. Primera: esencia, método y fun­ción de la filosofía; segunda: esencia y estructura de la historia de la filosofía; tercera: principios y fundamentos ontológicos, epistemológicos y éticos de la filosofía y la ciencia; cuarta: estructura de la esencia e his­toricidad del hombre y la autognosis, y quinta: esencia del ser y el logos. ­Este horizonte temático da origen a un gran número de interrogantes que ha tratado de despejar la filosofía, por lo cual la obra tiene interés desde diversos puntos de vista.

La Críticade Nicol es densa, más no oscura, y tiene cierta concisión y precisión en la forma, pero sobre todo es sistemática y posee unidad in­terna. En ella de algún modo culmina una labor de muchísimos años de reflexión filosófica, patente ya en las obras publicadas por Nicol desde 1941 hasta la fecha. Sus interrogantes son preguntas que van tejiendo el propósito central del libro: una revolución en la filosofía que se realiza como una crítica de la razón simbólica.

¿Qué significa una revolución en la filosofía? Esta cuestión la plantea el autor en la primera página del texto, y para responder a ella escribe una "meditación sobre las revoluciones" que a nuestro juicio hubiera debido ser más amplia y más explícita, y si hubiera estado acompañada de ejemplos concretos se habría facilitado la comprensión para el lector.

No obstante, la paradoja de la idea de la revolución, como "posibili­dad forzosa", se aclara suficientemente, y se adquiere nitidez sobre el fe­nómeno de la revolución filosófica a medida que el autor va presentándo­lo y examinándolo desde diferentes "vistas" conceptuales, por así de­cirlo, y determinando la índole de su gestación y la estructura de su esen­cia.

¿Por qué hay que llevar a cabo una revolución en la filosofía?, ¿qué es una critica de la razón simbólica? No hay que perder de vista el programa del tríptico: por un lado, la situación mundana de la filosofía ha puesto a ésta en peligro de muerte, y por tanto, hay que fortalecerla en la consti­tución misma de su esencia y su misión en la vida; por otro lado, la si­tuación teórica, básicamente por el agotamiento de la tradición parmenídea de la ocultación del ser, exige una operación revolucionaria que es preciso elaborar mediante una innovación metodológica y una crítica de la razón.

La tesis de El porvenir de la filosofía, es la siguiente: la necesidad está ahogando a la libertad, y esto provoca una incertidumbre respecto al porvenir de la filosofía; el peligro de muerte, que amenaza por igual a to­das las vocaciones humanas, no podrá conjugarse jamás si llegara un momento en el que lo posible dejara de ser posible y todo aquello que hi­cieran los hombres fuese únicamente lo necesario. Por otra parte, La re­forma de la filosofía se ejecuta bajo este espíritu: el peligro de la extin­ción de la filosofía es real; por consiguiente, la filosofía ha de tomar con­ciencia de la que siempre ha sido su misión y su esencia reformándose, es decir, poniendo de manifiesto el principio vocacional como funda­mento del quehacer filosófico y científico (que sólo pretende captar el ser como es en sí mismo, "sin quitarle ni añadirle nada").

La filosofía es innovación y conservación: "revolucionaria frente a la tradición caduca y conservadora respecto de la esencia y misión propia de la filosofía" (p. 24). Si no se conserva el principio vocacional (o funda­mento vocacional), entonces se produce el derrumbe, la muer­te de la filosofía; y si no se revoluciona, se niega su unidad y su integri­dad, y se anula lo que ahora se descubre, es decir, que su historia es "el curso de una revolución permanente" (p. 16).

Teniendo como horizonte de iluminación esas dos ideas principales —la actitud revolucionaria y la conservadora—, Nicol ha elaborado los diversos aspectos de su trabajo: una teoría de las situaciones vitales; una ontología de la historia; una teoría del hombre como ser de la expresión, de la praxis y la póiesis, y como ser de la verdad; una investigación sobre los principios de la ciencia y la existencia y una teoría del ser como pre­sencia (hay ser) que permite una metodología fenomenológica y dialécti­ca, cuya formación culmina con la crítica de la razón simbólica (simbólica porque a cualquier forma de operación racional, metódica o precientífica, es inherente el simbolismo) que consiste en el hallazgo de las condiciones de posibilidad del logos en general. Este es el panorama general de la obra de Nicol, que aquí se presenta con ánimo de inventa­riar más que de valorizar. Sin embargo, parece imposible no destacar co­mo rasgo propio del conjunto su excelencia intelectual y literaria.

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